¿Para qué sirven los diputados canarios en Madrid

 

A nuestras Islas sólo le son útiles los partidos independentistas o soberanistas. Los que sean capaces de conseguir la condición de país libre para nuestra tierra; la condición de Estado soberano, con bandera y asiento en las instituciones internacionales.

¿Para qué le ha dado Tenerife y Canarias el voto a los parlamentarios del PP y del PSOE? Es una pregunta que nos hemos formulado varias veces, y cuya respuesta hemos ofrecido de acuerdo con nuestro criterio, también varias veces, a nuestros lectores. Hoy nos parece oportuno iniciar este editorial con el primer párrafo del artículo publicado el pasado domingo por nuestro columnista habitual José A. Infante Burgos. Leemos: "Nos interesa mucho, lo que sucede en Europa. Como punta del iceberg debemos saber que estamos en cifras de parados del 23%, un 7% más que las medias del Estado y más del doble que las estadísticas europeas al respecto. Podemos acercarnos al 30% y la gente de fuera no se explica cómo seguimos sin inmutarnos. Aguantando estoicamente el temporal. Siempre hemos sido muy sufridos. Aparentemente tan felices, me pregunto qué pensarán al respecto todos esos diputados del PSOE y PP que hemos elegido y que están en Madrid. Son un montón. Si no pueden decir nada, porque no les dan permiso, pues que hagan señas o huelgas de hambre. ¡Qué sé yo! Aunque sea molestar o protestar. Incomodar, hacer bulla".

El único comentario que cabe añadir por esta nuestra parte es decirle a esta isla, con la voz alzada para que todo el mundo nos oiga, "¡Tenerife, los partidos estatales nos están engañando!". El otro partido que gobierna en coalición con el PP, es decir, Coalición Canaria, es una formación política, si no estatal, sí al servicio del Estado español. En el caso de que alguien lo dude puede preguntarle a Ana Oramas, a José Luis Perestelo y a Alfredo Belda, que se dan codazos entre ellos para ser los primeros en apoyar al presidente del Gobierno de la Metrópoli. Qué triste actitud la de estos nacionalistas. En realidad, CC es un partido estatal porque no sirve a los intereses de Canarias, sino a los del Estado que coloniza a Canarias. A nuestras Islas sólo le son útiles los partidos independentistas o soberanistas. Los que sean capaces de conseguir la condición de país libre para nuestra tierra; la condición de Estado soberano, con bandera y asiento en las instituciones internacionales. Con estos bueyes viejos y enfermos ya no podemos arar.

Por otra parte, volvemos a recordar que Canarias tiene sobre su cabeza una espada de Damocles: en el momento menos pensado, pasaremos a ser propiedad de Marruecos. ¿Alguien cree que Marruecos nos tiene en sus mapas porque sí? Si alguien lo cree, se equivoca. El monarca alauita tiene sus ojos puestos en nuestras Islas, al igual que los tenía su padre. No obstante, su padre, Hassan II, que hizo cuanto le dio la gana con España porque con los gobiernos débiles de España cualquiera hace lo que le da la gana, tenía que resolver primero un asunto pendiente. Tenía que anexionarse el Sáhara.

Bastó un golpe audaz en el momento oportuno, como fue la Marcha Verde con el caudillo moribundo, para que los españoles saliesen de aquel territorio corriendo como conejos. Con Canarias ocurrirá igual, como decimos, cuando le plazca a Mohamed VI. El día que Rabat quiera se anexionará las Islas sin necesidad de conversaciones previas. Le bastará -lo repetimos una vez más- con aplicar el Derecho Internacional. Es decir, ocupará Canarias de oficio. Plantará su bandera en los edificios e instituciones del Archipiélago sin que nadie se lo pueda impedir. Cambiará el nombre de nuestras calles, cerrará nuestras iglesias, cambiará los profesores en las escuelas y nos obligará a llevar el distintivo marroquí en la solapa.

Afortunadamente, tenemos en nuestras manos la solución. Una solución que es la soberanía. Porque también de oficio, antes de que termine el año 2010, España deberá cumplir la resolución 1.514 del Comité de Descolonización de los Pueblos, perteneciente a las Naciones Unidas, porque la firmó.

Nos queda un año y nueve meses para ser una nación. Sin embargo, esa premura de tiempo no impide que sigan sesteando los miembros de los cínicos partidos estatales, empeñados en que Canarias continúe siempre como la ignominiosa colonia que es en la actualidad. Esos políticos nos han engañado. Quizá nuestros descendientes les pidan cuentas por lo que han hecho. Quizá les exijan responsabilidades por la dejación que han hecho de Canarias y, sobre todo, por la deserción mucho mayor que cometerán cuando Marruecos manifieste abiertamente que estas Islas son suyas. Esos políticos canarios que militan en partidos estatales y que, en consecuencia, obedecen las consignas de Madrid y de Las Palmas, nos dejarán en manos de Marruecos con el consentimiento de España.

Lo repetimos: hemos de acceder a nuestra autonomía de oficio. No podemos esperar a que se unan los grupúsculos nacionalistas para hacer este planteamiento perentorio, porque eso supondría aguardar otros seis siglos hasta ser libres. Una autonomía que no implica el paso previo de la autodeterminación, porque estas Islas ya estaban autodeterminadas antes de que las conquistaran los castellanos. Lo señala perfectamente Ánghel Morales, escritor y periodista, en la entrevista publicada por EL DÍA el domingo último[1]. "Si hoy se convocara un referéndum de autodeterminación, lo perderíamos". Lo perderíamos por goleada, añadimos nosotros. Como dicen los chiquillos, el temor es libre. Acierta Morales cuando afirma que "muchos líderes históricos deben dar el paso a gente que no esté quemada". No obstante, discrepamos de su opinión respecto a que los independentistas canarios deban partir de lo que los une, no de lo que nos separa.

Decir eso es lo mismo que no decir nada. Insistimos: no podemos esperar más tiempo. Ni siquiera para que se produzca la unidad del nacionalismo. De oficio, la ONU, la OUA y también la Unión Europea, a la que habrá que convencer de que ni Canarias, ni las Antillas francesas, ni Guayana ni la Polinesia son regiones utraperiféricas europeas y, por consiguiente, sus habitantes no son personas de ínfima categoría u objetos curiosos, a los que se tolera en ciertos hoteles e instituciones porque no queda más remedio. Los canarios y los habitantes de esos territorios, como decimos, sólo poseen en la actualidad la consideración de simples indígenas. Con la soberanía, con la libertad, podríamos ser nacionales de la nación canaria, como decimos, con bandera y asiento, y también dignidad en los foros internacionales. ¡Despierta, Canarias, o un día te despertarás como provincia de Marruecos!

En una de las preguntas que se le formula a Ánghel Morales, el periodista le pregunta por Juan Manuel García Ramos y su criterio de que la soberanía debe decidirla el pueblo. Con nacionalistas como García Ramos no vamos a ninguna parte. Seguiremos otros seis siglos esclavos de los peninsulares. Nos preguntamos qué servicio le han prestado a las Islas algunos líderes políticos "históricos", entre los que nos permitimos citar a Manuel Hermoso, Victoriano Ríos, Adán Martín, Jerónimo Saavedra, José Segura, Néstor Padrón, José Manuel Soria, Cristina Tavío, Juan Carlos Alemán, Fernando Fernández (famoso en todo el mundo por haber puesto en marcha su propia moción de censura), Luis Mardones, "Paquita" Luengo (objeto de versos coñones), María del Mar Julios (la vampiro de la sangre tinerfeña) y tantos y tantos engañadores y vividores a costa del pueblo canario. ¿Qué servicio le están prestando a Canarias los desconocidos diputados en Madrid del PSOE y el PP, así como los conocidísimos Alfredo Belda, José Luis Perestelo y Ana Oramas, la Niña de la política pura?

En cambio, sí le presta un servicio muy sacrificado a Canarias Paulino Rivero (hasta que lo aburran porque no le hacen caso), así como Antonio Cubillo, José Luis Concepción, Manuel Díaz y tantos patriotas de verdad que están luchando por el Archipiélago a pecho descubierto. Desde aquí los exhortamos a que redoblen sus esfuerzos contra esos simpatizantes de la españolidad; contra quienes siguen sintiendo miedo a la fuerza, narcotizados por la Metrópoli; narcotizados por tantos y tantos tranquilizantes que favorecen a España.

 

[1]Los independentistas debemos partir de lo que nos une

Editorial de El Día, 7-04-2009