España nos narcotiza para conservar la colonia
Hoy queremos hacer
algunas consideraciones sobre un asunto que nos ha hecho meditar durante los
últimos días. Una persona, muy apreciada en esta Casa y que gira en torno a
nosotros, nos ha expresado sus dudas respecto a la posibilidad de que Canarias
pueda subsistir sin estar vinculada a
El quid está en que la
conquista de Canarias no fue una simple conquista, que ni así se justifica,
sino una conquista vil, sangrienta y genocida; una conquista que masacró a casi
todo un pueblo; una conquista que vendió a los guanches
como si fueran ganado para pagar las deudas contraídas por los adelantados; una
conquista realizada por personajes feroces, sedientos de riqueza, que robaron
una tierra disfrutada desde entonces por ellos y por sus descendientes, que hoy
siguen usurpando mientras les dan migajas a los canarios. En estos tiempos,
cuando tan de moda está la memoria histórica, deberíamos recodar el vil asesinato
de nuestros antepasados.
Ese respeto por el
holocausto de los guanches es motivo más que
suficiente para que Canarias deje de pertenecer a España y se constituya en una
nación independiente. Sin embargo, como también hemos dicho en repetidas
ocasiones, no es la única razón para lograr el estatus de nación soberana.
También cuentan mucho los beneficios que obtendríamos siendo un país libre, así
como el orgullo que supondría para todos nosotros tener una identidad canaria.
¿Existe algo más grande que ser ciudadanos de un Estado con asiento y bandera
en los foros internacionales, como ocurre con todos los pueblos libres?
Sabemos que esta
persona que hoy duda se rendirá mañana a la evidencia. Entonces será el momento
de decirle, como le dijo Cristo al incrédulo Tomás, "porque has visto, has
creído; dichosos los que sin ver creyeron". Nosotros creemos en que es
posible un Archipiélago canario libre y soberano. Y no sólo eso; también
estamos convencidos de que cuando sean los canarios, y no los peninsulares, quienes
administren las riquezas que nos pertenecen, este Archipiélago será uno de los
países más ricos del mundo. Que nadie lo dude, como lo duda esta persona de
buenas intenciones, pero a la que España le ha inoculado el veneno de la
desconfianza. Una de las tretas de
A esa persona que duda
sobre la viabilidad de Canarias como país libre le ponemos el ejemplo de Cabo
Verde: un archipiélago más pequeño y menos poblado que el canario, constituido
en Estado soberano desde 1974. Cabo Verde es una nación y sus habitantes, los
caboverdianos, son personas dignas con identidad propia, pues tienen sus
representantes en
Frente a las dudas de
una persona, como decimos, muy querida en esta Casa, nos alegra comprobar que
poco a poco empieza a ceder el miedo. Ahora son muchos quienes hablan sin temor
sobre la imperiosa necesidad de que Canarias alcance
su soberanía. Es el caso de Juan Jesús Ayala, presidente del PNC en Tenerife,
de quien decíamos en un comentario reciente que por fin está siendo más
explícito. En su artículo publicado en EL DÍA el jueves 16 de este mes escribía
que "El fundamento del nacionalismo, y habrá que decirlo hasta la
saciedad, es lograr política y culturalmente que el territorio en el que
transcurre la vida de cada cual llegue a ser una nación. Lo que a nivel teórico
parece una simpleza no ha sido así para algunos pensadores que han profundizado
en el estudio del nacionalismo". ¿Cabe otro planteamiento?, añadimos
nosotros. Señala Ayala en este artículo que un nacionalismo sin nación es el
vacío. Claro hombre; claro que sí. Lo contrario es caer en ese inútil ejercicio
de la política pura que practican en Madrid doña Oramas, don Perestelo y don el
otro.
Pese a todo, nos
parece que Juan Jesús Ayala continúa siendo muy teórico. A España, nación
sibilina que nos esclaviza y nos explota, no se le puede ir con teorías. Que
tomen buena nota de ello los representantes del nacionalismo canario en la
capital de
Se lo repetimos a los
narcotizados y a los practicantes de la política pura: o somos canarios, o
seremos marroquíes. Marruecos no va a permitir que seamos canarios dentro de
sus aguas. No nos queda más remedio que esgrimir, porque en este caso es de justicia,
el conocido aserto primero yo, después yo, siempre yo y si queda algo, también
para mí. A ver si lo entienden los tres nacionalistas en Madrid. ¿No saben
ustedes, doña Ana, don José Luis y don Alfredo, que los peninsulares no los
consideran españoles? Sí, sí a ustedes tres nos referimos. Se ríen de los tres,
aunque ustedes no se dan cuenta porque lo hacen a sus espaldas. Compórtense de
una vez como nacionalistas de verdad. Exijan que
Editorial de El Día, 19-04-2009