LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
CANARIA, UN EDIFICIO DE HUMO
Fidel Campo Sánchez
Es
natural que con la crisis actual nos fijemos más en quienes, al amparo de sus
oficinas y despachos oficiales, tratan de edificar cúpulas donde faltan paredes
o cimientos. En las Oficinas Públicas, se está siempre con los ojos bien
abiertos y atentos a las exigencias del poder establecido: el “Paulinato-Soriano.
Pero
es que, además, contamos con un consejero de la Presidencia, José
Miguel Rodríguez Ruano, y de un Director General de la Función Pública,
Juan Manuel Santana, ambos incapaces, por lo que se ve, de poner freno al mal
hacer de los funcionarios, cuando ellos están precisamente para todo lo
contrario. Así, el señor Santana, hombre virulento (fíjense en su rostro), está
renovando su propia Dirección General, hasta el punto de que ha liquidado a
jefes de servicios como Chus Pedreira, Javier Enderis o Domingo Martínez. Al parecer, la tendencia es
amortizar plazas caras y sustituirlas por funcionarios o laborales sin
trienios, sin complementos elevados, que acuden a los centros, pasadas la ocho
o las nueve de la mañana. Son los que inmediatamente están dispuestos para
salir de nuevo a tomar el cortadito y fumar el cigarrito, cuyas dependencias
les hace repetir la operación varias veces en la mañana.
No
podemos olvidar que también solicitan, mediante el oportuno parte, acudir al
médico, visitar a la abuela operada de cataratas o al compañero intervenido de
fimosis… Basta una visita a un Centro Comercial para encontrarnos a la que
atienden el Registro de documentos en el mostrador o la propia secretaria del
Director General, observando las nuevas prendas, como sujetadores de lencería
fina o la ropa interior más sofisticada. Al final, también pasan por el
Supermercado pues, ¡cómo no!, hay que realizar la compra del día en horas de
oficina. Este desorden generalizado de los funcionarios tendría que evitarlo la Inspectora Socorro
Beato, que para eso está, cual es controlar la Administración de
manera eficaz, pues es de todos y a todos nos cuesta. Muchos miles de euros se
han gastado en aparatos para controlar la asistencia, mientras los funcionarios
se compinchan para utilizarlo pensando en el hoy por mi y mañana por ti, todo
un auténtico cachondeo.
Un
Servicio Médico fue creado adjunto a la Inspección General
para controlar las numerosas y abusivas bajas de los funcionarios, pero en el
caso concreto de los médicos, lo que ocurre en realidad es que tienen concedida
la compatibilidad para ejercer privadamente la profesión, por tanto, atienden
en su consulta privada a los funcionarios con seguros concertados (Adeslas, Asisa…) que de paso obtienen una “bajita” de vez en cuando.
Este mal hacer, ha de evitarlo la llamada clase política que gobierna las
instituciones, en este caso concreto ninguna “santa” solo una “Beata”, a la que
se le pide ¡socorro!. Traemos a colación al ingenioso don Miguel de Cervantes
cuando afirmaba lo siguiente, don Quijote de la Mancha: “Sábete Sancho que
no es un hombre más que otro sino hace más que otros”. La igualdad sería hacer
valer los méritos y el esfuerzo personal. Pero vemos que ya no se premia el
esfuerzo y los méritos personales, no tienen valor. En definitiva, la
“igualdad” adulterada de nuestra época, que pretende que seamos todos iguales
pero, no en atención a lo que hacemos sino a las cuotas de poder de partidos
que nos rodean. La administración no sigue el sabio consejo cervantino, ello
explica su decadencia y su organización demencial.
Compartimos con Manuel Alcaide lo de
“ineptos son ellos y no yo”. En cuanto a lo que dijera de Franco, ¡ni
nombrarlo!, pues ya sufrimos una Administración repleta de militares, a tenor
de una ley que les concedía destinos civiles, y resultó una experiencia nefasta.