La historia la escriben los vencedores
El silencio de España, de sus partidos políticos
estatales PP y PSOE, de los medios informativos
españoles y, de forma especial, de las agencias de noticias, tanto la oficial como
las privadas, respecto a las voces cada vez más clamorosas que suenan en
Canarias para pedir la soberanía o la independencia de estas Islas, que es lo
mismo, resulta alto sospechoso; sospechoso y al mismo tiempo acusatorio de la
conducta de
Hoy, en una época de
rectificaciones y enmiendas históricas, se requiere de España que pida perdón
por lo que hizo. Sin embargo, nosotros no queremos ese perdón. Si realmente
quiere España purgar su ignominia, debe devolver a los canarios lo que les
robó. Tanto a los canarios descendientes de los aborígenes diezmados, como a
los resultantes del mestizaje de los supervivientes con los peninsulares que se
adueñaron de esta tierra, dominando a sus moradores y manteniéndolos en
cautiverio desde entonces. La mejor forma de pedir perdón, insistimos, es
restaurar lo rapiñado.
A los odiosos amantes
de la españolidad los reta la historia y los retamos nosotros a que demuestren
que lo que hemos estado diciendo durante los últimos meses, y que hemos
repetido en las líneas anteriores, es falso, engañoso y exagerado. Y a los que
dicen que ya han pasado seis siglos desde que se cometió la ignominia y hay que
olvidar, nosotros les decimos que el mundo es eterno desde su creación hasta
este momento: el recuerdo, la piedad, el amor hacia los nuestros también es
eterno. Pasarán no seis sino seiscientos siglos sin que olvidemos el martirio
de este pueblo. ¿No duró ocho siglos la dominación islámica en
Repudiamos a los
amantes de la españolidad, a los amantes de los asesinos y a otros colaboradores
de quienes nos sojuzgan; colaboradores que se disfrazan con la máscara de
demócratas. Repudiamos a los que lo han hecho en el pasado y a quienes lo hacen
ahora. Del pasado nos vienen a la memoria nombres como Luis Mardones, Néstor
Padrón y Rubens Henríquez (todos ellos políticos de la transición y la etapa
constituyente de la democracia española que sucedió al franquismo, y que para
nada le sirvieron a Tenerife), aunque no son los únicos ni fueron los últimos.
En la actualidad realizan la misma tarea Ana Oramas,
José Luis Perestelo y Alfredo Belda.
Y entramos en materia
para acabar rápido. Casi todo el texto que sigue en este editorial es
reproducción de las manifestaciones hechas el domingo último a nuestro
periódico por Aureliano Montero[1]: un independentista de pro,
un hombre honrado, patriota y de conciencia isleña; una persona solidaria con
sus semejantes canarios, situado a distancias galácticas de la "conseguidora" Ana Oramas y
José Luis Perestelo en el Congreso de los Diputados,
y de Alfredo Belda en el Senado. La misma distancia galáctica que media entre
nuestro Archipiélago y
Acierta también este
insigne nacionalista cuando afirma que "la historia la escriben los
vencedores. Y cuando un pueblo no conoce su historia no se crea una verdadera
conciencia de independencia. Aunque no se trata de pedir la independencia, sino
de recuperar la independencia que ya teníamos, lo cual nos diferencia del resto
de las llamadas comunidades autónomas del Estado. Y desde luego, los sucesivos
gobiernos autónomos, con CC, no han hecho nada por crear esa conciencia".
Totalmente de acuerdo, de forma especial con lo afirmado respecto a CC.
Ya que hablamos del
nacionalismo oficial canario, queremos dedicar las últimas líneas de este editorial
a los hijos de don Victoriano Ríos; esos chicos que siguen diciendo tonterías
sin recato alguno. Durante años, su padre, don Victoriano, ha estado
"engañando" a los canarios como senador y como presidente del
Parlamento autonómico con el asunto de las aguas jurisdiccionales y la
asimetría a la hora de trazar la mediana con Marruecos, a sabiendas de que
Canarias no podrá reclamar ni un vasito de esas aguas mientras no sea un país
independiente. Ahora Fernando Ríos, hijo de don papá, afirma, en calidad de
secretario general de
Lo dicho: el niño
sigue la senda de su papá con la majadería de las aguas archipielágicas
y del Estatuto. En cuanto a lo primero, sobra decir algo más tras lo explicado,
como lo han hecho anteriormente muchos, por Aureliano Montero. Respecto al
Estatuto, ¿cuántas veces deberemos repetir que no nos sirve para que se enteren
de ello los Ríos, tanto el padre como los hijos? El Estatuto no vale porque no
hay aguas que defender. […].
Quisiéramos seguir, y
deberíamos hacerlo, pero el espacio disponible nos limita. No obstante, hay más
días para seguir alumbrando a nuestros lectores, a los tinerfeños y a los
canarios en general con la luz de la libertad, pues queremos que sea la
libertad la que domine este Archipiélago, y no los partidos estatales con la
colaboración de la paraestatal CC.
Ah, sí, algo más por
hoy: el único estatuto que se nos impondrá a la fuerza, si antes no somos una
nación independiente y soberana, será el que pacten para los canarios los
gobiernos de España y Marruecos para la entrega del Archipiélago como provincia
especial del reino alauí. Al tiempo.
Editorial de El Día, 26-05-2009
[1]Cualquier
estado independiente tiene derecho a delimitar sus fronteras