Por la libertad, la identidad y la dignidad de los canarios
“Historia del reyno de las Islas Canarias" es el último libro dado a
conocer por Arquímedes Jiménez del Castillo, cuya cubierta reproducimos en este
editorial. El subtítulo de esta obra, sin duda de lectura obligada, es
"Descubrimiento, conquista y colonización". Es decir, también a
juicio de este erudito, las Islas Canarias fueron colonizadas en su momento y,
por lo tanto, son una colonia. Arquímedes Jiménez narra en esta obra la lucha
cruenta entre los aborígenes que no querían perder su tierra y su libertad, y
los ascendientes de los actuales españoles que viven en estas Islas mezclados
con los descendientes de la población autóctona que fue masacrada vilmente, mas
no exterminada. Esta es la realidad que muchos se empeñan en no ver.
Y aquí hacemos un
inciso para manifestar que yerran de cabo a rabo algunos sinvergüenzas de la
prensa cuando dicen, como lo vienen haciendo desde hace algún tiempo, que si
Leoncio Rodríguez levantara la cabeza y viera la trayectoria que sigue
actualmente EL DÍA, volvería a fallecer de inmediato a causa del disgusto. No
hace falta explicar, una vez más, que los autores de tales estupideces son unos
fracasados y resentidos. Individuos soeces y malolientes, como señalábamos en
nuestro comentario de ayer, que jamás han admitido que José Rodríguez Ramírez,
que sin ser uno de esos plumíferos como ellos, haya sido capaz de elevar este
periódico desde lo que era a lo que es hoy. Desde una empresa que mantuvo su
sede en la calle Valentín Sanz de Santa Cruz hasta algunos años después de la muerte
de su fundador, al grupo de medios en que se ha convertido hoy. Gracias a la
fidelidad de nuestros lectores, anunciantes y colaboradores, EL DÍA no es hoy
sólo un periódico impreso en papel, sino también una emisora de radio, una
antena de televisión, un periódico en internet y una
productora de medios audiovisuales. El Grupo EL DÍA brilla actualmente en todos
los pueblos de esta provincia. Por lo tanto, no hay motivos empresariales para
que Leoncio Rodríguez se avergüence de la trayectoria que le ha sabido imprimir
a esta Casa su sobrino José Rodríguez. Ya quisieran muchos de nuestros
detractores estar como nosotros.
Queda la parte
ideológica; es decir, la correspondiente a la línea editorial. Desde este
momento debemos aclarar que José Rodríguez convivió a diario con su tío
Leoncio. Una circunstancia que le permitió conocer al detalle su forma de
pensar y el estilo de expresar sus ideas. Fue su mecanógrafo, amanuense,
corrector de pruebas de imprenta y hasta mayordomo. A su lado descubrió los
profundos sentimientos que tenía Leoncio Rodríguez hacia los hijos de este país
canario; la tierra de los guanches. Sus numerosos libros encierran el perfume
de la libertad. Esa libertad para los descendientes de nuestros antepasados que
soñaba casi en secreto, porque no era el momento oportuno de exteriorizarlos.
Temía a la fuerza de quienes conquistaron el Archipiélago por la fuerza, y por
la fuerza seguían gobernándolo. Su espíritu no sólo era liberal en lo político;
también aspiraba a vivir libre en el sentido de la libertad que disfruta
cualquier ser humano, hijo de Dios por naturaleza, cuando no está sometido a la
esclavitud de ningún amo. En definitiva, Leoncio Rodríguez era independentista
aunque no lo podía expresar. Su obra era sentimental, añorante y evocadora de
la libertad de los guanches.
En consecuencia, no
andamos desencaminados con nuestra línea editorial. Tan sólo perpetuamos,
materializándolo al permitirlo unas condiciones de democracia y libertad de
expresión que no existían entonces, el pensamiento íntimo de Leoncio Rodríguez.
Siguiendo esa línea, de nuevo resumimos nuestros principales argumentos para la
soberanía de Canarias.
El primero es
reivindicar la memoria de la libertad y la propiedad de estas Islas que tenían
nuestros antepasados los guanches como auténticos dueños de esta tierra.
Debemos acabar con el expolio español. Esta tierra era de los guanches y hoy
les pertenece a los canarios, sus descendientes, que la comparten con los
españoles y otros europeos, así como con latinoamericanos, africanos y cuantas
personas sean dignas de vivir aquí, aunque no por ello pueden los isleños
renunciar a su propiedad que les corresponde por derecho propio. Canarias es de
los canarios y deben ser éstos quienes administren sus riquezas. Admitimos a
los foráneos que residan de forma justificada y productiva, no a los que vienen
a subsistir a expensas de nosotros, porque en Canarias primero son los
canarios. Es decir, amigos de todos los extranjeros y permisivos con todas las
razas, pero dueños de nuestro destino, de nuestra tierra, de nuestro cielo y de
nuestro mar.
El segundo argumento
para reivindicar nuestra soberanía sin demora es la lejanía. Es absurdo que
este Archipiélago siga dependiendo de políticos que están en Madrid, a
A estas evidentes
razones para ser soberanos hemos de añadir la necesidad inaplazable de que se
reconozca nuestra libertad como pueblo. Hemos de acceder a la dignidad de ser
ciudadanos de una nación, y no siervos de unos amos que nos gobiernan desde una
lejana Metrópoli. Pero no sólo eso. También corremos el riesgo de pasar a ser
marroquíes el día menos pensado. Las islas son de los continentes que tienen
cerca, y las nuestras están al lado de África. Salvo que nos constituyamos en
un país con representación en las instituciones internacionales, siempre
estaremos a expensas de que la monarquía alauita decida incluirnos en su
expansionista proyecto del Gran Magreb.
Sin embargo, lo más
importante para alcanzar el estatus de nación soberana ¡insistimos en ello! es
conseguir nuestra dignidad de ser personas. No podemos acatar hoy los caprichos
de Zapatero, ayer los de Aznar, mañana quizá los de Rajoy y siempre los de un
amo peninsular. Esta situación de dependencia tiene que estar resuelta, como
muy tarde, el próximo año. Sabemos que las presiones diplomáticas españolas han
impedido, hasta ahora, que Canarias esté en la lista
de los territorios que deben ser descolonizados según la resolución 1.514 de
Queremos conservar la
esperanza. Muy pronto, la situación colonial de Canarias será expuesta en una
reunión que se celebrará, según nos dicen, en un lugar del Caribe. Exhortamos a
formaciones políticas como
No queremos concluir este editorial sin recomendar la
lectura del artículo de nuestro colaborador Fernando Gracia, que publicamos en
nuestra edición de hoy[1]. Es la visión de un peninsular sobre la ignominiosa
situación de nuestro Archipiélago, que fue, tal y como señalaba el pasado
domingo, la colonia Guantánamo de España, y hoy continúa siendo tierra y gente
sometidas a amos déspotas que viven alejadísimos.
[1]
Nosotros también podemos (I)