No persistamos en el absurdo de ser españoles y europeos

 

Ayer concluimos nuestro comentario manifestando que no queríamos aventurar nada sobre las elecciones europeas porque tanto ellas como Europa nos quedan muy lejos. No seamos bobos; no nos engañemos a nosotros mismos; impregnémonos de la certera certeza de que no somos españoles y, por lo tanto, tampoco europeos. Cualquier europeo, cualquier español o española que nos oiga decir que somos españoles, se reirá de nosotros y nos calificará como mínimo de personajes mínimos; de pretenciosos, de isleños, de indígenas. Los habitantes de Madeira son isleños madeirenses y no ciudadanos portugueses, aunque digan los historiadores y geógrafos que estas islas estaban deshabitadas cuando fueron ocupadas.

Una isla es distinta a un continente, salvo en tres casos concretos en los que un territorio insular es tan grande que se asemeja más a un continente que a una ínsula. Hablamos de Groenlandia, de Gran Brertaña -de la que queda aislada Europa cuando el mal tiempo impide la navegación por el canal de la Mancha; ironías de los británicos-[…].

Dejemos el "gran" y Europa. Antes de acabar queremos llamar la atención de nuestros lectores sobre dos asuntos. Uno, el artículo publicado ayer en nuestro periódico por el doctor en Medicina Juan Jesús Ayala. En él advierte del riesgo que corremos ante las pretensiones expansionistas de Marruecos, si antes no nos constituimos en una nación soberana. "Marruecos ha firmado un acuerdo con la empresa irlandesa San Leon Energy por el cual le otorga la propiedad temporal de una franja territorial de 6.000 kilómetros cuadrados alrededor de Tarfaya para que explote y extraiga material bituminoso", escribe Ayala. "Con este acuerdo, lo que está claro, aunque no para los firmantes, es que parte de esa franja pertenece al Sáhara Occidental, actualmente en litigio político-administrativo, pendiente aún por la ONU de buscar una adecuada solución entre Marruecos y los representantes del pueblo saharaui". Luego añade el presidente del PNC en Tenerife lo siguiente: "Es de desear que esto se circunde a los alrededores de Tarfaya, y que los representantes del pueblo saharaui tomen buena nota de ello y exijan, una y otra vez, allí donde sea posible, que se les reintegre lo que les pertenece. La duda, siempre la duda, estará, y qué pasará si esas pretensiones alauitas siguen avante y se presentan en las costas de Lanzarote y Fuerteventura". Pasará, añadimos nosotros, que el día menos pensado tendremos la chilaba a los pies de la cama para que no salgamos a la calle sin ella. Don Paulino, usted puede ser el hombre. Dé el paso y haga lo que debe hacer. No tema por su futuro, porque no lo van a fusilar. Plantee nuestra independencia en La Moncloa; pida audiencia en La Zarzuela y haga lo mismo. De esa forma entrará en la historia y el pueblo canario lo recordará eternamente.