EL AGUA MOJA
Por Antonio Caballero
Lafaurie
descubrió de repente que la apertura del mercado colombiano a los lácteos
europeos iba a arruinar a decenas de miles de productores colombianos.
A diario tuve que vivir en Haití las
consecuencias de la pérdida de la capacidad de producir comida de la
agricultura local. ¿Quién se queja de este modo? ¿Algún damnificado del
reciente terremoto que azotó el país? No. El que se queja es nada menos que
Bill Clinton, enviado especial de las Naciones Unidas al pequeño país
destruido. Y responsable hace algo más de una década, cuando ocupaba el cargo
de Presidente de los Estados Unidos, de otro terremoto más sutil, pero
igualmente demoledor: el tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y
Haití. Ese tratado, anunciado como un gran triunfo de la libertad, arruinó la
capacidad de producir comida de la agricultura haitiana al poner a competir los
productos locales con otros más baratos importados de los Estados Unidos, cuya
potente agroindustria goza además de inmensas subvenciones del gobierno. Al
mirar ahora las cosas desde el lado de los haitianos, y sobre el terreno,
Clinton hizo ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado una insólita
confesión de parte sobre ese acuerdo comercial:
—Fue muy bueno para mis granjeros de
Arkansas, pero muy malo para Haití. Descubrió que el agua moja.
Desafortunadamente, un poco tarde para los haitianos.
Un terremoto económico como ese que
padeció Haití es el que nos deja a los colombianos en herencia Álvaro Uribe con
su propio Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. El que por orden
suya sus negociadores y las mayorías uribistas del
Congreso firmaron 'rapidito' y en condiciones aún más abyectas
que las exigidas por la poderosa contraparte, pese a lo cual el Congreso
norteamericano se ha resistido hasta ahora a refrendarlo alegando -como si eso
le importara de veras- el maltrato sufrido por los sindicalistas en Colombia.
Ese TLC es tan dañino para Colombia -y tan
beneficioso para los granjeros de Arkansas- como es dañino para Colombia y
beneficioso para los agroindustriales europeos el TLC que los negociadores de
Uribe acaban de firmar con la Unión Europea. Tan malo es este que se ha dado
cuenta de sus peligros incluso alguien tan ciegamente uribista
-y hasta uribitista de Uribito-
como es el presidente de Fedegán, el doctor José
Félix Lafaurie. El cual, de visita en Bruselas en los
días en que se firmaba el tratado, descubrió de repente que la apertura del
mercado colombiano a los productos lácteos europeos iba a dejar en la ruina a
decenas de miles de pequeños productores de leche en Colombia. E incluso a los
pocos grandes. Esos mismos grandes que Uribito, como
ministro de Agricultura, pretendió proteger de los pequeños obligando a estos a
imposibles inversiones para pasteurizar su leche cruda por razones
presuntamente de higiene. Por lo visto Lafaurie le
comunicó su descubrimiento al Presidente, y Uribe -según contó la prensa- se
puso entonces a llamar por teléfono a Bruselas para ver si le permitían
modificar las condiciones que sus enviados habían firmado 'rapidito' y sin
mirar.
Es que aprenden tarde. Cuando los moja el
agua.
(No quiero ni pensar en la sorpresa que se
van a llevar el doctor Lafaurie, y Uribito, y a lo mejor el propio Uribe, cuando descubran que
buena parte de los quesos europeos que ahora entrarán libremente a Colombia se
hacen con leche cruda).
Viernes 2 Abril 2010