El club del embudo
José A. Infante Burgos
Aun a pesar de todo,
se acaba y llega un nuevo periodo en el calendario gregoriano. El año que
finaliza será recogido en los seguimientos futuros por haber representado la
confirmación aterradora de una crisis mundial no bien evaluada y claramente
subestimada por algunos gobiernos en el año 2008, con retrocesos acusados de
los PIB en la mayoría de los Estados occidentales y con un tremendo bocado en
los tejidos productivos más deseosos de convertirse en avanzadillas de la
confianza. El orden financiero, culpable del quebranto, ha impuesto en el día a
día un cepo difícil de sortear. Los empresarios y los proyectos son ahora
formas de vida en peligro de extinción y ya nadie apuesta demasiado a que la
demanda cubra los gastos de nuevas aventuras. Se han perdido muchos patrimonios
acumulados, se han perdido valores y se ha perdido una buena oportunidad de
transmitir "futuro" a nuestros hijos.
Lo bueno es que quizás
en esta tierra hemos podido saborear sin anestesias el amargo perjuicio de la
dependencia económica y la carencia absoluta de motores. Tenemos sólo las
migajas sobre un sector turístico que recoge los vaivenes planetarios y nos los
traduce a modo de modelo de camarero. Lo bueno es que quizás hemos podido
darnos cuenta de la necesidad de defendernos activa y rabiosamente en todos los
foros posibles con la consecuencia política de no enviar más fardos al
parlamento de un Estado que sigue considerándonos segunda o tercera división.
Un ejemplo es el
tomate o el plátano. También las frutas y hortalizas. Si estamos en una
Comunidad que nos coloca todo (abstrayéndonos del mercado inmobiliario, más del
80% de lo que se consume en Canarias es riqueza para otros territorios), normal
sería que, siendo productos agrícolas deficitarios para la UE, en tomate y
plátano se consumieran sobradamente los nuestros.
¿Qué clase de club es
este? Lo tuyo no se toca, y al contrario, se incrementa, mientras que para lo mío
me cuentas la necesidad de ofrecer a los Estados cercanos la posibilidad de
combatir su pobreza para que no haya inmigración, con más cupos y rebajando
aranceles de lo que era parte importante del sustento local. ¡Que fabriquen
aviones en Marruecos!
Poco a poco, vamos
perdiendo posibilidades de competir. Ahora con un nuevo tratado que, en el caso
del tomate, aumentará el cupo de importación del país africano. Para la campaña
2009-2010, la cantidad teóricamente aceptada de 225.000 toneladas, según muchas
asociaciones, fue superada ampliamente en detrimento siempre de la producción
canaria; para 2010-2011, se ha establecido en 233.000 toneladas; para
2011-2012, podrán introducir 241.000 toneladas; para 2012-2013, 249.000
toneladas; y para 2013-2014, 257.000 toneladas, con lo que, sabiendo que se
saltan estos límites, el camino es la destrucción del sector en las Islas.
Con el arancel del
plátano ha estado sucediendo exactamente igual en los últimos años. Bruselas
descabalga poco a poco las protecciones a lo que se supone es su propia
producción concentrada en unos colgajos -por lo visto, para ellos- que ahora
llaman RUP (Regiones Ultraperiféricas) con la oficina
de información, gestión y apoyo situada en Las Palmas en un sonido corto que
podría derivar hacia "ruphabitantes", entre
los cuales los canarios seríamos mayoría. Se nos coloca en una especie de
popurrí razonable con Azores y Madeira e irrazonable con los cuatro supuestos
departamentos franceses de ultramar: Guadalupe, Guayana Francesa, Martinica y La
Reunión, la colectividad de ultramar francesa de San Martín y la de San
Bartolomé.
Lo que se negocia en
las Rondas de Doha, desde el punto de vista europeo, es liberalizar los
sectores agrarios, siendo más flexibles, si cabe, en todo lo que es semitropical, como lo nuestro, para garantizar, a cambio,
el amplio surtido de productos industriales y muy tecnológicos que Europa
quiere cada vez más enchufar, copando mercado planetario.
Lo bueno es que los
habitantes de este archipiélago, sobre todo en sus capas más jóvenes (21,04% de
Publicado en El Día, 22-12-2009