EL
MAMATRETO
Cándido Quintana *
Pocas veces
una edificación ha dado tanto que hablar y ha suscitado tanta polémica y
controversias. Creo que esta es la tercera vez que escribo un artículo expresamente
sobre el mamotreto, aunque indirectamente me he referido a él en decenas de
ocasiones. Lo de Las Teresitas, así titulaba unos de mis artículos, es de
Juzgado de Guardia como se diría coloquialmente, no en vano ha llegado hasta la
máxima Instancia Judicial, el Tribuna Supremo, pero el mamotreto, aunque sea
prácticamente un apéndice de esa deleznable y mal oliente trama, representa,
por si sólo, un acto de desfachatez política intolerable a la que hay que
ponerle freno y punto y final.
Hace ya más
de dos años, un grupo de ciudadanos, entre los que me encontraba, pusimos el
grito en el cielo, al ver como crecía una horripilante edificación en un lugar
que no correspondía, dentro de la propia arena de la playa, y lo denunciamos
públicamente. Carecía del preceptivo cartel de obras y, supuestamente, de
licencia de construcción. Por otro lado, considerábamos y lo seguimos
manteniendo, que parte de ella estaba ocupando el dominio público. En aquel
momento, yo la asimilé a una garrapata, por como engordaba día a día y por la pretendida
finalidad real que perseguía, chuparle la sangre al Pueblo al obligarle a pagar
por estacionar en su única playa, algo que jamás se había sucedido. El
resultado de nuestra denuncia pública no se hizo esperar, mayor celeridad a la
construcción, tratando, a todas luces, de imponer una política de hechos
consumados, esta vez con nocturnidad y alevosía.
En aquel
momento, nuestro objetivo era parar la obra, para que no se gastara ni un euro
más de nuestros dineros en ella, algo que hoy hubiera hecho mucho más sencillo
y barato su demolición. Es evidente que a partir de aquí, hay muchas culpas con
nombres y apellidos de que se haya llegado al extremo que se ha llegado y de
que se haya gastado la millonada que se ha gastado, aún las gravísimas penurias
que están atravesando muchas familias isleñas. En ningún caso, el gasto
realizado indebidamente debe otorgarle carta blanca al mamotreto para lograr su
legalización, simplemente no procede. Esta edificación no tiene razón de ser ni
obedece a necesidad perentoria alguna, sino todo lo contrario. Pero la cosa no
debe quedar sólo ahí, esos culpables deben dar la cara y asumir sus
responsabilidades, como pasa en cualquier País democrático, los derechos y
obligaciones nos afectan a todos, y nadie, ni siquiera la clase política, puede
quedar al margen.
Hay que recordar
que la línea de deslinde marítimo-terrestre, de la que tanto se ha quejado el
Ayuntamiento de Santa Cruz, aún no es firme, hay varios contenciosos en curso
que podrían prosperar. Si esto sucede, esa línea de ciencia ficción, que Costas
se sacó de la manga y que increíblemente en una playa llana al llegar al
mamotreto adopta unas formas extrañas, con el claro objeto de dejarlo fuera del
dominio público, volvería a su sitio natural, por lo que con la aplicación de
Ahora la
pelota salta de un tejado a otro, que si el de Gerencia de Urbanismo o que si
el de Obras, pero como los tejados son habitualmente inclinados, seguramente
caerá en otro, en el que se tercie. Esto no debe influir en el fondo de la
cuestión, responsabilidades políticas y personales aparte, como primera medida
y de forma urgente, procede demoler el mamotreto. Espero que por el bien de
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