El dinero no se come
Wladimiro
Rodríguez Brito
Estamos en una época
en que todos los días los medios nos hablan de la bolsa de las cotizaciones del
petróleo, del coste de la vida y apenas le dedican unas líneas al medio rural. Incluso
la preocupación está en que llueva o caiga nieve, no en el papel positivo para
la naturaleza y para la economía que tienen las lluvias y las nevadas. Hemos
visto cómo han caído los precios del petróleo con repercusión en las
gasolineras y, sin embargo, los fertilizantes, que doblaron el precio el año
pasado, continúan sin alteración.
La agricultura
industrial ha transformado tanto la producción de alimentos como nuestro modelo
alimentario dependiente de los combustibles fósiles, perdiendo un patrimonio
cultural arraigado al medio como es la agricultura como cultura, con gran
implantación en las comunidades rurales. Además, se producen mermas de la
relación hombre-medio, alejándonos de la salud ecológica de nuestro paisaje
porque la alimentación no la hemos asociado a la tierra, al medio en el que
pisamos, de tal modo que si tenemos dinero, supuestamente tendremos comida.
Lo que está aflorando
en esta crisis no sólo tiene que ver con el petróleo, tema muy importante;
emerge también que el modelo agota suelos y que la producción de alimentos es
altamente dependiente de los combustibles fósiles, y en consecuencia, la
supuesta abundancia de alimentos es espejismo. Es decir, no sólo transportamos
los alimentos con petróleo sino que también los mantenemos en frío o abonamos
la tierra con fertilizantes que obtenemos en la industria gracias al oro negro.
Por ello, el petróleo no lo hemos de asociar solamente al combustible para las
máquinas.
Hemos de hablar de la
agricultura y la ganadería de alimentos frescos y puestos de trabajo. Valga
como ejemplo que en el año 2008 hemos importado 35 kilos de papas por cada
canario y de haberlas cultivado aquí, al menos tendríamos limpios de maleza
La actual situación
tiene que ser una oportunidad para la puesta en valor del suelo y de las
personas con una nueva filosofía agroambiental.
En un recorrido por
nuestros campos se produce cierta mejora limpiando huertas "balutas" que habían recolonizado la flora natural. Sin
embargo, la incorporación de jóvenes es muy lenta; continúan siendo mayoría en el
medio rural los pensionistas y resulta curioso cómo oímos hablar del dinero
como solución. Incluso se dan casos de volver al dinero guardado en el colchón
como tema de seguridad y de futuro, o incluso, enterrar el dinero para prevenir
épocas de vacas flacas, cuando dinero sin comida es como los náufragos que
mueren de sed en medio del mar. Así, una apuesta por el futuro pasa, entre
otras cosas, por mejorar la autoalimentación.
Estamos con tiempo
para plantear una política agraria ganadera que potencie, por un lado, todos
los recursos de los que disponemos, y por otro, que vele por el
autoabastecimiento ante coyunturas adversas. Los hechos de los últimos años
ponen de manifiesto que la época de excedentes alimenticios es historia; la
agricultura industrial cargada de fertilizantes y pesticidas ha alcanzado techo
y tanto
Lo ocurrido en
Necesitamos una
política agraria basada en principios ecológicos, con especial atención a la
salud de las personas, el suelo y las plantas en las que hemos de cuidar
también las comunidades rurales con unas nuevas relaciones del hombre con su
entorno. El autoabastecimiento no es una meta fácil, pero debemos hacer lo
posible por incorporar a los jóvenes al agro, máxime con los niveles de
desempleo que sufren las Islas, y armonizar conocimientos científicos con
"el saber" de agricultores y ganaderos porque es apostar por el
futuro. De lo contrario, puede darse la paradoja de disponer de dinero y no
tener alimentos. Y los billetes y monedas, desgraciada o afortunadamente, no se
comen.