El embrollo del Sahara Occidental

 

 

Juan Jesús Ayala

 

No es fácil dilucidar, así de entrada, lo que acontece en ese territorio dejado de la mano y en vergonzante estampida por España desde el año 1975. Se sabe de acuerdos y más acuerdos, de resoluciones de la ONU, de la influencia de Francia en el conflicto y la salida de Mauritania del tripartito tras una aguda maniobra política de Hassan II para que este país dejará de obtener beneficios territoriales, y de la siguiente pujanza e insistencia de Marruecos por parte del rey Mohamed VI para continuar en el empeño de su anexión del Sahara Occidental y que para esa zona está destinado el nomenclátor de "provincias hermanas del sur".

Pero entre este galimatías que no sabemos en qué va a terminar -basado en lo que nos dejan ver-, porque efectivamente hay movimientos externos de apoyo a la causa saharaui, como el de los activistas canarios recientemente apaleados por la policía marroquí, que por lo que se ve no se anda con chiquitas; activistas que con su presencia y proclamas reivindican la verificación del deseado referéndum de autodeterminación, mientras, y por otro lado, muchos saharauis permanecen alineados con las propuestas marroquíes, lo que ha motivado que cientos de antiguos polisarios formen parte de la administración alauita.

Como se podrá ver y ante un censo muy complicado de elaborar y de evaluar, porque si en la época en que se proponía éste la ONU cifraba en 75.000 las personas que podían optar a él con su decisión, hoy por parte marroquí se propone un censo mucho más numeroso e integrado por saharauis que viven en territorio marroquí. O sea, que hablando de números y de opciones, el embrollo también está patente, lo que hace difícil entenderse para poner la cuestión del referéndum en su justo sitio.

Y entre tanto, sucede que la riqueza en fosfatos que se encuentra en el Sahara es muy apetecida por muchos, lo mismo que esas bolsas de hidrocarburos incrustadas en la plataforma marina saharaui y que, por supuesto, Marruecos no va a dejar que se le escape de sus dominios por nada del mundo, y más ahora cuando científicos han dictaminado que la potencialidad que posee el desierto del Sahara es capaz de suministrar energía a más de la mitad del planeta. Ante esto se deduce que de aquel desierto pateado por tribus nómadas y de los posteriores asentamientos poblacionales en lugares concretos y auspiciados por el colonialismo francés y español, hoy se ha descubierto que es un territorio mucho más rico que entonces, por cuyo motivo tiene más de un pretendiente.

Y Marruecos es, por supuesto, su novio preferencial, aunque tampoco debemos echar en el olvido y meter en saco roto la exquisita amistad del amigo norteamericano de los EEUU, que, aparte de facilitar armas sofisticadas de alta precisión, barcos y aviones para luchar -dicen que en contra de la amenaza del terrorismo talibán norteafricano-, lo más importante para ellos es el control de ese espacio territorial, el petróleo y su distribución, y que en ese terreno no se meta China, como así lo intenta.

En este embrollo del Sahara Occidental, lo que sí parece cierto, porque salta a la vista, es el fracaso, uno más, de la ONU en aras de darle solución a la cuestión saharaui. Marruecos, por su parte, y desde 2004, se afianzó en su posición y se opuso al plan Baker, y no acepta de esta o aquella manera referéndum alguno que plantee y pueda desembocar en la independencia del Sahara, por lo que el plan del enviado de la Comisión de la ONU se fue al traste. Tras este fracaso se nombra a un nuevo negociador, Van Walsum, el cual centró su estrategia en proponer y facilitar un acercamiento entre ambas partes, el Polisario y el Rey alauí. Pero por más esfuerzos que se han puesto en esta cuestión, se terminó con la presentación de Marruecos de una iniciativa para negociar un Estatuto de Autonomía de la región del Sahara Occidental. La ONU acogió esta propuesta con cierta esperanza, pero el Polisario abogaba por la legalidad y por la implantación de un referéndum de autodeterminación. Y en eso se está, con tiras y aflojas.

Marruecos, según noticias, ha metido en el Sahara mucho dinero, y así, en el ejercicio de 2009, cerca de 1.200 millones huyendo de lo calamitoso que fue la guerra con el Polisario, que costó más de 95.000 millones de euros, lo que ha depauperado las arcas del reino. Y con esa puesta de dinero este embrollo del Sahara Occidental, y como conclusión -tal vez nefasta y pudiera ser hasta vergonzante- acontece que muchos saharauis han decidido formar parte de la administración marroquí tanto política como judicial.

En 2006, más de cien personas originarias de todas las tribus del Sahara aceptaban formar parte del nuevo organismo llamado Corcas, que es una especie de consejo consultivo de notables que pretende ser la nueva Yemaa. En su arranque fue presentado como un genuino instrumento saharaui cuya misión sería producir propuestas y pilotar el proceso previsto para la autonomía, reseñando que el Polisario no tenía la representación exclusiva del pueblo saharaui, pues ellos encarnaban otra sensibilidad identificada con la autonomía en el marco de Marruecos. Por supuesto, estos fueron tildados por el Polisario como traidores, lo mismo que cientos de concejales y algún que otro diputado que se alineó perfectamente con las tesis marroquíes.

Confusión, pues, apoyos internacionales bastantes, vueltas de espalda de la ONU a un pueblo dejado de la mano por la estampida española y donde las resoluciones legales no sirven para algunos, de ahí que lo que se puede barruntar en este embrollo es que, con la riqueza del territorio y con una población dividida, el Sahara terminará siendo provincia de Marruecos y Mohamed VI habrá dado un paso decisivo hacia la construcción de su imaginario del Gran Magreb norteafricano.

Y eso sí, enfrente, a pocas millas de distancia, Canarias, ajena a este embrollo, expectante y a verlas venir.