¿Hacia dónde va el socialismo?
Juan
Jesús Ayala
La respuesta parece clara: camino de la extinción. Los
que hoy pregonan políticas socialistas y militan en esas siglas no sólo en
territorio español sino europeo, están en tránsito hacia el olvido. Y lo
paradójico y hasta curioso es que cuando la ideología neoliberal atraviesa una
de sus grandes crisis, el socialismo es incapaz de crear expectativas, no
estimula al entusiasmo y es la palabra vacía de contenido hasta social lo que
deambula como un cadáver viviente. El socialismo se ha quedado sin discurso y
no sólo para sus seminarios y convenciones donde allí el fervor puede ser
universal dentro de sus cuatro paredes y arropado con altos decibelios de
resonancia soflamífera, sino también para los ‘mil-euristas’, para los jubilados, para los jóvenes en paro y
aún más para las clases medias, que ven su futuro amenazado por la miseria ante
los recortes drásticos y sangrantes que tendrán que hacer los pocos gobiernos
socialistas que habitan en Europa, para, de esa manera, al menos, intentar
paliar una crisis a la que han contribuido con sus silencios, falta de
precisión y escasa sinceridad.
En las pasadas
elecciones europeas se sabe qué le sucedió al socialismo europeo. Simplemente,
que si en el 2002 gobernaban en 15 países de la UE, hoy lo hacen en 5, España,
Grecia, Hungría, Portugal y Reino Unido. Y entre ellos, el futuro de Grecia,
España y Portugal, afectados por la crisis de una deuda galopante, más que
incierto es preocupante. Anteriormente, y nos remontamos si se quiere hasta los
años 40, cuando el capitalismo se tambaleaba y estaba al borde del KO, el socialismo fue capaz de entusiasmar, dar respuesta y
desde la originalidad crear, sobre todo, seguridad en la gente. Su imaginación
apoyada en políticas sociales coyunturales tuvo un éxito evidente con las
nacionalizaciones e implantación del Estado Social y de Bienestar.
Hoy, el socialismo ni siquiera milita en la utopía
emulando al viejo Saint-Simon ni al cientificismo engeliano
y, por supuesto, menos aún al marxismo dejado atrás por la estudiada dimisión
de Felipe González en aquel congreso utilizada como estrategia para caer en los
brazos de la socialdemocracia alemana de Willy Brandt. El socialismo europeo
por más que se afane en hacerse sentir copartícipes del triunfo de lo social
está en baja, aquejado de falta de imaginación, utilizando en tiempos de
crisis, como el actual, los mismos argumentos de hace años y a la espera de que
la desgracia sobrepase al dolor y que el caos triunfe sobre la estructura.
Si hoy queremos mirar desde la vertiente ideológica
dónde está el socialismo, dónde se predica y practica, no tendremos otra
alternativa que salir de Europa, ya que aquel pensamiento político capaz de
mover masas y facilitar revoluciones sólo lo encontraremos
en Bolivia, Venezuela , Ecuador y Cuba ¿Hacia dónde va el socialismo? En
Europa, el socialismo, simplemente, no va. La pasión que un día desató se ha
quedado enquistada, inmovilizada y sin un discurso creíble.