Destrucción de "
La Oficina
", patrimonio lagunero
Antonio
Cubillo Ferreira
Mientras
el pasado día 20 de julio contemplábamos en
la TV
los 40 años de la llegada del hombre a
la Luna
, en mi ciudad de Aguere,
La Laguna
de los estudiantes, las palas destruían la famosa taberna literaria conocida
por "
La Oficina
", ante la desidia del Ayuntamiento lagunero, que dejaba que se perdiera
esta joya llena de recuerdos para cuantos la conocíamos de jóvenes. "
La Oficina
" fue fundada en 1944 por D. Enrique Fernández Remigio y Ramón Herrera
Amaya. Era sitio de reunión de todos los intelectuales y poetas de la isla,
siendo el cliente más asiduo el poeta Manuel Verdugo, quien casi siempre venía
acompañado del famoso guitarrista Carmelo Cabral, una de las mejoras guitarras
de Canarias, natural de Las Palmas y que un día lo trajeron de la isla Canaria
un grupo de ricos tinerfeños; creo que estaba Verdugo, el abogado Gil Roldán y
otros amantes de la juerga, el humor y de la buena música. Lo invitaron por
unas semanas a
La Laguna
y él dijo que como se paseaba siempre en tartana por Las Palmas, tocando en
los bares de
la Isleta
, si querían invitarlo tenían que transportarlo con tartana y todo; y así
fue, lo embarcaron en el correíllo Viera y Clavijo y desembarcó en el puerto
tinerfeño en su tartana y de esta manera fue como llegó a la ciudad de Aguere.
Vino por unas semanas, pero nunca más volvió a su isla. El que sí volvió fue
el tartanero y su caballo y tartana que retornaron a Las Palmas.
"
La Oficina
" llevaba dentro de sus muros el recuerdo de Carmelo Cabral, quien fue uno
de los mejores guitarristas que ha parido Canarias. Cuando murió, después que
le precediera su gran amigo y poeta D. Manuel Verdugo, escribí en el periódico
La Tarde
, donde yo era colaborador, un artículo en su honor el día 14 de junio de
1956, que decía así:
"IN MEMORIAN... el
músico y el poeta.
Al fin los dos amigos
se volvieron a encontrar tras el tiempo que pasaron juntos en esta tierra; largo
lo encontraba el músico, pero su amigo el poeta lo desengañaba con su
verso....
Bebe, Carmelo, que la
vida es corta...
y mirada a través de
una botella.
La mano que escribía y
la que rasgueaba el bordón de la guitarra se habrán vuelto a estrechar, como
antaño, cuando se encontraban en la famosa tasca lagunera.
Algo de
La Laguna
se llevó Carmelo en su último viaje. Algo íntimo que termina con una época
que ya agonizaba en la antigua ciudad. Los viejos laguneros notarán un vacío a
su alrededor que ni el recuerdo de la guitarra del amigo podrá llenar con sus
ecos. Cuán diferente aquel tiempo en que las tardes transcurrían plácidamente
entre un soneto, una burbuja, una sonrisa y las notas tristes y melancólicas de
la guitarra del amigo que vibraban sobre el cristal...
...que la vida es
corta,
mas mirada a través de
una botella,
aún por fortuna nos
parece bella...
Ahora, los pocos amigos
que aún viven sentirán llenarse sus ojos de lágrimas o quizá de recuerdos,
cuando en las tardes grises del invierno, en vez de aquellas quejas del
instrumento querido, oigan unas estentóreas voces que entonarán boogies o
corridos mejicanos por las estrechas calles laguneras. Mas no llores tú, viejo;
escucha el verso del amigo a Carmelo. También él lloró la muerte del poeta
mientras leía, en los ratos de pena, el testamento en poesía:
...y esperar la
desgracia indiferente,
destruye con un vaso de
aguardiente,
la inútil facultad del
pensamiento.
Lloraba y tocaba
Carmelo mientras esperaba la muerte que lo llevaría al paraíso de la música
soñada. Toda el alma en sus manos y su guitarra, conjunción con su cuerpo.
En "
La Oficina
", que acaba de ser destruida para siempre, se reunía lo más selecto del
mundo intelectual y parrandero de la ciudad de Aguere, y a ella íbamos también
los jóvenes estudiantes universitarios tinerfeños y gomeros como Antonio Jesús
Trujillo, el buen poeta gomero cantando a los roques de
La Gomera
en sus versos. También muchos de Canaria como Arturo Macanti, Fernando
Sagazeta o Carlos Suárez, el amigo Crespo de Las Palmas, Jerónimo Saavedra y
cuantos apreciaban la poesía, el humor y el buen vino. Por cierto, de todos los
jóvenes de Gran Canaria, el que más se compenetró con nosotros y con
La Laguna
fue Arturo Macanti, que además se casó con una lagunera y se empapó como
nadie del aire y del ambiente lagunero, el cual le ha servido de inspiración
para sus magníficas y delicadas poesías. Macanti, el poeta, vive actualmente
en
La Laguna
y forma parte activa del Ateneo lagunero, donde suele dar sus recitales y
supongo que en este momento estará indignado al saber de la desaparición de
esta taberna literaria.
Personalmente iba desde
pequeño muchas veces a "
La Oficina
" a llevar las facturas de los bocoyes de vino que representaba mi padre,
un blanco amontillado de la casa Morales, de Huelva, y otro blanco Freixenet, de
Villafranca del Penedés. Los tintos por el contrario solían ser de
Tacoronte-Acentejo o de
La Matanza
, o de Valencia; la mayoría de las veces, de la casa Gil Trilles que
representaba mi padre y que se parecían mucho a los nuestros, los cuales se
importaban a un precio más rentable para los bares que hacían su agosto vendiéndolo
como vino del país. Muchos poetas y escritores arramblados pasaron por allí y
algunos escribían sus poemas en las paredes o sobre el cabezal de los bocoyes,
pero quien mejor definió "
La Oficina
" fue el gran poeta Manuel Verdugo:
"Limpieza,
pulcritud, amable trato,
vinillo superior y tapa
fina...
Todo esto hallaréis en
La Oficina
,
si entras allí para
pasar un rato.
Y has de volver o pecarás
de ingrato,
porque es un sanatorio
con cantina,
donde el alma sus penas
elimina...
¡Rincón acogedor
tranquilo y grato!
A cada uno le corresponde apreciar la fineza de nuestro poeta y el
ambiente bohemio y parrandero de postín que se respiraba en "
La Oficina
" en aquellos años 50. No quiere esto decir que las otras tascas laguneras
dejaran de tener ambiente -bares como el de Mariano, el "Bar Alemán"
del Casino con sus churros de pescado y su ensaladilla rusa, o Casa Maquila con
sus buenos tintorros y parrandas- pero es que "
La Oficina
" era como algo sagrado por la presencia continua de Don Manuel Verdugo, el
poeta; Jacinto del Rosario, el buen humorista y sastre; D. Aurelio Ballester, el
abogado; Arístides Ferrer, el republicano y socialista de Arafo, el más serio
socialista que he conocido; Enrique Lite, Víctor Zurita, el lagunero director
de "
La Tarde
", que solía pasar por allí de vez en cuando con el gran poeta humorístico
Nijota; Don José Arozena Paredes, el abogado; Don José Perera García, el médico
lagunero, primer alcalde republicano en abril del 31; Domingo Pérez Minik, el
escritor y gran crítico literario; Pedro García Cabrera, el poeta gomero;
Eduardo Westerdhal, el amigo del francés André Breton, el inventor del
surrealismo y crítico de arte y conocido amigo de Oscar Domínguez, el pintor
lagunero surrealista, quien solía traer a sus amigos intelectuales europeos de
paso por Tenerife; Álvaro Fariña, el gran pintor de Tacoronte, cuñado de
Oscar Domínguez; Jacinto del Castillo, el sastre chicharrero; Carmelo Cabral y
su famosa guitarra; Juan Davó Rodríguez, el célebre pintor chicarrero; Luís
Álvarez Cruz, López Ruiz, los abogados González de Mesa y López de Vergara,
el poeta Manuel Castañeda, Duni Borges y su pandilla de estudiantes de los Duni
& Boys, Jorge Perdomo, Chicho Ibáñez Serrador cuando vino con su madre
Pepita Serrador en su gira teatral, Lorenzo Bruno, Antonio Vizcaya y Miguel Tárquis,
Emeterio Gutiérrez, el poeta icodense, Julio Tovar el poeta, Leopoldo Rencio,
Don Antonio González, el catedrático de Ciencias y su hermano Pedro González,
el pintor; el profesor de Derecho J. M. Hernández Rubio, cuando vino de
profesor a
La Laguna
y descubrió la célebre taberna, y tantos y tantos otros personajes de la época
que por allí pasaban, incluso el obispo D. Domingo Pérez Cáceres, que no
dejaba de entrar cuando pasaba por allí y los contertulios lo invitaban y a
quien nosotros los jóvenes admirábamos y nos gustaba escuchar.
Lo que dominaba en esta
taberna literaria era el humor, ese humor isleño que siempre acompaña al
canario y que le ayuda a sobrepasar tantos malos momentos y dificultades y que
en
La Laguna
sirvió siempre como caldo de cultivo para las famosas tertulias en los bares o
en las casas particulares, como aquella famosa tertulia de Nava del siglo XVIII.
Alfonso García-Ramos,
periodista y escritor, aunque en aquellos tiempos era estudiante de Derecho como
la mayoría de los jóvenes, eufórico muchas tardes, nos recitaba a sus amigos
Martín Tabares, Estanislao Brotons, José A. Vázquez-Figueroa y Rial, Joaquín
Reyes -Quirico para los amigos-, Antonio Castro, los hermanos Moralez Ruiz,
Domingo, Manolo y Román, Miguel Lemus y Fernando, el hermano de Alfonso, los
versos del poeta persa Omar Khayan alabando al vino o los de aquel famoso rey de
Sevilla del siglo XI Al-Motamid quien decía:
¡De pie!, ¡ Matad el
tiempo!
Puesto que es él quien
un día
nos echará por tierra.
¡Mezclad pues el vino
con la onda de las nubes,
y dánnos a beber!
A mí me gustaba más
citar a don Juan de Iriarte, el famoso escritor y poeta del siglo XVIII, cuyos
versos y décimas dedicadas al vino de Canarias son una delicia. Este Iriarte,
no confundirlo con su hermano, escribía sus epigramas y décimas en castellano
y en latín y a nosotros nos gustaba recitarlas en latín hacia finales de las
juergas nocturnas en ¨
La Oficina
¨.
¡O Fortunatam, quae
dicta Canaria, sedem!
¡Ut valet haec vinis, sic valet ingeniis!
En fin, miles de recuerdos se han ido con la destrucción de esta
taberna literaria que podía haberse conservado como se conserva en París el
"Café Bar Procope", el más antiguo de París, abierto en 1686, en el
barrio Latino Rue de l´Ancienne Comédie, nº 12, donde venían escritores como
Voltaire, Diderot, D´Alambert y los hombres de
la Revolución
a tomarse unas copas y donde me he sentado en el sitio de Voltaire, que allí
tiene una placa. Claro que no vamos a comparar al Ayuntamiento de París con el
de
La Laguna
y el respeto a los recuerdos culturales y tradiciones.
La Laguna
, Patrimonio de
la Humanidad
, sí, pues una parte de ese patrimonio cultural ha sido arrancado el 20 de
julio del 2009, con la destrucción de la primera taberna literaria de Aguere,
la famosa "
La Oficina
".
cubilloantonio@hotmail.com
Publicado
en el periódico El Día, 25-07-2009
Fotos
El Día
Imagen
de la izquierda, verso de Nijota y que
dice así: "Casi al pie de la torre en la calle Pina/ que conduce a
la Vega La
Oficina/ aquí acuden clientes separados o juntos,/ para que les despachen sus
urgentes asuntos,/ laboriosos y múltiples son las tardes diarias/ y se trabaja
a veces horas extraordinarias/ el complicado trato requiere aquí el cliente/
mientras el tiempo pasa veloz e indiferente/ cuando el esposo llega al hogar
retrasado/ la esposa le pregunta, hombre ¿dónde has estado?/ y él con
tremenda euforia le responde/ Monina te juro que hasta ahora he estado en
La Oficina
/ la suegra dice entonces con intención aviesa/ parece que la tinta se sube a
la cabeza".
Imagen
de la derecha, versos de Manuel Verdugo que dice: "Entra, pasa adelante, que no
has de arrepentirte/ el lugar es tranquilo y a más acogedor/ la guardia de
barricas dispuesta a recibirte/ puedes verla formada en columna de honor".
Imagen de abajo,
el último brindis antes del derribo.