LA EMIGRACIÓN Y SU TRASCENDENCIA EN LA

HISTORIA DEL PUEBLO CANARIO (IX)

 

Andrés  García  Montes

 

En la última entrega se destacó el significativo alcance que el canario y su descendencia ha jugado en la formación y consolidación de la patria venezolana a través de un cúmulo de destacados personajes cuya labor y resaltante actuación ha sido recogida por la historia y de cuya trascendencia no escapa ni El Libertador, pues su abuela Doña Juana de Herrera era nieta quinta de Juana Gutiérrez, mujer guanche de Icod de los Vinos (Tenerife). Pero si bien esos personajes jugaron un papel tan importante y decisivo que la Historia no pudo ignorarlos, estimo que lo más importante y trascendente lo aporta esa masa anónima cuyos nombres no recoge la Historia pero cuya labor trascendente conforma la verdadera y auténtica historia de los pueblos, pues guste o no, son los pueblos los que hacen la Historia y no las reducidas y minúsculas castas dirigentes como a menudo se nos presenta y se pretende imponer.

Consciente de esta realidad, esta entrega tal como lo he prometido, va dirigida no sólo a esta última oleada emigratoria, sino también a esa masa anónima a través de cuya labor puede medirse  lo que nuestro pueblo canario ha venido haciendo a los largo de ese complejo y dilatado proceso que ha culminado en la formación y consolidación de este hermoso y digno país que se llama de acuerdo a la Constitución vigente: República Bolivariana de Venezuela.

La investigación más detallada y fehaciente sobre esa gigantesca e ignorada labor, se le debe al profesor canario Juan Morales González, quien a través de tres libros después de centenares de horas en largas entrevistas con los autores de los hechos, más sus observaciones en el medio, nos describe ese aporte digno de un mejor reconocimiento.

Los datos que vamos a proporcionar son tomados de sus libros a través de resúmenes y copias textuales, pues sobre esto muy poco o nada se ha publicado.

Conociendo que los acontecimientos que ocurrieron cincuenta años atrás, es bíblico en nuestra deformada memoria histórica. Comencemos por el espeluznante drama de la emigración ilegal que inicia esa oleada en la cual uno de cada tres canarios salió de su casa, casi todos con destino a Venezuela.

A la crisis perpetua en que ha vivido el pueblo canario desde que los blancos y “ civilizados” europeos nos conquistaron para regalarnos el pasaporte al cielo, se le unió la crítica situación generada por la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial, pero como si eso no fuera suficiente se le unió la férrea dictadura franquista. La dantesca crisis le impone a nuestro atormentado pueblo escribir una sobrecogedora página de nuestra historia.

La huída en veleros de 1948 al 1951 convertidos en infames negocios, manejados por los corruptos agentes del fascismo, ante la actitud del régimen de no dar pasaportes y obstaculizar la salida, aquellos atormentados héroes, hoy prácticamente olvidados, tuvieron que afrontar situaciones que hasta la imaginación se niega a aceptar.

Para tener sólo un aproximado de lo que vivieron miles de canarios, transcribo lo que el autor narra en su libro La Diáspora, sólo lo sucedido a uno de los veleros de las  decenas que cruzaron el Atlántico.

Han salido algunos trabajos sobre las experiencias vividas por estos desdichados. En Canarias se han publicado varias, aquí en Venezuela la mejor y más amplia que conozco es el extraordinario trabajo investigativo hecho por el compatriota Javier Díaz Sicilia, titulado, “Al Suroeste La Libertad”, inmigración clandestina de Canarios a Venezuela 1948-1951, donde le sigue la huella a 62 veleros y a unos cuatro mil aventureros. Los veleros que hicieron esa travesía fueron muchos más, pero la muestra de este excelente trabajo deja bien claro el drama que esto representó.

Para el mes de agosto de 1980, entrevistaba en la Ciudad de El Tocuyo, lugar donde residía el Compatriota José Suárez Perdomo, pasajero de uno de aquellos veleros “El Telémaco”. Poco después publiqué en la prensa dos artículos producto de aquella entrevista. De sus resecos labios, en medio de un profuso sudor y una mirada acuosa por la abundancia de lágrimas oí frases y palabras como estas: el tamaño de la nave era de 15 metros, 171 personas, 170 hombres y 1 mujer. Salen de la isla de La Gomera el 9 de agosto de 1950”… el 23 de agosto son sorprendidos por un huracán y su furia desmanteló la nave y el pasaje tuvo que encerrarse en la bodega en medio de una horrible promiscuidad, sin poder dormir, esperando por momentos la sacudida final que desintegrara la nave. La inmensa mayoría vomitaba ante las fuertes sacudidas del embravecido océano y el vómito era lanzado sobre su vecino debido al reducido espacio y el hacinamiento. Así estuvieron hasta el día 26 cuando pudieron observar los destrozos. Las olas habían arrastrado mantas, ropas, maletas, utensilios, sacos de papas, toda la sal y el carbón, el vinagre, la carne y 1.200 litros de agua potable. A partir de ese instante la situación empeoró y para comer tuvieron uno o dos días una magra ración de 6 papas diarias, lo que representó el final de los alimentos… Comienzan a presentarse los primeros síntomas de desesperación, la incertidumbre hacía estragos entre estos desdichados, el tormento de la sed hace sentir su influencia. Hay los primeros brotes de violencia… un nuevo huracán de corta duración arranca las velas reparadas, fue sucedido por una calma desquiciante. Pasaron 3 ó 4 días anclados… sin agua ni comida, los más desesperados comieron gofio lleno de gusanos con agua salada, otros rezaban en silencio reflejando en sus atormentados rostros la mueca del llanto pero sin soltar lágrimas. Otros parecían meditar. El capitán los reunió para someter a consideración de aquella asamblea la macabra propuesta de sortear a quien debía matarse para que los demás comieran, la reacción general fue de aprobación… hace una larga pausa para ordenar sus ideas y cuando levanta la cabeza y me mira de frente, observo que tenía los ojos enrojecidos, su voz tiembla cuando prosigue su espeluznante narración. Nuestros esqueléticos cuerpos y nuestra lastimada piel por el sol y por el salitre no podían soportar la acartonada ropa… bastó que uno se desnudara para que todos le imitaran, salvo la dama.

Era pues, tal el estado de deterioro sicológico a que habían llegado que ya no existía el sentido del pudor… comienzan las alucinaciones, algunos hablaban con personajes fantásticos creados por su imaginación y rogaban que le dieran el agua que su enajenada mente veía. Otros rogaban a sus esposas que les diera el agua sucia que veían destinada para el cerdo de la casa, otros arrodillados nombraban a sus seres queridos, otros maldecían la tentación de haber emprendido el viaje. En la noche del 31 de agosto ó 1° de septiembre cayó un chubasco. Todos se abalanzaron a lamer las barandas y las cuerdas para apagar la sed. Alguien desde la borda de aquel barco recogía en un plato agua de mar y la contemplaba tan cristalina en el marco de aquel recipiente, en un ataque de locura otro pasajero se lo arrebató y la bebió… para luego enloquecer por las fuertes reacciones que el agua salada le produjo. En ese instante el estado de deterioro de la conducta era indescriptible, pues pasar de un estado relativamente pasivo a la histeria era cuestión de segundos y de allí, al llanto desgarrador, para caer en un estado de completo abandono y aparente resignación era lo común…”. Estos pasajeros pudieron salvarse al ser vistos por el petrolero español “Campante Armería” quien les proporcionó una usurera ayuda, pues le lanzó al mar un garrafón de agua de menos de 20 litros, otro de arroz, otro de aceite y un tambor de gasoil y mientras estos desdichados le discutían tan usurera ayuda a los tiburones del Caribe, el buque se alejó después de decirles que estaban a 400 millas de Barbados. El agua apenas mitigó el tormento de la sed y el gasoil les sirvió para romper la inmovilidad y llegar a la Isla de Martinica, donde les prestaron auxilio, repararon el barco, lo llenaron de alimentos y los atendieron durante varios días, antes de seguir viaje a Venezuela, llevándose un imperecedero recuerdo del buen y humano comportamiento de las humildes gentes de Martinica, no así del orgullo e indiferencia de los blancos y “civilizados” colonialitas franceses que ostentan el poder.

Sirva lo narrado como muestra del sufrimiento y calamidades a que tuvieron que hacer frente los miles de canarios que en decenas de pésimas embarcaciones llegaron a Venezuela, aunque no todos tuvieron que afrontar tan dramáticas circunstancias, pero lo que no puede negarse es que el riesgo y la factibilidad de afrontarlos, dada las características del viaje, fue común a todos y el Telémaco no fue el único que afrontó tales calamidades.

Si bien los primeros veleros fueron bien recibidos otros que llegaron después lograron la legalidad a un costo muy elevado, veamos lo que nos cuenta el compatriota Jaime García Hernández, pasajero del velero Maripepa que fue recluido con sus compañeros un una perdida isla del Orinoco llamado Guasina que según el eminente científico venezolano Dr. Arnoldo Gabaldón estaba poblado por mosquitos transmisores de paludismo, amibas histolíticas productoras de la desintería amibiana, tifus, etc. Existe además, una mosca denominada vulgarmente Galofa, cuya dolorosa picadura ocasiona úlceras e hinchazón general del cuerpo. A ello hay que sumarle la gran cantidad de animales ponzoñosos como serpientes de cascabel, rayas, tembladores, jejenes, pulgas y numerosos tipos de insectos, entre ellos el temido chipo transmisor del terrible Mal de Chagas (tripanosomiasis) mal incurable. Afortunadamente allí estuvieron unos meses pues fueron puestos en libertad en 1949 y enviados a servir de braceros en centrales azucareras.

Veamos la narración de un  viaje a Guasina hecha por el canario Jaime García Hernández, un condenado que llagó a Venezuela en el velero Maripepa.

Leamos su espeluznante narración: “Zarpamos del Puerto de Guanta en el Estado Anzoátegui, rumbo al Golfo de Paria. Atravesamos el famoso pasaje Boca de Dragos entre Trinidad y Venezuela y, después de navegar las tranquilas aguas del golfo, enfilamos el caño Mánamo… el remolcador  navegaba pesadamente río abajo. A los cinco o seis días de viaje llegamos a la ciudad de Tucupita. El viaje fue agotador y la comida infame… cerca de Tucupita tuvimos otro percance: el remolcador embarrancó. Este contratiempo agudizó nuestro estado de ánimo y el desgaste físico de volver a transportar a hombros todo el material del remolcador grande a dos pequeños que consiguieron en la zona. Estas dos embarcaciones repletas, cumplieron la última etapa de nuestro fatídico viaje hasta las “Puertas del Infierno de Guasina” “Cuando los dos pequeños remolcadores se aproximaron a la orilla, el gamelotal y la selva apenas dejaban una pequeña playita. Allí recostaron las embarcaciones y nos ordenaron bajar, y a medida que lo hacíamos nos iban entregando machetes y hachas a cada uno, empezamos a abrirnos camino “desbrozando” la maleza para despojar un claro en la parte central de la Isla e instalar una gran carpa para los guardias nacionales. Los primeros días tuvimos que dormir en chinchorros a la intemperie. Entre nubes de zancudos, moscas, “galofas”, alimañas de la selva, hambre, trabajos forzados, calor canicular y miedo, fuimos creando poco a poco, aquel nefasto campo de concentración al que nos habían lanzado.

Hasta aquí esta narración. Cualquier idea que nos hagamos es apenas una aproximación a la realidad, pues. A lo dicho, hay que agregar el desgaste físico, psíquico y emocional de la salida de Canarias y el viaje trasatlántico en las condiciones narradas. Ahora se sumaban el maltrato, las penalidades sin fin, la incertidumbre, lo alejado de la “civilización”, la perdida esperanza de una carta o noticia de los suyos y miles de cosas más que hacen palidecer al infierno. ¿Qué habían hecho para merecer tal castigo? Su delito era huir del hambre, de la injusticia, buscar una mejor vida para ellos y sus familiares, ese, y no otro, era su pecado.

Bajo el título “Modernos Esclavos del Siglo XX”, el autor prosigue: “Pero no creamos que esto fue todo, muchos otros desdichados que arribaron a las costas de Venezuela, sin documentación y en la más completa orfandad, fueron internados en centros de reclusión y mantenidos allí hasta que los interesados en mano de obra obediente y barata fueran por ellos. Así pasó lo mismo que en el pasado siglo. El interesado llegaba al centro de reclusión escogiendo igual que si fuesen animales y una vez seleccionados, las mafias que controlaban el moderno negocio les decían: mil, dos mil, cuatro mil o seis mil bolívares por cada uno si los quieres llevar, hecho el arreglo, el isleño sabía que debía pagar esa deuda a su comprador con su trabajo.

También se dieron los casos de empleadores que les contrataban prometiéndoles pagar ocho o diez bolívares diarios y al pagarle la semana lo hacían a razón de tres ó cinco bolívares. Cuando el afectado reclamaba se le advertía que se callara y siguiera asistiendo a su trabajo bajo esas condiciones, porque sino, los denunciaban a la Seguridad Nacional para que lo expulsaran del país. Su condición de indocumentado lo sometía. Aunque esto lo practicaron muchos, hay dos famosos personajes que vieron aumentar sus abultadas fortunas a la sombra de tan repudiante práctica, me refiero el portugués Pita Pombo, Industrial del transporte urbano caraqueño y el constructor italiano Felipe Gagliardi, ambos compadres del General Marcos Pérez Jiménez.

Muchos canarios fueron vendidos como modernos esclavos del Siglo XX, repitiéndose lo que ya se había hecho en el siglo pasado tal como se explicó. Esa condición duraba el tiempo de la deuda y tenía algunas ventajas con relación al pasado. También muchos canarios fueron llevados a la isla de la Orchila donde trabajaron construyendo el complejo vacacional para conseguir la ansiada legalidad en Venezuela,

Hasta aquí sólo una síntesis de lo que tuvieron que afrontar nuestros padres y abuelos hasta agosto de 1951, cuando se legaliza la emigración y mejora significativamente la situación para el pueblo canario para seguir cumpliendo con esa condena histórica de pueblo emigrante.

Pasemos ahora a narrar de que forma nuestro pueblo empinándose sobre sus desdichas  y sufrimientos, para satisfacción y orgullo de nuestro gentilicio, hemos sabido dar una respuesta de agradecimiento y gratitud a esta generosa y humilde sociedad, que nos acogió, protegió y nos abrió sus brazos amplios y solidarios, tal como lo describe el citado autor en su libro “Vida y Obra de Canarios en Venezuela,”cuyo texto se resume a continuación.

Cuando le pedí a mi gran amigo y conocido intelectual venezolano, autor de muchos libros y principal cronista de la ciudad de Barquisimeto, buen amigo y admirador de los canarios, me refiero a Hermán Garmendia, que escribiera el prólogo de este libro, le pedí me sugiriera un título general, sin pensarlo mucho y casi en forma instantánea me dijo: “Ese libro debe titularse Vida y Obra de los Canarios en Venezuela”. Me gustó la sugerencia del amigo Garmendia, pero ello me obligaba, dada la amplitud del término a agregar estas “generalidades” a las cuales me aboqué aprovechando las vacaciones navideñas del año 1988.

No es fácil tratar el tema por lo amplio, complejo y heterogéneo que le caracteriza, pues el canario actúa en todas las actividades de la sociedad venezolana. Desde comerciante a industrial, desde chofer o albañil hasta docente universitario, desde constructor o carpintero hasta gerente o administrador, desde pescador a transportista. Conozco a canarios mineros y buscadores de oro, perdidos en las selvas amazónicas de la Guayana conviviendo con las tribus indias de la frontera entre Brasil, Guyana y Venezuela,

Pero lo que no admite discusión es que su actividad principal está en la agricultura y su área de influencia, y a ella me voy a referir, sin pretender con ello agotar el tema ni en esta actividad concreta ni mucho menos en el resto.

Dividiremos la actividad agraria del canario en dos grandes porciones.

a) La producción de los numerosos bienes agrarios donde el canario interviene en forma más destacada.

b) La comercialización de esos productos y el proceso evolutivo que esta actividad ha tenido.

El lector podrá ver claramente a los largo del trabajo la poderosa interrelación que ambos procesos han tenido y cómo el punto a, no puede desarrollarse sin el concurso del punto b, no sólo por las características propias del mercado, sino que a éstas hubo que sumarles otras variables que fueron las que, en definitiva, determinaron la evolución y desarrollo que ostentan.

Comenzaremos por el punto a, por no tratarse de una migración planificada, al llegar al país, después de arreglar los documentos, quedaban a la deriva y, cómo es lógico suponer, buscan invertir sus esfuerzos en lo mejor que dominan, la agricultura.

Importantes contingentes de canarios van al campo y ven allí su esperanza y su futuro, siendo los fértiles Valles de Aragua la zona receptora de mayor importancia en estos primeros tiempos por su fertilidad, proximidad al principal mercado del país, mejores vías de comunicación, tierras ya preparadas y acondicionadas para la siembra y la abundancia de agua.

En Aragua, muchos canarios reúnen algunos recursos que les permiten movilizarse a otras partes, pues los productos allí obtenidos no son de muy buena calidad y la zona no brinda la oportunidad de sembrar todo el año, como bien queda descrito en la Biografía de José Rodríguez; al mismo tiempo, sus productos agrícolas van teniendo mayor aceptación, por efectos de la labor que desarrollaron otros canarios (que trataremos en el punto b) y la incorporación al consumo de los numerosos inmigrantes que en número creciente llegaban al país. Todo ello incrementa la demanda y el canario emprende una labor titánica y hasta ahora casi ignorada en todas sus fases.

El canario, en busca de nuevas tierras y climas, se esparce por diferentes partes de la geografía de Venezuela; es así como llega a las zonas aledañas a los Valles de Aragua, Villa de Cura, Cagua, El Tocuyo de la Costa en Falcón y, sobre todo, el Estado Lara, donde el Valle de El Tocuyo y, luego el de Quíbor, tan bien descrito por José Rodríguez, desde donde extiende sus tentáculos hacia Sanare, Cubiro, Río Claro, Anzoátegui, Duaca.

El isleño no encuentra las tierras preparadas, ni en las condiciones como las tenía en los Valles de Aragua, por lo que tuvo que diversificar su esfuerzo, abrir por su cuenta y riesgo trochas o vías de penetración, enfrentar la flora tropical para deforestar y limpiar las tierras, crear mecanismos para traer el agua a las áreas de siembra; para ello, desarrolló un caudal de habilidades y destrezas dignas de hacerles estudio y seguimiento para dejar maravillada a la posteridad. Es increíble que hombres de tan bajo nivel educativo hayan podido desarrollar mecanismos tan complejos para el logro del sublime fin de producir bienes agrícolas, pues no sólo maravilla la obra, sino que la misma está adaptada a los escasos recursos que para el momento disponían. Más que admirable por la voluntad y el coraje puesto en tal fin, el asombro enmudece cuando estos hombres no sólo adaptan la infraestructura a los recursos económicos-financieros que para el momento poseían, sino también la forma sabia de utilizar los recursos que proporciona el medio ambiente.

No se me tilde de chauvinista. Quien quiera verlos, sólo tiene que ir a contemplarles como lo he hecho yo, que he tenido la oportunidad de ver cosas como estas.

Relleno de grietas por efectos de la erosión en los terrenos a utilizar, desvío de aguas pluviales para evitar inundaciones y erosiones en las áreas a sembrar, sistemas previsivos de comunicación, puentes y rellenos para facilitar la comunicación interna. Pero donde más brilla ese ingenio  es en la recolección, almacenaje y traída del agua al área de siembra. Hay quien la traslada desde  4, 5 ó 6 Km. Valiéndose de canales abiertos en la superficie, atarjeas, salvando barrancos y quebradas mediante la perforación y apertura de canales en largos maderos que se apoyan en los extremos de la quebrada o pilares de piedras que se levantan en lugares estratégicos, elevar el agua a tres o cuatro lagunas hechas a lo largo de la pendiente, a través de motobombas y tuberías de gran diámetro, para almacenarla en la última de ellas, que, situada en un nivel más alto que el área de siembra, llega a esta por gravedad. Esta y miles de técnicas más, caracterizan esas habilidades que el canario ha desarrollado para hacer esa especie de milagro en la Venezuela actual.

Pero lo dicho es apenas una simple muestra del cúmulo de dificultades que le cerraban el paso al isleño en su noble empeño.

Después de desforestar la tierra, ésta necesita sorribarse, nivelarse y prepararla para la siembra. En las condiciones de pobreza, sin tener patrimonio razonable que le sirviera de aval, dado el desconocimiento  del medio y la poca garantía de rentabilidad del mercado para estos productos casi exóticos, no había crédito. En este tiempo, el tractor y los implementos agrícolas eran lujos que no estaban ni a la altura de sus fantasías y el camino era el pico, la pala y la barra; más horas extenuantes de duro batallar noche y día, como bien lo describe Gonzalo Delgado en El Tocuyo de la Costa. A esto se le une la falta de mano de obra nativa; la más válida había huido hacia los campos petroleros o centros urbanos y el total y absoluto desconocimiento de esas labores agrícolas. Como bien lo dice Delgado, creaba un ambiente de soledad y total ausencia del necesario elemento humano. Aquí se presenta una de las más sobresalientes actividades del canario en Venezuela, también desconocida e ignorada hasta nuestros días. Tal como lo expresa José Rodríguez, para la época, el tomate, la cebolla, el pimentón, el melón y numerosos otros productos, eran casi desconocidos en el país; ello indica como bien deja constancia Gonzalo Delgado, que el nativo no podía conocer su cultivo y producción. En las primeras etapas, el canario no necesitó gran ayuda para proveer y satisfacer la demanda, pero luego, cuando el hábito alimenticio de la sociedad venezolana fue cambiando y enriqueciéndose con estos nuevos productos, se hizo indispensable la incorporación masiva del nativo para lograr el incremento de la producción. Es aquí donde el canario tuvo que desarrollar una labor social socio-cultural de impresionantes alcances: integrarse a gran velocidad a la sociedad rural venezolana, ya que solo ella le podía proporcionar el indispensable elemento humano y, al mismo tiempo, enseñarle todo el proceso de producción agrícola al nativo, desde la deforestación, que ha venido cambiando el tradicional fuego, hasta la siembra, cuido, empleo de pesticidas y abono y recolección de la cosecha. Esta labor callada, silenciosa, casi intangible, ha sido con creces uno de sus más grandes aportes a esta sociedad; su trascendencia queda plasmada no sólo en haber logrado la incorporación de miles de hectáreas de tierras al proceso productivo, junto a las infraestructuras que las mismas requieren y que ha proporcionado el autoabastecimiento en muchos rubros, creando puestos de trabajo e impidiendo la fuga de divisas, al mismo tiempo que incrementa poderosamente el patrimonio nacional, sino también en algo de mayor perdurabilidad. Ha creado una generación de relevo, pues hoy muchos venezolanos producen por su cuenta, empleando métodos, destrezas y habilidades aprendidas del canario, a los que hay que sumarle buena parte de su descendencia pues si bien es cierto que muchos hijos de canarios son universitarios, también muchos son hoy buenos agricultores.

Después del somero paseo que hemos dado por las actividades agrícolas del canario en Venezuela, veamos algunas estimaciones de la producción de un amplio conjunto de bienes agrícolas. Las cifras que proporciono son estimaciones, por lo cual deben verse con la debida prudencia, pues las estadísticas existentes son escasas y con bajo grado de confiabilidad.

Como he tenido la oportunidad de prestar mis servicios profesionales a organismos que asocian a importantes contingentes de agricultores y también he trabajado en los mercados de Caracas y Barquisimeto, tengo valiosas relaciones con canarios tanto comerciantes como agricultores, lo que me ha permitido elaborar algunas estadísticas que juzgo tiene gran aproximación.

En primer término, hay que hablar de los rubros de mayor importancia y trascendencia. La cebolla, el tomate y el pimentón, artículos de primera necesidad en la mesa de esta sociedad, han estado y probablemente lo sigan en un 80 por ciento en manos de canarios. Capítulo aparte merece el tubérculo de la papa, no sólo por la gran aceptación que ha tenido, sino porque también se ha dado el lujo de desplazar productos tradicionales y de gran poder nutritivo como son: el ñame, el ocumo, el mapuey, el apio, la yuca, etc que si bien se siguen consumiendo, su demanda cayó vertiginosamente ante la embestida de la papa, consumo estimado en más de un millón de Kgs. diarios y que estuvo, y lo más probable que esté aún, en un 90 por ciento en manos de canarios.

La naranja y otros cítricos, de acuerdo con informaciones más o menos confiables, está entre un 75 a un 80 por ciento en manos de canarios. Y en otros rubros, como la zanahoria, repollo, remolacha, pepino, ajo, etc. es posible que situé entre un 30 a un 40 por ciento.

En la producción frutícola, se destaca el melón con no menos de un 70 por ciento, la lechoza y patilla, según algunas indicaciones, entre un 40 y un 50 por ciento. Por ser relativamente nuevo en el país, está incursionando con buen éxito en la producción de uvas; conozco a varios productores canarios en esta actividad, entre ellos a Gregorio Toledo quien posee la mejor uva de mesa del país.

Es el canario quien produce la totalidad de la tuna que se consume en el país, con un acelerado incremento en la demanda.

Aunque no me atrevo a dar cifras dadas contradictorias informaciones obtenidas, el canario es factor de importancia en la producción de maíz, ajonjolí, sorgo y otros granos, como el arroz, la caraota, etc.

Informaciones un tanto confusas que no he podido confirmar, me hablan de una participación hasta del 70 por ciento en la producción de maní, pues sé que el canario juega papel importante en la zona llamada La Mesa de Guanipa, principal área productora de maní en el. oriente del país, pero su participación no la tengo clara.

La importante producción de tabaco, que moviliza en Venezuela grandes capitales y da muchos puestos de trabajo, está en su totalidad en manos de canarios, el que, como es tradición, conoce y maneja diestramente su producción y procesamiento.

Creo necesario aclarar que me he limitado a señalar un grupo de productos que estimo son los más importantes pues la labor del canario en el campo agropecuario toca todos sus estamentos, no en todos con el mismo grado de influencia pero su presencia no falta, pues es bien conocido como el canario se dedica a actividades pecuarias, cría ganado de carne y leche, produce queso, cría cerdos, participa en la agroindustria; conozco a muchos canarios que en los estados Guárico y Portuguesa poseen molinos de arroz.

Pasemos al punto b.) en él analizaremos la otra cara de esta compleja moneda. Generalmente hay una fuerte tendencia a olvidar e ignorar la actividad de la comercialización de los productos, donde se trata de ver al comerciante inescrupuloso, al usurero, al que se gana la vida comprando barato y vendiendo caro. Esto que puede ser cierto muchas veces, no lo es otras, y aunque hay que admitir que su esfuerzo y sacrificio no es como el que se enfrenta a las vicisitudes de la lucha por arrancarle a la tierra la primordial subsistencia, no es menos cierto que con relación al canario y su aportación a la sociedad venezolana, éste que se dedicó a esta actividad, ha hecho importantes aportes, tan importantes, que sin su concurso, no se hubiese dado lo que antecede.

Como ya hemos dicho y lo describiera José Rodríguez, el grueso de la sociedad venezolana no conocía estos productos, motivo por el cual su demanda estaba supeditada a ese necesario conocimiento y uso en algo tan delicado y arraigado como los hábitos alimenticios; tampoco en estos casos se podían utilizar los medios de comunicación para propagar su consumo masivo y las múltiples formas de uso en el arte culinario: eso vino mucho después, cuando su consumo ya estaba arraigado.

No es fácil convencer a otro que coma algo que desconoce, y menos aún, incitarle a que deje o disminuya el consumo de lo conocido por algo que no conoce. No fue fácil abrir el mercado a las cebollas, papas, tomates, pimientos, etc. recuerdo y conozco esta etapa, sé como se preparaba el fruto para hacerle más llamativo y estimular el interés del posible comprador. Recuerdo el rebuscado lenguaje que se utilizaba para convencer y casi puedo asegurar que era un lenguaje nuevo, mezcla de ruego, confianza, seguridad, convicción, salidas audaces: “le regalo estos tomates, me los paga mañana y si no le gustan a usted y a su familia, no me los pague”. Claro, esto después de explicarles cómo y de que forma los podía usar; esto ocurría a diario y muchas veces esta labor consciente y constante, fue dando sus frutos y a medida que se incrementó la demanda, nuestros agricultores fueron extendiendo su radio de acción, incorporando tierras al proceso productivo, aumentando su patrimonio económico que le sirvió de garantía para la adquisición de maquinarias, implementos agrícolas, tierras y mejoramiento de la infraestructura productiva.

Ello también generó un tipo de asociación entre canarios que no ha sido estudiado con la debida profundidad, pero que jugó y sigue jugando un papel de primer orden en el desarrollo agrícola que el canario ha protagonizado en Venezuela.

Muchos canarios del mercado proporcionaron y proporcionan recursos financieros a otros isleños agricultores, mediante el acuerdo de darle toda la producción para que el prestamista la comercialice. Generalmente esto se hace con un alto grado de buena fe y confianza mutua, sin documentos, ni intereses: el prestamista se cobra lo suyo, paga la mercancía a el precio que esos días tiene en el mercado al productor y cobra un porcentaje o la ganancia que obtiene si vende más caro que el precio promedio que ese día hubo en el mercado para ese producto. Este y otros tipos de asociaciones entre productores y comerciantes se han dado y siguen dándose, lo que ha tenido gran incidencia en el proceso de desarrollo agrícola en el país.

Es bueno hacer notar que a pesar de la informalidad de estos contratos, y sin desconocer disgustos y contrariedades, es difícil ver a los isleños dirimiendo diferencias ante terceros, molestando a las autoridades venezolanas; de una u otra forma, siempre arriban a un acuerdo mutuo y lo suficientemente satisfactorio.

Se hace necesario destacar que esta labor realizada por el canario en la comercialización de los productos agrícolas, no sólo ha tenido la repercusión de incrementar el desarrollo agrícola a través del crecimiento de la demanda, sino que hay allí una labor sociocultural sumamente beneficiosa, al lograr sustanciales cambios en los hábitos alimenticios de la sociedad venezolana, al sumarle varios productos en variadas y abundantes sustancias alimenticias, que vinieron a enriquecer los tradicionales y arraigados usos culinarios existentes.

No quisiera concluir esta muy apretada síntesis de la labor del canario de esta última oleada emigratoria sin mencionar lo que estimo puede ser la cumbre de ese aporte al desarrollo de Venezuela, que es el haber convertido al Valle de Quíbor en el Estado Lara en un emporio de producción. Dicho valle de unas treinta mil hectáreas de extensión parece fue el lecho de un viejo lago allá por el cuaternario, su superficie con una débil capa vegetal y castigado por este sol tropical que supera los treinta grados  y las escasa lluvias, sólo permite una pobre vegetación que anuncia una aridez capaz de enterrar el ánimo del más osado. Esto era así para cualquier observador, menos para los canarios José Rodríguez León que pasó a formar parte de la Historia del Valle cuya proeza demostró que con sólo saciar la milenaria sed de sus tierras aquello era un emporio de producción al que se unió Gonzálo Delgado y después cientos de canarios  que junto al Ing. José María Ochoa son los verdaderos y auténticos padres del gigantesco Proyecto Yacambú que consta de represar las aguas del Río Yacambú al otro lado de la Cordillera y traer el agua a través de un túnel de 24,5 Km para saciar la sed de este valle y convertirle en un centro de producción agrícola, pues si en cinco mil hectáreas los canarios logran producir alrededor del setenta por ciento  de las cebollas y el tomate que en la década del 70 consumía la sociedad venezolana, el potencial de más de treinta mil hectáreas es grandioso, los canarios han sido decisivos en convertir al Estado Lara en el principal productor de papas y hortalizas del país determinando que una reducida aldea que era el pueblo de Quíbor en la década del 50, hoy sea una importante ciudad en el Estado Lara,lo mismo que contribuir a que la ciudad de Barquisimeto sea de las más que crecen en el país y convertir al mercado al por mayor de Barquisimeto en el más importante del país después del caraqueño.

Para concluir unos comentarios finales, ningún país ha podido desarrollarse sin impulsar la agricultura, no podemos olvidar que los elementos condicionantes en el desarrollo y la defensa de la soberanía de los pueblos es la tecnología y el autoabastecimiento en los alimentos, un pueblo mal alimentado, hambriento, no puede desarrollarse, tampoco el que tiene que comprar gran parte de sus alimentos en el exterior.

Si bien es cierto, que el canario se desempeña en todo el amplio quehacer de la sociedad venezolana, no es menos cierto que donde su labor ha brillado más es en la agricultura, el desarrollo de la agricultura y la garantía de la producción de los alimentos es la base que sostiene el complejo edificio del desarrollo de una sociedad, allí el canario en Venezuela no tiene entre la corriente emigratoria ningún posible competidor, en ello afirmamos nuestra profunda satisfacción por sentir que hemos trabajado y trabajamos en forma destacada en el fortalecimiento de las bases que sostiene esa infraestructura del desarrollo, sintiendo que de algún modo hemos sido útiles y hemos participado positivamente en ese salto al progreso que Venezuela ha dado en estos últimos cuarenta o cincuenta años.

Así, al igual que sus antepasados, unidos, hermanados, confundidos en uno solo con la generosa sociedad venezolana, vamos entrelazando los hilos del diario acontecer, que tejidos en el infinito telar del tiempo conforma la historia de un pueblo que va alimentando deseos, propósitos, proyectos, anhelos y necesidades comunes, que desembocan en una sociedad mestiza donde conviven distintas razas, religiones, culturas en la más completa armonía, conformando la base de sustentación de una patria amplia, generosa, equilibrada y justa.

Parodiando a Javier Díaz Sicilia hoy, millares de venezolanos, hijos y nietos de esta gran masa de inmigrantes canarios proclaman, con justificado orgullo, una ascendencia de inveterada tradición de trabajo noble y creador, honestidad, rectitud, amor y respeto a la patria que los acogió con tanto cariño y generosidad.