DIVIDE Y
VENCERÁS
Francisco Javier González
Si algo tienen claro
desde el inicio de la historia todos los conquistadores, invasores y
colonizadores que en el mundo han sido es la máxima del “divide y vencerás”,
que alcanza su mayor grado de eficacia cuando es el propio pueblo invadido o
colonizado el que se encarga de sostener y desarrollar esa táctica de división
que lo aniquila. Los españoles fueron maestros en su uso, desde Canarias -su
inicial experimento colonial- hasta América y Filipinas y, hay que reconocerlo,
con excelentes resultados. Aquí, en nuestra tierra archipielágica,
la división inicial la provocaron intrainsularmente,
aprovechando las ya existentes en la sociedad indígena: Bandos de Guerra y
Bandos de Paces, Cantón contra Cantón, Nortes y Sures…,
pero consolidada la conquista y constituida Canarias como territorio colonial
en su integridad, esas divisiones intrainsulares, aún
subsistiendo, dan paso a las interinsulares, imprescindibles para impedir que
un territorio fragmentado como era -y es- Canarias, que se fragua como Nación
justamente al constituirse como colonia, pudiera aspirar a la construcción de
su propio estado.
Las divisiones internas
de cada isla concreta son de carácter mixto étnico y social. Por un lado los
detentadores del poder y representantes de la lejana metrópoli y, por el otro,
los indígenas canarios esclavizados o sometidos a los que, muy pronto, se suman
nuevos esclavos traídos del continente y las clases desheredadas inmigradas
desde España y Portugal que comparten con los primeros la explotadora opresión
señorial. En mi natal ciudad de Aguere esa división -y
vale como ejemplo- se cristaliza en los magos de la Villa Arriba y los señores
de la Villa Abajo donde, hasta la Plaza que tiene el dudoso honor de llevar el
nombre del Adelantado, sigue hoy siendo para los laguneros la “Plaza de Abajo”.
La división interinsular
que, por motivos obvios, comienza siendo entre islas de señorío e islas de
realengo va derivando a una lucha por la hegemonía entre los grupos de poder de
las dos islas de mayor potencial económico. Estos grupos de poder originarán
luego las burguesías de Gran Canaria y Tenerife que luchan -y siguen luchando
hoy- por la capitalidad de la colonia y del posible estado que de ella surja.
Esa lucha, dado el carácter rector de opinión y conciencia que posee la clase
hegemónica, traslada su enfrentamiento a las clases populares de las islas en
las que se asientan. Precisamente sería ese enfrentamiento entre clases
dominantes de Tenerife y Gran Canaria lo que impida la formación de una única
Junta Suprema de Canarias, dando por tierra con el intento de independencia que
se fragua al mismo tiempo y con el mismo origen que las independencias de las
colonias americanas.
Desde que Viera diera a
la luz su “Papel Hebdomadario”, la prensa ha desarrollado un papel fundamental
en este juego divisionista imprescindible para el mantenimiento de la ocupación
colonial sin la necesidad del recurso a las armas. Sin prensa escrita y hoy sin los mass media en general no hubiera sido posible exacerbar ese
divisionismo que aseguraba y asegura la doble dominación, la de la burguesía
isleña subsidiaria y la colonial española. Para ilustrar el papel de esa prensa
escrita transcribo, guardando la ortografía y acentuación original, parte de la
carta 59 de las 60 de que consta un librito escrito por el entonces Auditor de
Guerra de la Capitanía general de Canarias, D. Mariano Nougués,
publicada en la “Imprenta Madrileña” de
D. Salvador Vidal en la santacrucera calle del Sol en 1858 que no tiene
desperdicio, que comienza, tras el título exponiendo los méritos que aduce como
autor:
“CARTAS HISTÓRICO-FILOSÓFICO-ADMINISTRATIVAS SOBRE LAS
ISLAS CANARIAS” ESCRITAS POR EL DOCTOR
DON MARIANO NOUGÉS SECALL[1]. Catedrático cesante de jurisprudencia,
Auditor de Guerra de la Capitanía General de dichas islas, Abogado de los
Colegios de Madrid y Zaragoza, sócio corresponsal de
la Academia de la Historia, de la de
Buenas Letras de Barcelona, de la de arqueología de Belgica,
etc. etc.
El Sr. Nougués comienza la primera carta de este epistolario
relatando su salida de Cádiz hacia Tenerife con las siguientes palabras,
transcritas también con la ortografía original:
Colocado en la cubierta permaneci mirando el último
linde de España hasta que aquella ciudad desapareció y no quedó en el horizonte
mas que la linea del Occéano, y que á doquiera que volvia
los ojos no encontraba mas que agua en incesante movimiento y ondulacion. A pesar de que mi
corazon es mas fuerte que lo que suponen algunos, y
que no me arrepiénto jamás de las resoluciones que
adopto por principios de decoro, recordé á mi esposa y á mis hijos,
considerando las angustias que aquejarian su alma,
figurándose peligros inminentes, que no lo son hasta este punto, en virtud de
los adelantos de la navegacion…..
Lector atento de Viera, colaborador de las Sociedades
de Amigos del País y hombre culto, demuestra a lo largo de las mismas su
interés afectivo por nuestra patria, evidentemente sin olvidar ni renunciar a
su carácter de español en tierra ajena.
Carta 59
Santa Cruz de
Tenerife 23 de agosto de 1838.
Sr. D,
De la estincion de las rivalidades entre las islas como
medio de aumentar su ventura: escitacion á la
fraternidad.
Mi apreciable
amigo; cuando uno viene de la Peninsula y pisa por primera vez este suelo,
una de las ideas que mas le alhagan es la de que en
él no han de existir rivalidades ni envidias ni partidos: se figura que en las
aguas del Océano debe haber quedado sepultada tan funesta semilla para no
germinar en las Afortunadas. Sin embargo al poco tiempo de mi permanencia en
ellas, ya conoci que en parte esta habia sido una ilusion: porque ya
que no existiesen las ardientes polemicas de la politica, á lo menos habia
rivalidades funestas originadas de la malhadada cuestion
de la capitalidad. Las Palmas aspira obtenerla, ó á lo menos á compatirla. Santa Cruz pretende conseguir la primacia: y á vuelta de estas cuestiones el gobierno ha
unido y ha separado; ha tejido y destejido, pareciendose
ese negocio á la tela de Penélope, tela tan famosa que ha dado lugar á tantas
citas y á aplicaciones tan varias.
A
consecuencia de estas cuestiones se han mezclado frases que han alarmado y
ulcerado los ánimos y que pueden dar lugar á serios disjustos.
Como si uno no pudiese engrandecerse sin humillar á otro: se entra en la
terrible via de las comparaciones. Amigos poco
prudentes de los pueblos adoptan ese sistema fatal alaban y deprimen; critican
e enaltecen vituperan y encomian: y á trueque de conseguir su objeto no vasilan en arrojar la simiente de odios duraderos. No pareceria en algunas ocasiones, sinó
que la Gran-Canaria y la isla de Tenerife son Roma y Cartágo,
pero ya que no la Roma y Cártago de la historia, á lo
menos las de las escuelas
atendido el eterno estado (le oposicion y de guerra.
Para algunos no hay nada bueno sinó en la
Gran-Canaria: para otros solo en
Tenerife. Se habla respectivamente de las radas y puertos, de los frutos, de
las campiñas, de los templos, de los habitantes, en una palabra, se habla de
todo, pero no para enaltecer estos objetos sinó para
achicarlos recíprocamente los
contendores, á fin de que los otros se
engrandezcan hundiendo ó rebajando los contrarios.
Lástima me causan estas contiendas pueriles, estos choques ridiculos, esta guerra de mala ley. Cuantas veces no he
dicho interiormente ¿porque no habia de haber una
autoridad que impusiera un tace, que
prohibiese que semejantes contraversias se agitaran,
y que las estinguiera para siempre? Contentese cada isla con sus
ventajas naturales: procure aumentarlas en beneficio propio y en provecho
público con patriotismo é inteligencia, y el pais
ganará y la prosperidad pública se desarrollará de una manera creciente. No
haya otra lucha entre las islas sinó la de la
respectiva mejora: todas tienen bienes preciosos, que les es posible esplotar: todas recursos que podrán utilizar. A que fin,
pues, fatigarse en esta guerra mezquina? El Gobierno á
todos desea estender su proteccion,
dispensarles sus favores, aumentar su prosperidad…………..
A
partir de aquí se extiende el autor en retóricas descripciones de las bellezas
y atributos de una y otra isla para
terminar con una serie de consideraciones acerca de los medios, a su juicio,
para acabar con las luchas interinsulares, de las que solo transcribo la
primera que resalto en negrilla.
Pero ¿y como
hacer cesar estas rivalidades? La prudencia de las autoridades y el patriotismo
de las personas influyentes pueden contribuir poderosamente al logro de tan
digna empresa. Indicaré algunos medios:
1.° trabajar
para que la prensa cese de promover polémicas, que aunque aparentemente y segun la recta intencion de los
que las sostienen, se dirijan á un fin laudable, ocasionan un mal de grave
trascendencia que es atisar el fuego de la discordia.
Alabe enorabueha cada periódico el pais en que vé la luz; realce sus
ventajas: pero no ataque las de otro pueblo, no rebaje la de otra isla. Si
á pesar de todo se entra en tan delicada controversia, disputese,
pero sin herir sin lastimar á nadie, reflexionese que
estas discusiones acaloradas no pueden servir de ilustracion
al Gobierno, que adelantada la ciencia de la estadistica,
siendo tan frecuentes y posibles Ios viages, irán á buscar por otros medios y en otras fuentes
las noticias que necesita. Convencidos los periodistas de la inutilidad de su sistemá dejarán de ejercitarlo……..
Hoy, 172 años después de ese escrito del Sr. Nougués, la prensa sigue en nuestra patria aumentando el
enfrentamiento interinsular. En medios
como los de Prensa Ibérica (La Provincia, La Opinión) entra dentro de su
línea editorial del más rancio españolismo trasnochado que llega incluso al
ataque personal y la insidia contra compañeros reconocidos por su lucha social
y nacional, pero cuando ese divisionismo
que hace el juego a la política colonialista hispana se lleva a su
máxima expresión con ribetes de fobia psicótica
revestido, eso sí, de llamamientos pseudopatrióticos
a la independencia, aderezados además con loas al Ejército español que no deja,
al fin y al cabo, de ser el garante final de que la situación colonial pueda
continuar, como es el caso del matutino tinerfeño El Día, no puedo entender que
se le conceda crédito alguno por parte de militantes independentistas serios.
Personalmente me duele porque durante bastantes años El Día y Diario de Las
Palmas acogían mis artículos en una época en que el independentismo, por
decirlo de un modo suave, “no estaba de moda”, dando en aquel entonces ejemplo
de apertura democrática. Hoy me sería imposible publicar en ellos dada la
trayectoria divisionista de El Día y la triste realidad del Diario reducido a
un nombre en la carátula de La Provincia.
¿Qué escribiría hoy un español intelectualmente
honesto como el Sr. Nougués de la que Secundino
denominó como “venial y asalariada” prensa editada en Canarias? Fácil es
suponerlo
Gomera a 16 de febrero de 2010
[1]Cartas Históricas- Filosóficas- Administrativas…