Diálogos sobre una alfombra verde
Agapito de
Cruz Franco
El cine ecológico y de la naturaleza ha comenzado un nuevo
ciclo en Puerto de la Cruz tras años de hibernación -como dice su Director David
Baute- o, mejor,
paro biológico. Porque la naturaleza, recuperada, ha vuelto a su sitio en
el celuloide, sin la contaminación de la marea del cine de alfombra roja.
Una treintena
de títulos todos ecologistas, (www.festivaldecineecologicodecanarias.org)
han ido llenando el aire húmedo del Valle de
El exconvento de Santo Domingo es un entrañable lugar
de madera de TEA y salitre. José Antonio Quirós acaba de llegar pero
casi sin voz porque la ido dejando por Chicago, Granada, California…promocionando
su Asturias quemada, entre las cenizas de una gran central térmica cerca de
Oviedo, en Ribera de Riva. Tuve la suerte de ser el primero en abordarle
gracias a la extraordinaria organización digital de Verónica Alemán. Nos
pusimos a hablar enseguida junto al agua clara de El Chaboco,
porque en esto del cine caben muchos recursos:
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“Cenizas del
cielo” es una película de personajes con el ecologismo de fondo, las
contradicciones de unos y otros frente al progreso, un Valle estupendo donde su
protagonista que lleva luchando como un Don Quijote más de 30 años, cree que
Kioto va a cerrar la Central Térmica.
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Es genial –le digo- tierna, en la que se palpa el daño de
estos monstruos en la población y las estrategias hipócritas de las eléctricas.
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Me gustan los
personajes que dan la lata y son cañoneros –continúa Jose Antonio. En este caso
Termina diciéndome que si fuera político duraría
cuatro días, porque lo primero que haría sería cerrar todas las térmicas y
acabar con el urbanismo predador a base de tirar montones de edificios. Se lo
llevan al improvisado plató de Sto Domingo, entre sus
más de ocho películas -como aquella de “Pídele cuentas al rey” en la que Antonio
Resines caminaba desde el Norte a Madrid a pedir trabajo a la Monarquía-, mientras
me cuenta que anda coproduciendo un documental, “Holidays”,
con el director de cine canario Víctor Moreno: una historia de la estela
que dejó César Manrique a través de los ojos de los turistas.
Sin salir del Puerto de la Cruz, y como si del río de
“el agua de la vida” se tratase, la alfombra mágica me lleva a un valle de
encinas de Extremadura, pleno de belleza y valores naturales, donde apegado al
terruño, vive entre árboles, huertos y animales, Joaquín Araujo. “Nómada
del viento” al fin y al cabo, con sus más de nueve frentes profesionales
abiertos por todo el mundo entre libros, conferencias, exposiciones, asesoría
de gobiernos en medio ambiente o guiones de cine. Sabe mucho de “el hombre y
la tierra”, viste de negro y se mantiene más joven que las tortugas de las Islas
Galápagos. Serio, pero accesible como nadie:
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Canarias es
uno de los mejores ejemplos en el viejo mundo de capacidad de carga a punto de
ser rebasada. El mejor modelo de insostenibilidad concentrada que existe en
Europa, con un absoluto grado de dependencia. Si la huella ecológica es de 3
veces en España, en Canarias es de 20 o 30. Las Islas deben racionalizar el
consumo interior-exterior, bajar el pistón de la construcción, superar la
supeditación al turismo, diversificar y generar sintonías con la realidad
natural archipiélago.
Me aseguro que la grabadora de Radio Pimienta recoja
fielmente la voz verde de este naturalista de excepción, Premio Global 500 de
la ONU, dos veces Premio Nacional de Medio Ambiente MMCC y premio de la
Academia de TV, además de haber sido nominado a los premios GOYA y al OSCAR de
Hollywood con Jacques Perrin:
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En 30 años hemos
sentado a la mesa mundial el medio ambiente. Nadie puede esconderse ya del cambio
climático, del avance de los desiertos, de la destrucción de las especies. Por
eso, hay que aprovechar la crisis para tomar la vía de un nuevo modelo
energético, de transporte, de urbanismo. Porque se marea la perdiz hablando de economía
verde y no se dice nada de impuestos sobre combustibles fósiles o de los aspectos
degradables del entorno. Licencia para mentir en suma.
Roza el cielo, cuando, quien lleva plantados
personalmente 22.000 árboles y más de dos millones en proyectos varios, me
habla de la ecología profunda:
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El proyecto
Gran Simio es una de las pretensiones más complejas e incomprendidas. Me sumo a
pensadores que consideran que los límites de la ética no pueden terminar en
nuestra especie. Los grandes simios cercanos a nosotros nos hacen entender que
el mundo que nos rodea tiene que ser respetado no sólo sentimentalmente, sino
también con una ordenación legal, con el código penal, en la Constitución. Hay
que ampliar los horizontes de la ética.
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En medio de la
naturaleza sientes la soledad. Me dedico a esto para estar solo y salir al
campo. Pero cuando empiezo a grabar se siente de todo: paz, miedo, emoción,
ansiedad…Hay que saber aburrirse. Es un oficio de paciencia. Las cosas pasan a
su ritmo. Tú no pintas nada en la naturaleza. A veces buscas algo y no aparece
y luego la naturaleza te da la sorpresa con otras cosas inesperadas. Y cuando
los sonidos los traslado a la maquetación, consiguen por sí mismos un inmenso
poder de evocación. De repente viajas a ese sitio, transmites las sensaciones
al oyente. Es como los olores y la infancia…
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El silencio es
lo mas difícil de grabar… –me dice
ante mi pregunta.
Luego me intereso por los sonidos de Tenerife, y
cuando creí que iba a obtener una respuesta al uso, la ventana de la grabadora
apenas da abasto para recoger todos los matices que
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Tenerife está
lleno de paisajes sonoros. He grabado el Teide. En él
-mientras no explote claro- se escucha el vacío del volcán. Luego a medida que
desciendes se oye al pinzón azul. De lleno en la corona forestal al picapinos, cernícalos, palomas… Aquí el viento bufa entre
las aristas. Bajas un piso más y aparecen los barrancos, el eco. En ellos la
acústica es la misma que la de un auditorio. Sigues bajando y todo se llena de
colorines. Hasta que aparece el mar que es el sonido perpetuo.
En esta simbiosis cine-ecología y como si de “l´ecole nomade” se tratara, me
topo con Darwin, justo cuando acaba de descubrirse un fósil que parece
ser el eslabón que faltaba de “la herencia del viento”. Al poco encuentro al “lince
perdido” que no era otro que Sol, nuestro gato, que aunque se fue nos
sigue mirando desde las helechas; e incluso Luna, que
se ha transformado ahora en orca y a la que hay que salvar. La keniata Wangari Maathai
-Premio Nobel de