¿Un ejército de ocupación? ¡Por favor!

 

JOSÉ M. CLAR FERNÁNDEZ

 

EN EL COMENTARIO que publicó EL DÍA en su edición del pasado 8 de enero, bajo el título "Un Ejército que admiramos con temor", el autor del mismo, además de ensalzar las virtudes que concurren en el Ejército español -reconocimiento que siempre ha dispensado la dirección de este periódico, justo es decirlo- al referirse a las Fuerzas Armadas (FFAA) que guarnecen las islas de este archipiélago, las califica como "tropas de ocupación". Asimismo, dice: "Si estas Islas son españolas es porque están aquí las tropas". Expresiones que, desde luego, no puedo compartir por considerarlas no sólo improcedentes, sino contrarias a Derecho.

Veamos. La Constitución Española (CE) asigna a las FFAA un puesto entre los pilares básicos que sustentan el orden constitucional y las vincula al sentido mismo del Estado, que el rey (q.D.g.) representa. En su artículo 8, dentro del título preliminar, les encomienda la misión de "garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional". O sea, la razón de ser de los Ejércitos españoles es la salvaguarda de los intereses nacionales.

El comentarista de EL DÍA al que me estoy refiriendo en este artículo, cuya identidad desconozco, parece retrotraerse al siglo XV al calificar al Ejército como "de ocupación". Palabra que implica un acto de fuerza que en el actual momento y circunstancias resulta improcedente. Conviene no olvidar que la CE fue aprobada por la mayoría del pueblo español. En Canarias, la aceptación fue del 91,9% de los canarios, el porcentaje más elevado de todas las comunidades autónomas.

La aceptación del texto constitucional por la mayoría de la población canaria solo tiene una valoración: que el pueblo soberano de estas islas está conforme y acata dicha norma suprema y fundamental del ordenamiento jurídico de España y de la convivencia de los españoles entre sí, ya que garantiza los derechos que afectan a su ámbito personal y patrimonial, a la vez que establece los deberes que les corresponden como miembros de una sociedad constitucionalmente organizada.

Aunque algunos canarios se proclamen soberanistas o independentistas y, por lo tanto, no españoles, no ocurre así con la gran mayoría de la población de estas islas, que se siente española y canaria, está orgullosa de su nacionalidad así como de sus FF.AA. por considerarlas parte de sí misma, como viene demostrando cada vez que las tropas se hacen presentes en algún acto militar, cívico-militar, religiosos, catástrofe, etc., vibrando de calor y entusiasmo al ver desfilar a los soldados: el 6 de enero, festividad de la Pascua Militar, frente a Capitanía General; aniversario de la victoria española ante el contralmirante Nelson; acompañando al Cristo de La Laguna, colaborando en la extinción de incendios forestales, inundaciones, etc. ¿Alguien en su sano juicio cree que estas tropas que se hallan en estas Islas son tropas de ocupación? ¿Quién o quiénes temen a estos ejércitos? Solo aquellos que tengan una mentalidad distorsionada pueden pensar que el Ejército español hace méritos para ser temido y, consecuentemente, odiado por la población. ¿Pero en qué país vivimos?

Tanto el Ejército como los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, al igual que ocurre en cualquier país democrático y en un Estado de Derecho, tienen sus misiones o cometidos perfectamente definidos y delimitados en la legislación española, por lo que las Islas Canarias, al formar parte del territorio nacional -y recalco lo de al formar parte- no es porque aquí estén las tropas y los agentes del orden, sino porque el pueblo soberano así lo quiere, guste o no guste a los independentistas. Los ejércitos y la Policía no están para reprimir a la población.

Los canarios, en general, son y se sienten españoles y no porque lo diga la CE, ni porque lo imponga la fuerza de las Fuerzas, sino porque es un sentimiento hondo que brota del fondo de sus corazones y de sus inteligencias.

En democracia siempre debe prevalecer la idea y el bien general porque el pueblo es soberano, así lo quiere y así ha de ser. Tratar de imponer una ideología, una forma de pensar o actuar, o desvirtuar una realidad es propio de personas autoritarias que no aceptan las reglas del juego democrático.

Que cada uno piense u obre como le dicte su conciencia, ese es su derecho, pero sustentar sus argumentos con falsedades es indigno, venga de quien venga.

Reproducido del periódico El Día, 17-02-2011