La autonomía no nos sirve
[…]Dirigentes
políticos entre los que podemos citar a quienes forman parte del PP y del PSOE, pues son, lo hemos dicho en múltiples
ocasiones pero no renunciamos a repetirlo cuantas veces sea menester, partidos
al servicio directo de Madrid y de Las Palmas. De forma concreta, el PSOE se ha
convertido en el partido más nefasto para España y, como consecuencia de
nuestra situación colonial, para Canarias; unas Islas antaño afortunadas, que
ahora se ven arrastradas al abismo en que está sumiendo a
Por
desgracia, esos socialistas jóvenes y con ideas innovadoras siguen silenciados
por los correveidiles de Zapatero, entre ellos los ya citados López Aguilar y
Santiago Pérez. Hombres a quienes respetamos como personas, pero que
despreciamos como políticos pues también apartan y amordazan a los citados
socialistas históricos que, a diferencia de los actuales, anteponían el
bienestar del pueblo al suyo propio. Por culpa del PSOE y de nuestro
sometimiento colonial a España, Canarias ha dejado de ser una tierra afortunada
para convertirse en una región desgraciada, cuyos recursos son robados
constantemente por España mientras los isleños pasan hambre.
En
definitiva, los socialistas han logrado darle la razón al general cuando
afirmaba que los partidos políticos arruinan a España. Nosotros no coincidíamos
con las ideas de Franco. Incluso fuimos víctimas directas de su dictadura, pero
debemos reconocerle que tuvo clarividencia suficiente para anticiparse al
futuro. La actitud detestable y vergonzosa de los políticos actuales le está
dando la razón.
Vivimos
como pobres desamparados cuando podríamos ser uno de los países más ricos del
mundo si tuviésemos control sobre nuestros recursos. Pero la situación es otra.
Como ha dicho el presidente provincial de Cáritas,
los pobres seguirán en la pobreza incluso cuando haya pasado la crisis. Es
decir, el fin de la crisis no supondrá el fin de la pobreza. Canarias continuará en la pobreza mientras sea una colonia disfrazada
de autonomía. Una colonia que quieren perpetuar políticos como María del Mar
Julios, vampira que intentó controlar desde Las Palmas hasta la sangre de los
tinerfeños, o Juan Manuel García Ramos, un hombre de gran valía pero poco
práctico a la hora de luchar, como le corresponde en su calidad de presidente
del Partido Nacionalista Canario, por la independencia de su tierra. Lo
decíamos en nuestro comentario de ayer y lo repetimos hoy: ¿cuánto tiempo más
quieren esperar hasta que sea el momento de plantear la independencia de
Canarias? ¿Un año, una década, un siglo u otros seis siglos de colonialismo?
Sin embargo, lo peor no es el planteamiento de algunos políticos, sino la
narcosis que sufre el pueblo. Una hipnosis inducida pérfidamente por los
peninsulares en los canarios durante seiscientos años, que nos ha hecho creer
en una falsa incapacidad para administrarnos por nosotros mismos. Un veneno
mental de amplias consecuencias, pues de otra forma no se comprende que
pudiendo ser libres y capaces de vivir con dignidad, dependamos de las órdenes
que nos dictan a
Seguir
siendo una colonia significa continuar en la miseria. Significa, además,
sobrevivir con las migajas que nos echan desde Madrid, sin identidad propia
como la que tienen los andorranos, los monegascos, los caboverdianos, los
malteses y tantos y tantos habitantes de naciones con menor extensión y menor
número de habitantes que Canarias, pero con bandera y asiento en los foros
internacionales. La autonomía del Archipiélago, recogida en una Constitución
que acatamos pero que rechazamos, no es nada. No nos sirve porque no nos deja
administrarnos interiormente ni organizarnos en el plano internacional según nos
convenga. Ni siquiera, insistimos en ello porque esto es muy triste y
lamentable, nos permite disponer de una identidad propia. Citábamos en el
editorial del domingo el caso de Andorra; un país pequeño -pero no un pequeño
país- en el que sus nacionales son andorranos, no siervos. Debemos percatarnos,
sin complejos, de que no somos españoles. Desde que llegamos a Barajas, a El
Prat, a cualquier aeropuerto peninsular, todo el mundo se percata de que no
somos españoles sino isleños; es decir, aborígenes de las Islas. Nos tratan con
tolerancia y complacencia como a seres curiosos, porque no somos españoles como
los de Ávila o los de Guadalajara, sino isleños; distintos, peculiares. Por eso
debemos alcanzar nuestra independencia y ser una nación como lo es Birmania,
Mónaco, Cabo Verde o Malta. Sólo como estado soberano evitaremos, además, caer
en manos de Marruecos. Porque la amenaza magrebí está vigente, y Mohamed VI puede privarnos de nuestra libertad futura si antes no
dejamos de ser colonia. ¿Entienden esto los amantes de la españolidad y los
nacionalistas teóricos?
Extracto de el Editorial de el Día, 18-08-2009