Despierta la conciencia canaria

 

Se pregunta Juan Betancor, concejal del PIL en el Ayuntamiento de Haría, quién o quiénes se preocupan por la descolonización de Canarias. Y en la respuesta que se da a sí mismo, en la entrevista publicada por EL DÍA el pasado domingo, responde que España desde luego que no. Hasta ahí podríamos llegar. A los españoles no les interesa perder una finca que tan buenos réditos lleva dándoles desde hace seis siglos. Una finca a la que vienen cuando lo desean para que los medianeros que tienen aquí los reciban como señores, y los aparceros formen en fila para recibir el visto bueno del amo y, si tienen suerte, obtener una limosnita como migaja. La escena está bien plasmada en 1981 por Miguel Delibes en su novela "Los santos inocentes", llevada al cine tres años después. Que nadie se lleve a engaño: los isleños no somos españoles; somos nativos que, en vez de disponer de su propia identidad en el mundo, están al servicio de los españoles de la manera más vil posible.

Necesitamos conciencias como la de Juan Betancor. Canarios de verdad, con las ideas claras y la valentía suficiente para expresarlas aun con más claridad. Afirma este patriota que "los movimientos sociales que deben generar la corriente de opinión no lo están haciendo. Esta conciencia social de libertad, de independencia, de no querer ser colonia, en vez de pregonarse, de propagarse, se intenta acallar y apagar. Los medios de comunicación, que pagan y controlan los colonizadores, intentan ridiculizar, todo lo posible, este sentir de muchos canarios". ¿Cómo podríamos estar en desacuerdo con esta reflexión, si nosotros mismos estamos siendo atacados y ridiculizados a diario por esos medios al servicio de Las Palmas y de Madrid? Acierta igualmente Betancor cuando dice que "es esta la peor colonización y la más sutil manera de demostrar la ocupación y el sometimiento que padecemos". Una colonización, precisamos una vez más por nuestra parte, disfrazada desde Madrid como comunidad autónoma y desde Bruselas como región ultraperiférica. Ni lo uno, ni lo otro; no somos ni españoles, ni europeos ultraperiféricos. Somos canarios y como tales debemos honrar la memoria de nuestros antepasados -nuestra auténtica memoria histórica- vilmente masacrados, esclavizados y vendidos por los conquistadores. ¿Piensan alguna vez en todo esto los nacionalistas? ¿No se dan cuentan quienes se amparan en el nacionalismo paraestatal de CC para llenarse los bolsillos políticos que, si quieren salvar la cara, deben dejarse de tonterías y luchar por la independencia de su tierra? Salvo que estén buscando otro disfraz para seguir en la poltrona, no les queda más remedio que redimir sus vergüenzas y sus cobardías del pasado, y ponerse al frente del cada vez más creciente movimiento independentista. Tienen que hacerlo si quieren salir del pozo en el que han caído.

Media también el hecho irrefutable de que el año 2010 está ahí. Juan Betancor manifiesta, con un pesimismo que no deseamos compartir, su convencimiento de que Canarias seguirá siendo una vil colonia después de esa fecha. "Creo que en el año 2010 no se va a conseguir la independencia, porque los parlamentarios que salen elegidos de Canarias son siervos al servicio de sus dueños españoles, y no canarios que luchan por su libertad", dice en la citada entrevista del domingo último. Debemos reconocer que hasta ahora ha sido así. Quienes se declaran nacionalistas -aquellos en las que tantas esperanzas habíamos depositado- nos han salido ranas. No es la primera vez que lo decimos ni, por desgracia, parece que será la última. Los nacionalistas de CC, salvo dos o tres, nos han defraudado profundamente. Pero también han desilusionado a su gente. Lo ha hecho doña Ana Oramas con su política pura. Lo hizo en su momento Luis Mardones, siempre con la manta esperancera en el maletero del coche para presentarse como canario de alcurnia en cualquier romería que encontrase camino de su casa. Lo están haciendo en Madrid el señor Perestelo y el otro señor, incapaces, por miedo o por no sabemos qué, de ponerse de pie sobre sus asientos, el uno en el Congreso de los Diputados, en el Senado el otro, y proclamar abiertamente que los canarios no queremos seguir siendo españoles de segunda o tercera, porque no queremos ni siquiera ser españoles. Es que en realidad no somos españoles. ¿Cuántas veces hemos de repetir que no somos españoles, aunque española sea nuestra lengua y nuestra cultura por la fuerza de una colonización que se prolonga ya seis siglos? ¿Cuándo van a enterarse los amantes de la españolidad de estas islas, los nacionalistas tibios y los timoratos de que esto no es España sino una colonia infame de la Metrópoli española, utilizada por los peninsulares para expoliarla y por el señor Zapatero para pasearse por ella como un virrey afrentando a los canarios con su presencia?

Sabemos, porque a veces también nos toca leer la hez de la prensa amarilla de envidia, que nuestras ideas no gustan. A unos cuantos periodistas al servicio de la tercera isla y de la Metrópoli -muchos de ellos demandados por esta Casa- les trae de mal traer que digamos lo que decimos. ¿Y qué decimos que tanto los enfurece? Decimos, y continuaremos manifestándolo mientras no veamos el día glorioso de que estas Islas formen un país independiente, que los canarios no somos siervos de nadie sino hombres y mujeres creados en libertad por Dios y destinados a vivir con libertad, porque la libertad es el don más preciado del ser humano. Muchos canarios que siempre han pensado así se han mantenido hasta ahora en un prudente silencio, pero eso se acabó. Cada vez son más los habitantes de esta tierra que toman conciencia de su condición de vasallos sometidos a intereses ajenos, y no quieren perpetuar la esclavitud ni un solo día más. La línea editorial de nuestro periódico molesta precisamente porque hemos sido capaces de despertar esas conciencias. Nos negamos a permitir que nuestro pueblo siga narcotizado. Por eso nos desaprueban, inclusive desde el Parlamento de Canarias, pero son incapaces de rebatirnos, de la misma forma que nadie ha podido demostrarnos que el "gran" le corresponda a Canaria. Se pregunta Juan Betancor cuánto nos devuelve la Hacienda española de los impuestos que pagamos en Canarias. "¿Por qué mendigar a España que nos devuelva algo de lo que a nosotros nos llevan?".

Esta pregunta demuestra, de manera irrefutable, una verdad que venimos poniendo de manifiesto en nuestros comentarios y editoriales, y que mencionábamos expresamente al comienzo de esta reflexión que hoy traemos a nuestros lectores: la conciencia isleña está despertando. El miedo a la libertad de opinión, aún latente, está desapareciendo. Los canarios ya no se conforman con estar en la jaula esperando a que llegue el peninsular y les ponga la lechuguita para que piquen, cuando la Metrópoli se lleva de este Archipiélago la parte del león. Acierta de nuevo Juan Betancor cuando dice que "los acomodados, los serviles, que ven al patrón (España) como al que tiene que agradecerles su vida, son los que frenan, los que ponen impedimentos, los que no quieren que llegue su mayoría de edad, su independencia. En este momento de crisis los problemas se pueden agudizar. No nos olvidemos de que nuestros convecinos africanos han conseguido muchos beneficios de la CEE y que Canarias no ha quedado bien parada".

Lo peor que nos podría pasar a estas alturas es que después de soportar 600 años de colonización española caigamos en las manos de Marruecos por la desidia de unos, el temor de otros y el amor por la españolidad de algunos. No olvidemos que sin independencia no tenemos ni aguas territoriales; estamos en las de Marruecos.

 Editorial de El Día, 25-08-2009