De señores y campesinos
Wladimiro
Rodríguez Brito
En los próximos días
haremos un recorrido por un paisaje cargado de un ayer, hijo de la miseria y de
la opresión que pervive hoy, y que, de repente, el visitante descubre como foco
de belleza entre el malpaís del volcán, al igual que
un foco en la noche es la referencia y nos obliga a distraer toda nuestra
atención hacia lo único que rompe la inmensa oscuridad.
Los almendros de
Santiago del Teide y Guía de Isora son una luz en la
noche, un oasis en el desierto, son vida, son luz. Los árboles rompen cargados
de flores en plantas sin hojas, en un suelo en el que apenas tienen tierra; es
decir, sus raíces están entre rocas, volcán, malpaís;
sus ramas están retorcidas por los años y la dura naturaleza en la que han
vivido. No sólo han crecido en un ambiente físicamente hostil; son los únicos
frutales que, unidos a las higueras, han arraigado gracias al esfuerzo del
hombre plantando y cuidando entre piedras, sobreviviendo a sequías y demandas
de alimentos para el ganado (actividad económica básica de los habitantes de la
zona desde época guanche), siendo doblemente importante ganadería y arbolado,
creando un paisaje adehesado, hoy doblemente valorado por la función
agroganadera.
Al igual que en
Extremadura, aquí los alcornoques y algarrobos son sustituidos por higueras y
almendros. Estos son hijos de un paisaje agrario de gran capacidad para
gestionar un territorio de recursos escasos para lo que ahora llamaríamos
puesta en valor de unos recursos escasos. Cada almendro, cada higuera, son años
de trabajo y esfuerzo por varias generaciones de isleños que malvivieron
luchando en una naturaleza física hostil, con importantes carencias de suelo y
agua y la dura hostilidad de un señorío que tenía de aliado al poder opresor
sobre las personas y sus bienes que les dio el desgobierno de Madrid,
doblemente potenciado por el aislado noroeste de Tenerife, en el que los
señores feudales no dejaban entrar rendija de libertad y en el que hasta el
cura tuvo que dejar el pueblo huyendo del señor de Valle Santiago.
Los almendros y las
higueras son monumentos de campesinos que plantaron, podaron, injertaron
árboles que no les dieron frutos, bien porque los señores se quedaron con todo,
bien por la lentitud de su crecimiento y desarrollo y que nosotros podemos
disfrutar hoy de su belleza, de su sombra, su fruta sin que nos pidan nada. Son
también una referencia del esfuerzo, de la solidaridad, del compromiso de
futuro de las generaciones que nos han dejado frutales, muros, paredes,
pasiles, eras, majanos y un largo patrimonio de
mejoras que permiten disponer del nivel de bienestar que hoy alcanzamos, en el
que las galerías para el alumbramiento de aguas son los más destacados, unido
con la mejora en las condiciones y la distribución social de los recursos
(afortunadamente, el poder del señorío hoy es historia). Sin embargo, no hemos
puesto en valor gran parte del paisaje agrario hoy olvidado. Las almendras y
los higos pasados que demanda
Este año celebramos el
duodécimo aniversario de las Rutas del Almendro en Flor, organizadas por el
Ayuntamiento de Santiago del Teide, con un apoyo al conocimiento, a la puesta
en valor del almendro y la higuera, potenciando los recorridos, los encuentros
con el emblemático pueblo guanche de Arguayo, la
limpieza de caminos y frutales, incluso la plantación de nuevos frutales,
iniciativa en la que participa también el Cabildo, junto al Ayuntamiento, y la
limpieza y poda, para apoyar a los agricultores que vuelvan al encuentro con el
campo. También tenemos que agradecer a la cooperativa El Cardón el esfuerzo que
hace para divulgar los conocimientos de la ruta del almendro en una
comunicación viva y didáctica de un paisaje en el que hablan las piedras cuando
pisamos con cultura agraria en los ásperos malpaíses
humanizados por unos campesinos ignorados y maltratados por la historia y los
señores del Valle. Los recorridos son, entre otras cosas, un reconocimiento de
un pasado ignorado en la historia de nuestro pueblo; y son también una lección
de una naturaleza domesticada por el hombre en la que agricultura es cultura,
es economía y también arte en ese difícil equilibrio entre hombre y naturaleza.