EL
ALCALDE NACIONALISTA DE
ENCIENDE
UNA VELA A DIOS Y OTRA AL DIABLO
Fidel Campo Sánchez
La
sabiduría ancestral de la curia italiana se puso de relieve en los tiempos en que
la hegemonía política de la democracia cristiana se veía amenazada por el
eurocomunismo. En los períodos electorales, los curas italianos, manteniendo
esa exquisita equidistancia de los que saben que el cielo comienza en la
tierra, advertían desde sus púlpitos que no querían inmiscuirse en política,
pero recordaban a sus feligreses que ellos eran demócratas y eran cristianos. Los
obispos, parte de un tratado internacional, también actúan como políticos
beligerantes, apenas habíamos asimilado las manifestaciones callejeras de
cardenales y obispos por las más diversas reivindicaciones, cuando nos llega el
último acuerdo de la Conferencia Episcopal, leído, sin rubor aparente, por un
portavoz recientemente elevado a la dignidad episcopal. Y resulta que, como
diagnosticó en su día el incombustible ministro demócrata-cristiano Giulio Andreotti, a la política española le manca fineza,
le falta estilo y cultura democrática y que no es otra cosa que el “encender
una vela a Dios y otra al diablo”
Aquello que dijera
aquel gran político que fuera Andreotti de falta de
fineza, estilo nosotros añadimos ausencia de cultura soberanista
canaria, es algo de lo que, en grandes cantidades, carecen de mínimos de rubor
los “nacionalistas·” de CC., por lo que sentimos, en
esta ocasión, tener que referirnos al alcalde nacionalista canario, al verlo
actuar el día 2 de mayo como nacionalista español, en la donación que, según
él, hizo el pueblo de La Laguna al “Regimiento de Artilleros de Artillería de Montaña núm.
El talante
democrático y soberanista que imperaba en aquella
corporación municipal posterior al franquismo, salida de las elecciones de
1979, en la que, a propuesta de 1980 de Rafael Núñez Pérez, representante de la
UPC, que salió adelante el colocar una bandera
canaria en el balcón del Ayuntamiento y precisamente la tricolor con siete
estrellas verdes y, por supuesto, con el voto en contra de la oposición de la
derecha del nacionalismo español de la UCD. Llega el
Corpus de 1980, en el que acostumbra desfilar el Ejército que, al tener
conocimiento su Capitán General, el ciudadano González del Hierro, que ondeaba
la bandera de la nacionalidad canaria retiró las tropas y, por tanto, no hubo
desfile así como no hubo asistencia de militares en la procesión. Recordamos
este hecho para que se vea la diferencia entre aquellos nacionalistas y los de
pacotilla de hoy. Y para no perder la costumbre, militares y civiles se auto
condecoraron e hicieron referencia a aquel 2 de mayo de 1808, en la Metrópoli
española, que nada tiene que ver con los canarios ni con Canarias.
En definitiva que
este acto merece que lo califiquemos con el “encender una vela a Dios y otra al
diablo”. De pena y vergüenza ajena, la peor de las vergüenzas, amigo don
Fernando.