HISTORIA DEL PUEBLO CANARIO (IX)
Andrés
García Montes
En la última entrega se
destacó el significativo alcance que el canario y su descendencia ha jugado en
la formación y consolidación de la patria venezolana a través de un cúmulo de
destacados personajes cuya labor y resaltante actuación ha sido recogida por la
historia y de cuya trascendencia no escapa ni El Libertador, pues su abuela
Doña Juana de Herrera era nieta quinta de Juana Gutiérrez, mujer guanche de Icod de los Vinos (Tenerife). Pero si bien esos personajes
jugaron un papel tan importante y decisivo que
Consciente de esta realidad,
esta entrega tal como lo he prometido, va dirigida no sólo a esta última oleada
emigratoria, sino también a esa masa anónima a través de cuya labor puede
medirse lo que nuestro pueblo canario ha
venido haciendo a los largo de ese complejo y dilatado proceso que ha culminado
en la formación y consolidación de este hermoso y digno país que se llama de
acuerdo a
La investigación más detallada
y fehaciente sobre esa gigantesca e ignorada labor, se le debe al profesor
canario Juan Morales González, quien a través de tres libros después de
centenares de horas en largas entrevistas con los autores de los hechos, más
sus observaciones en el medio, nos describe ese aporte digno de un mejor reconocimiento.
Los datos que vamos a
proporcionar son tomados de sus libros a través de resúmenes y copias
textuales, pues sobre esto muy poco o nada se ha publicado.
Conociendo que los
acontecimientos que ocurrieron cincuenta años atrás, es bíblico en nuestra
deformada memoria histórica. Comencemos por el espeluznante drama de la
emigración ilegal que inicia esa oleada en la cual uno de cada tres canarios
salió de su casa, casi todos con destino a Venezuela.
A la crisis perpetua en que ha
vivido el pueblo canario desde que los blancos y “
civilizados” europeos nos conquistaron para regalarnos el pasaporte al
cielo, se le unió la crítica situación generada por
La huída en veleros de 1948 al
1951 convertidos en infames negocios, manejados por los corruptos agentes del
fascismo, ante la actitud del régimen de no dar pasaportes y obstaculizar la
salida, aquellos atormentados héroes, hoy prácticamente olvidados, tuvieron que
afrontar situaciones que hasta la imaginación se niega a aceptar.
Para tener sólo un aproximado
de lo que vivieron miles de canarios, transcribo lo que el autor narra en su
libro
Han salido algunos trabajos
sobre las experiencias vividas por estos desdichados. En Canarias se han
publicado varias, aquí en Venezuela la mejor y más amplia que conozco es el
extraordinario trabajo investigativo hecho por el compatriota Javier Díaz
Sicilia, titulado, “Al Suroeste
Para el mes de agosto de 1980,
entrevistaba en
Era pues, tal el estado de
deterioro sicológico a que habían llegado que ya no existía el sentido del
pudor… comienzan las alucinaciones, algunos hablaban con personajes fantásticos
creados por su imaginación y rogaban que le dieran el agua que su enajenada
mente veía. Otros rogaban a sus esposas que les diera el agua sucia que veían
destinada para el cerdo de la casa, otros arrodillados nombraban a sus seres
queridos, otros maldecían la tentación de haber emprendido el viaje. En la
noche del 31 de agosto ó 1° de septiembre cayó un chubasco. Todos se
abalanzaron a lamer las barandas y las cuerdas para apagar la sed. Alguien
desde la borda de aquel barco recogía en un plato agua de mar y la contemplaba
tan cristalina en el marco de aquel recipiente, en un ataque de locura otro
pasajero se lo arrebató y la bebió… para luego enloquecer por las fuertes
reacciones que el agua salada le produjo. En ese instante el estado de
deterioro de la conducta era indescriptible, pues pasar de un estado
relativamente pasivo a la histeria era cuestión de segundos y de allí, al
llanto desgarrador, para caer en un estado de completo abandono y aparente
resignación era lo común…”. Estos pasajeros pudieron salvarse al ser vistos por
el petrolero español “Campante Armería” quien les proporcionó una usurera
ayuda, pues le lanzó al mar un garrafón de agua de menos de
Sirva lo narrado como muestra
del sufrimiento y calamidades a que tuvieron que hacer frente los miles de
canarios que en decenas de pésimas embarcaciones llegaron a Venezuela, aunque
no todos tuvieron que afrontar tan dramáticas circunstancias, pero lo que no
puede negarse es que el riesgo y la factibilidad de afrontarlos, dada las características
del viaje, fue común a todos y el Telémaco no fue el único que afrontó tales
calamidades.
Si bien los primeros veleros
fueron bien recibidos otros que llegaron después lograron la legalidad a un
costo muy elevado, veamos lo que nos cuenta el compatriota Jaime García
Hernández, pasajero del velero Maripepa que fue
recluido con sus compañeros un una perdida isla del Orinoco llamado Guasina que según el eminente científico venezolano Dr.
Arnoldo Gabaldón estaba poblado por mosquitos
transmisores de paludismo, amibas histolíticas
productoras de la desintería amibiana, tifus, etc.
Existe además, una mosca denominada vulgarmente Galofa,
cuya dolorosa picadura ocasiona úlceras e hinchazón general del cuerpo. A ello
hay que sumarle la gran cantidad de animales ponzoñosos como serpientes de
cascabel, rayas, tembladores, jejenes, pulgas y numerosos tipos de insectos,
entre ellos el temido chipo transmisor del terrible
Mal de Chagas (tripanosomiasis) mal incurable. Afortunadamente allí estuvieron
unos meses pues fueron puestos en libertad en 1949 y enviados a servir de
braceros en centrales azucareras.
Veamos la narración de un viaje a Guasina
hecha por el canario Jaime García Hernández, un condenado que llagó a Venezuela
en el velero Maripepa.
Leamos su espeluznante
narración: “Zarpamos del Puerto de Guanta en el Estado Anzoátegui, rumbo al
Golfo de Paria. Atravesamos el famoso pasaje Boca de Dragos entre Trinidad y
Venezuela y, después de navegar las tranquilas aguas del golfo, enfilamos el
caño Mánamo… el remolcador navegaba pesadamente río abajo. A los cinco o
seis días de viaje llegamos a la ciudad de Tucupita. El viaje fue agotador y la
comida infame… cerca de Tucupita tuvimos otro percance: el remolcador
embarrancó. Este contratiempo agudizó nuestro estado de ánimo y el desgaste
físico de volver a transportar a hombros todo el material del remolcador grande
a dos pequeños que consiguieron en la zona. Estas dos embarcaciones repletas,
cumplieron la última etapa de nuestro fatídico viaje hasta las “Puertas del Infierno
de Guasina” “Cuando los dos pequeños remolcadores se
aproximaron a la orilla, el gamelotal y la selva
apenas dejaban una pequeña playita. Allí recostaron las embarcaciones y nos
ordenaron bajar, y a medida que lo hacíamos nos iban entregando machetes y
hachas a cada uno, empezamos a abrirnos camino “desbrozando” la maleza para
despojar un claro en la parte central de
Hasta aquí esta narración.
Cualquier idea que nos hagamos es apenas una aproximación a la realidad, pues.
A lo dicho, hay que agregar el desgaste físico, psíquico y emocional de la
salida de Canarias y el viaje trasatlántico en las condiciones narradas. Ahora
se sumaban el maltrato, las penalidades sin fin, la incertidumbre, lo alejado
de la “civilización”, la perdida esperanza de una carta o noticia de los suyos
y miles de cosas más que hacen palidecer al infierno. ¿Qué habían hecho para
merecer tal castigo? Su delito era huir del hambre, de la injusticia, buscar
una mejor vida para ellos y sus familiares, ese, y no otro, era su pecado.
Bajo el título “Modernos
Esclavos del Siglo XX”, el autor prosigue: “Pero no
creamos que esto fue todo, muchos otros desdichados que arribaron a las costas
de Venezuela, sin documentación y en la más completa orfandad, fueron
internados en centros de reclusión y mantenidos allí hasta que los interesados
en mano de obra obediente y barata fueran por ellos. Así pasó lo mismo que en
el pasado siglo. El interesado llegaba al centro de reclusión escogiendo igual
que si fuesen animales y una vez seleccionados, las mafias que controlaban el
moderno negocio les decían: mil, dos mil, cuatro mil o seis mil bolívares por cada
uno si los quieres llevar, hecho el arreglo, el isleño sabía que debía pagar
esa deuda a su comprador con su trabajo.
También se dieron los casos de
empleadores que les contrataban prometiéndoles pagar ocho o diez bolívares
diarios y al pagarle la semana lo hacían a razón de tres ó cinco bolívares. Cuando
el afectado reclamaba se le advertía que se callara y siguiera asistiendo a su
trabajo bajo esas condiciones, porque sino, los denunciaban a
Muchos canarios fueron
vendidos como modernos esclavos del Siglo XX,
repitiéndose lo que ya se había hecho en el siglo pasado tal como se explicó. Esa
condición duraba el tiempo de la deuda y tenía algunas ventajas con relación al
pasado. También muchos canarios fueron llevados a la isla de
Hasta aquí sólo una síntesis
de lo que tuvieron que afrontar nuestros padres y abuelos hasta agosto de 1951,
cuando se legaliza la emigración y mejora significativamente la situación para
el pueblo canario para seguir cumpliendo con esa condena histórica de pueblo
emigrante.
Pasemos ahora a narrar de que
forma nuestro pueblo empinándose sobre sus desdichas y sufrimientos, para satisfacción y orgullo de
nuestro gentilicio, hemos sabido dar una respuesta de agradecimiento y gratitud
a esta generosa y humilde sociedad, que nos acogió, protegió y nos abrió sus
brazos amplios y solidarios, tal como lo describe el citado autor en su libro
“Vida y Obra de Canarios en Venezuela,”cuyo texto se resume a continuación.
Cuando le pedí a mi gran amigo
y conocido intelectual venezolano, autor de muchos libros y principal cronista
de la ciudad de Barquisimeto, buen amigo y admirador de los canarios, me
refiero a Hermán Garmendia, que escribiera el prólogo
de este libro, le pedí me sugiriera un título general, sin pensarlo mucho y
casi en forma instantánea me dijo: “Ese libro debe titularse Vida y Obra de los
Canarios en Venezuela”. Me gustó la sugerencia del amigo Garmendia, pero ello
me obligaba, dada la amplitud del término a agregar estas “generalidades” a las
cuales me aboqué aprovechando las vacaciones navideñas del año 1988.
No es fácil tratar el tema por
lo amplio, complejo y heterogéneo que le caracteriza, pues el canario actúa en
todas las actividades de la sociedad venezolana. Desde comerciante a
industrial, desde chofer o albañil hasta docente universitario, desde constructor
o carpintero hasta gerente o administrador, desde pescador a transportista.
Conozco a canarios mineros y buscadores de oro, perdidos en las selvas
amazónicas de
Pero lo que no admite
discusión es que su actividad principal está en la agricultura y su área de
influencia, y a ella me voy a referir, sin pretender con ello agotar el tema ni
en esta actividad concreta ni mucho menos en el resto.
Dividiremos la actividad
agraria del canario en dos grandes porciones.
a) La producción de
los numerosos bienes agrarios donde el canario interviene en forma más
destacada.
b) La
comercialización de esos productos y el proceso evolutivo que esta actividad ha
tenido.
El lector podrá ver
claramente a los largo del trabajo la poderosa interrelación que ambos procesos
han tenido y cómo el punto a, no puede desarrollarse sin el concurso del punto
b, no sólo por las características propias del mercado, sino que a éstas hubo
que sumarles otras variables que fueron las que, en definitiva, determinaron la
evolución y desarrollo que ostentan.
Comenzaremos por el punto a, por
no tratarse de una migración planificada, al llegar al país, después de arreglar
los documentos, quedaban a la deriva y, cómo es lógico suponer, buscan invertir
sus esfuerzos en lo mejor que dominan, la agricultura.
Importantes contingentes de
canarios van al campo y ven allí su esperanza y su futuro, siendo los fértiles Valles
de Aragua la zona receptora de mayor importancia en estos primeros tiempos por
su fertilidad, proximidad al principal mercado del país, mejores vías de
comunicación, tierras ya preparadas y acondicionadas para la siembra y la
abundancia de agua.
En Aragua, muchos canarios
reúnen algunos recursos que les permiten movilizarse a otras partes, pues los
productos allí obtenidos no son de muy buena calidad y la zona no brinda la
oportunidad de sembrar todo el año, como bien queda descrito en
El canario, en busca de nuevas
tierras y climas, se esparce por diferentes partes de la geografía de
Venezuela; es así como llega a las zonas aledañas a los Valles de Aragua, Villa
de Cura, Cagua, El Tocuyo de
El isleño no encuentra las
tierras preparadas, ni en las condiciones como las tenía en los Valles de
Aragua, por lo que tuvo que diversificar su esfuerzo, abrir por su cuenta y
riesgo trochas o vías de penetración, enfrentar la flora tropical para
deforestar y limpiar las tierras, crear mecanismos para traer el agua a las
áreas de siembra; para ello, desarrolló un caudal de habilidades y destrezas
dignas de hacerles estudio y seguimiento para dejar maravillada a la
posteridad. Es increíble que hombres de tan bajo nivel educativo hayan podido
desarrollar mecanismos tan complejos para el logro del sublime fin de producir
bienes agrícolas, pues no sólo maravilla la obra, sino que la misma está
adaptada a los escasos recursos que para el momento disponían. Más que
admirable por la voluntad y el coraje puesto en tal fin, el asombro enmudece
cuando estos hombres no sólo adaptan la infraestructura a los recursos
económicos-financieros que para el momento poseían, sino también la forma sabia
de utilizar los recursos que proporciona el medio ambiente.
No se me tilde de chauvinista.
Quien quiera verlos, sólo tiene que ir a contemplarles como lo he hecho yo, que
he tenido la oportunidad de ver cosas como estas.
Relleno de grietas por efectos
de la erosión en los terrenos a utilizar, desvío de aguas pluviales para evitar
inundaciones y erosiones en las áreas a sembrar, sistemas previsivos de
comunicación, puentes y rellenos para facilitar la comunicación interna. Pero
donde más brilla ese ingenio es en la
recolección, almacenaje y traída del agua al área de siembra. Hay quien la
traslada desde 4, 5 ó
Pero lo dicho es apenas una
simple muestra del cúmulo de dificultades que le cerraban el paso al isleño en
su noble empeño.
Después de desforestar la
tierra, ésta necesita sorribarse, nivelarse y
prepararla para la siembra. En las condiciones de pobreza, sin tener patrimonio
razonable que le sirviera de aval, dado el desconocimiento del medio y la poca garantía de rentabilidad
del mercado para estos productos casi exóticos, no había crédito. En este
tiempo, el tractor y los implementos agrícolas eran lujos que no estaban ni a
la altura de sus fantasías y el camino era el pico, la pala y la barra; más
horas extenuantes de duro batallar noche y día, como bien lo describe Gonzalo
Delgado en El Tocuyo de
Después del somero paseo que
hemos dado por las actividades agrícolas del canario en Venezuela, veamos
algunas estimaciones de la producción de un amplio conjunto de bienes
agrícolas. Las cifras que proporciono son estimaciones, por lo cual deben verse
con la debida prudencia, pues las estadísticas existentes son escasas y con
bajo grado de confiabilidad.
Como he tenido la oportunidad
de prestar mis servicios profesionales a organismos que asocian a importantes
contingentes de agricultores y también he trabajado en los mercados de Caracas
y Barquisimeto, tengo valiosas relaciones con canarios tanto comerciantes como
agricultores, lo que me ha permitido elaborar algunas estadísticas que juzgo
tiene gran aproximación.
En primer término, hay que
hablar de los rubros de mayor importancia y trascendencia. La cebolla, el
tomate y el pimentón, artículos de primera necesidad en la mesa de esta
sociedad, han estado y probablemente lo sigan en un 80 por ciento en manos de
canarios. Capítulo aparte merece el tubérculo de la papa, no sólo por la gran
aceptación que ha tenido, sino porque también se ha dado el lujo de desplazar
productos tradicionales y de gran poder nutritivo como son: el ñame, el ocumo,
el mapuey, el apio, la yuca, etc que si bien se
siguen consumiendo, su demanda cayó vertiginosamente ante la embestida de la
papa, consumo estimado en más de un millón de Kgs. diarios
y que estuvo, y lo más probable que esté aún, en un 90 por ciento en manos de
canarios.
La naranja y otros cítricos,
de acuerdo con informaciones más o menos confiables, está entre un
En la producción frutícola, se
destaca el melón con no menos de un 70 por ciento, la lechoza
y patilla, según algunas indicaciones, entre un 40 y un 50 por ciento. Por ser
relativamente nuevo en el país, está incursionando con buen éxito en la
producción de uvas; conozco a varios productores canarios en esta actividad,
entre ellos a Gregorio Toledo quien posee la mejor uva de mesa del país.
Es el canario quien produce la
totalidad de la tuna que se consume en el país, con un acelerado incremento en
la demanda.
Aunque no me atrevo a dar
cifras dadas contradictorias informaciones obtenidas, el canario es factor de
importancia en la producción de maíz, ajonjolí, sorgo y otros granos, como el
arroz, la caraota, etc.
Informaciones un tanto
confusas que no he podido confirmar, me hablan de una participación hasta del
70 por ciento en la producción de maní, pues sé que el canario juega papel
importante en la zona llamada
La importante producción de
tabaco, que moviliza en Venezuela grandes capitales y da muchos puestos de
trabajo, está en su totalidad en manos de canarios, el que, como es tradición,
conoce y maneja diestramente su producción y procesamiento.
Creo necesario aclarar que me
he limitado a señalar un grupo de productos que estimo son los más importantes
pues la labor del canario en el campo agropecuario toca todos sus estamentos,
no en todos con el mismo grado de influencia pero su presencia no falta, pues
es bien conocido como el canario se dedica a actividades pecuarias, cría ganado
de carne y leche, produce queso, cría cerdos, participa en la agroindustria;
conozco a muchos canarios que en los estados Guárico y Portuguesa poseen
molinos de arroz.
Pasemos al punto b.) en él analizaremos la otra cara de esta compleja moneda.
Generalmente hay una fuerte tendencia a olvidar e ignorar la actividad de la
comercialización de los productos, donde se trata de ver al comerciante
inescrupuloso, al usurero, al que se gana la vida comprando barato y vendiendo
caro. Esto que puede ser cierto muchas veces, no lo es otras, y aunque hay que
admitir que su esfuerzo y sacrificio no es como el que se enfrenta a las
vicisitudes de la lucha por arrancarle a la tierra la primordial subsistencia,
no es menos cierto que con relación al canario y su aportación a la sociedad
venezolana, éste que se dedicó a esta actividad, ha hecho importantes aportes,
tan importantes, que sin su concurso, no se hubiese dado lo que antecede.
Como ya hemos dicho y lo
describiera José Rodríguez, el grueso de la sociedad venezolana no conocía
estos productos, motivo por el cual su demanda estaba supeditada a ese
necesario conocimiento y uso en algo tan delicado y arraigado como los hábitos
alimenticios; tampoco en estos casos se podían utilizar los medios de
comunicación para propagar su consumo masivo y las múltiples formas de uso en
el arte culinario: eso vino mucho después, cuando su consumo ya estaba
arraigado.
No es fácil convencer a otro
que coma algo que desconoce, y menos aún, incitarle a que deje o disminuya el
consumo de lo conocido por algo que no conoce. No fue fácil abrir el mercado a
las cebollas, papas, tomates, pimientos, etc. recuerdo y conozco esta etapa, sé
como se preparaba el fruto para hacerle más llamativo y estimular el interés
del posible comprador. Recuerdo el rebuscado lenguaje que se utilizaba para
convencer y casi puedo asegurar que era un lenguaje nuevo, mezcla de ruego,
confianza, seguridad, convicción, salidas audaces: “le regalo estos tomates, me
los paga mañana y si no le gustan a usted y a su familia, no me los pague”.
Claro, esto después de explicarles cómo y de que forma los podía usar; esto
ocurría a diario y muchas veces esta labor consciente y constante, fue dando
sus frutos y a medida que se incrementó la demanda, nuestros agricultores
fueron extendiendo su radio de acción, incorporando tierras al proceso
productivo, aumentando su patrimonio económico que le sirvió de garantía para la
adquisición de maquinarias, implementos agrícolas, tierras y mejoramiento de la
infraestructura productiva.
Ello también generó un tipo de
asociación entre canarios que no ha sido estudiado con la debida profundidad,
pero que jugó y sigue jugando un papel de primer orden en el desarrollo
agrícola que el canario ha protagonizado en Venezuela.
Muchos canarios del mercado
proporcionaron y proporcionan recursos financieros a otros isleños
agricultores, mediante el acuerdo de darle toda la producción para que el prestamista
la comercialice. Generalmente esto se hace con un alto grado de buena fe y
confianza mutua, sin documentos, ni intereses: el prestamista se cobra lo suyo,
paga la mercancía a el precio que esos días tiene en el mercado al productor y
cobra un porcentaje o la ganancia que obtiene si vende más caro que el precio
promedio que ese día hubo en el mercado para ese producto. Este y otros tipos
de asociaciones entre productores y comerciantes se han dado y siguen dándose,
lo que ha tenido gran incidencia en el proceso de desarrollo agrícola en el
país.
Es bueno hacer notar que a
pesar de la informalidad de estos contratos, y sin desconocer disgustos y
contrariedades, es difícil ver a los isleños dirimiendo diferencias ante
terceros, molestando a las autoridades venezolanas; de una u otra forma,
siempre arriban a un acuerdo mutuo y lo suficientemente satisfactorio.
Se hace necesario destacar que
esta labor realizada por el canario en la comercialización de los productos
agrícolas, no sólo ha tenido la repercusión de incrementar el desarrollo
agrícola a través del crecimiento de la demanda, sino que hay allí una labor
sociocultural sumamente beneficiosa, al lograr sustanciales cambios en los
hábitos alimenticios de la sociedad venezolana, al sumarle varios productos en
variadas y abundantes sustancias alimenticias, que vinieron a enriquecer los
tradicionales y arraigados usos culinarios existentes.
No quisiera concluir esta muy
apretada síntesis de la labor del canario de esta última oleada emigratoria sin
mencionar lo que estimo puede ser la cumbre de ese aporte al desarrollo de
Venezuela, que es el haber convertido al Valle de Quíbor
en el Estado Lara en un emporio de producción. Dicho valle de unas treinta mil
hectáreas de extensión parece fue el lecho de un viejo lago allá por el cuaternario,
su superficie con una débil capa vegetal y castigado por este sol tropical que
supera los treinta grados y las escasa
lluvias, sólo permite una pobre vegetación que anuncia una aridez capaz de
enterrar el ánimo del más osado. Esto era así para cualquier observador, menos
para los canarios José Rodríguez León que pasó a formar parte de
Para concluir unos comentarios
finales, ningún país ha podido desarrollarse sin impulsar la agricultura, no
podemos olvidar que los elementos condicionantes en el desarrollo y la defensa de
la soberanía de los pueblos es la tecnología y el autoabastecimiento en los
alimentos, un pueblo mal alimentado, hambriento, no puede desarrollarse,
tampoco el que tiene que comprar gran parte de sus alimentos en el exterior.
Si bien es cierto, que el
canario se desempeña en todo el amplio quehacer de la sociedad venezolana, no
es menos cierto que donde su labor ha brillado más es en la agricultura, el
desarrollo de la agricultura y la garantía de la producción de los alimentos es
la base que sostiene el complejo edificio del desarrollo de una sociedad, allí
el canario en Venezuela no tiene entre la corriente emigratoria ningún posible
competidor, en ello afirmamos nuestra profunda satisfacción por sentir que
hemos trabajado y trabajamos en forma destacada en el fortalecimiento de las
bases que sostiene esa infraestructura del desarrollo, sintiendo que de algún
modo hemos sido útiles y hemos participado positivamente en ese salto al
progreso que Venezuela ha dado en estos últimos cuarenta o cincuenta años.
Así, al igual que sus
antepasados, unidos, hermanados, confundidos en uno solo con la generosa
sociedad venezolana, vamos entrelazando los hilos del diario acontecer, que
tejidos en el infinito telar del tiempo conforma la historia de un pueblo que
va alimentando deseos, propósitos, proyectos, anhelos y necesidades comunes,
que desembocan en una sociedad mestiza donde conviven distintas razas,
religiones, culturas en la más completa armonía, conformando la base de
sustentación de una patria amplia, generosa, equilibrada y justa.
Parodiando a Javier Díaz
Sicilia hoy, millares de venezolanos, hijos y nietos de esta gran masa de
inmigrantes canarios proclaman, con justificado orgullo, una ascendencia de
inveterada tradición de trabajo noble y creador, honestidad, rectitud, amor y
respeto a la patria que los acogió con tanto cariño y generosidad.