Una duda, Román, ¿eres nacionalista?
Juan Jesús Ayala
Hago la pregunta
porque me asalta la duda. Y es una cuestión que nunca he tenido clara ni aun
cuando por medio de los votos de tu denostada ATI
lograste la presidencia del Gobierno de Canarias; y menos cuando hablas sin
cesar de la antidemocrática ley electoral canaria, ya que dijiste en su momento
y, sobre todo, en la promesa hecha a Tomás Padrón en el Parlamento durante la
sesión de investidura, que la modificarías durante tu mandato. Y ya ves,
seguimos igual, chapoteando en el mismo charco.
Te haces llamar
nacionalista y, claro, es que hay tantos que así se denominan que si hacemos
caso a las palabras y los sumamos poniéndolos unos detrás de los otros seríamos
en esta tierra legión. Y si fuera así haríamos de Canarias un país diferente,
con un futuro diseñado desde dentro y con unas perspectivas muy alejadas de las
de ahora.
Para titularse
nacionalista hay que tener bien claro qué es el nacionalismo. Y es ni más ni
menos que la ideología política que conduce a la formación y a la construcción
de una nación, en este caso la canaria. Si no se tiene como meta la nación, se
será cualquier cosa menos nacionalista. ¿Y con la nación, qué hacemos, sirve de
algo, es válida? No. La nación, el día que se
construya, por sí sola no vale; la nación es un cuerpo chiquito que necesita
alimento y arropamiento. Y el único ropaje que da calor y vida a una nación y
más aun si es emergente, es tener un Estado. Nación sin Estado es pendular en
el vacío, es un nirvana encantador exento de sustancia y de argumentaciones
sólidas.
Y no hay nacionalistas
de centro, de izquierdas o de derechas. El nacionalista es solo eso:
nacionalista. Y su fundamento ideológico es defender a ultranza la categoría de
nación más que la categoría de clase. Construir antes que nada la nación y
luego se podrá uno definir de la clase que se quiera. Pero manifestar que se es
nacionalista de aquí o de allí es pegarle patadas a la teoría política
reciente, ir de oportunistas, confundir a la gente y enarbolar latinajos que
apenas sí comprometen.
Ser nacionalista,
desde luego no es fácil. Hay que creérselo y, sobre todo, saber en qué momento
histórico se está viviendo. Si se sigue pensando en tutelajes, en maniobras que
no dignifican la trayectoria política que se intenta diseñar y que contradicen
lo dicho un día y otro, entonces iremos de mal en peor.
Un ejemplo para mí
bastante clarificador: estamos cansados de oír que jamás pactarás con el PP y con ATI-CC, bien; pero en
las elecciones a
Ante esto se hace
necesario un reciclaje, un discurso coherente y que las palabras se doten de
contenido ideológico y no pongamos el acento hoy aquí en unas y mañana en
otras. Se es o no nacionalista. Pero en todos los espacios, en
Ser nacionalista de
boquilla está tirado, pero serlo de convicción es algo más complicado porque
con las decisiones y las concepciones no se debe jugar, puesto que luego los
avatares seguro que pasarán factura y se sentirá uno mal, fatal, aunque para
salir del paso los pretextos y los discursos los adornemos de falacias y de
contradicciones.
Si queremos dignificar
la política canaria, si pretendemos ser jueces de lo que estamos viendo y
defensores de no se sabe qué, se hace necesario buscar referentes, buscar ideas
adecuadas que den forma a las convicciones que se dicen tener, pero si el
discurso va por un lado y las actitudes por otro, y si hablamos en clave
nacionalista y nos va en ello la vida, pero no nos convencemos de ello, seremos
de todo menos, por supuesto, nacionalistas.