Mafersa
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La Energía Eólica Marina,
conocida internacionalmente como Offshore (Alta Mar),
tiene previsto un crecimiento verdaderamente espectacular en la próxima década,
llegando hasta los 150.000 megavatios de potencia instalada, que llegará a
cubrir hasta el 15% de la demanda eléctrica europea.
España, que ha sido y
sigue siendo una de las naciones punteras en la investigación fabricación e
instalación de aerogeneradores y parques eólicos, (ocupa el cuarto lugar a
nivel mundial en el sector de la energía eólica) no solo en el territorio
nacional sino en el resto del mundo, se está quedando rezagada en la
instalación de parques de aerogeneradores marinos, no contando ni con un solo
Kilovatio de potencia instalado, a la fecha de escribir este artículo. Al
contrario de lo que sucede en nuestro País, algunas naciones de la UE pisan el
acelerador para hacer de la eólica marina una de sus principales fuentes de
electricidad.
En lo que respecta a
nuestras islas, el principal problema consiste en la ausencia de plataforma
marina que las rodeen, pues existen grandes profundidades a poco que nos
alejemos de las costas. Afortunadamente, ya se ha logrado fabricar
aerogeneradores sobre infraestructuras flotantes, que serán la solución para
poder aprovechar el gran potencial eólico que rodea a nuestras islas.
Hay que tener en
cuenta que el viento es más potente, continuo y estable y libre de
turbulencias, en alta mar, puesto que no existen montañas que produzcan
fluctuaciones en la dirección y potencia del mismo, siendo, a su vez, mucho más
grandes los aerogeneradores, produciendo cada uno de ellos mucha más potencia.
Por otra parte, la eólica marina presenta un menor coste medioambiental y de
impacto paisajístico, aspecto este considerado por muchos como negativo en las
instalaciones terrestres, aunque, personalmente, a mi me produce el efecto
contrario, pues cuando observo un aerogenerador lo asocio automáticamente a la
producción de energía limpia, que nos libera de la emisión de toneladas anuales
del pernicioso gas de efecto invernadero que es el CO2.
Parece ser que
el presidente, Sr. Zapatero, quiere apostar decididamente por las energías
renovables, ya que se espera que en el próximo decenio, esta actividad pueda
generar cientos de miles de puestos de trabajo en España, que es lo que
precisamente necesita este país, claro que nosotros lo necesitamos ahora, y
esperemos que no en la próxima década.
En la actual crisis
económica en que nos encontramos hay un dato importante que resaltar, y es que
la energía del viento ha sabido sortearla como pocas y aún mantener su empuje
en Europa.
Según la Asociación
Europea de Energía Eólica, esta fuente limpia, segura e inagotable, acaparó el
39% de la nueva potencia renovable instalada durante el año pasado en la
UE, con un total de 10.163 megavatios, lo que supone un incremento del 23% con
respecto a 2008 y esto con la que está cayendo, y por si eso fuera poco, las
previsiones dejan entrever que de aquí a 2020 la UE podría triplicar su actual
potencia de energía eólica.
En cuanto a la eólica,
se asegura que en los próximos diez años, el 25 % de la misma que se
instale en la UE será marina, siendo ya Europa el líder mundial en esta
tecnología, con 2.056 MW, instalados en 38 parques eólicos de nueve países, con
un total de 825 aerogeneradores, y ya se habla que en este período de los
próximos diez años, la energía offshore crecerá en
todo el mundo a un ritmo del 32% anual, hasta abastecer las necesidades
energéticas de 37 millones de hogares.
En España, el
Ministerio de Industria ha adelantado que confía en que a finales de este año
esta energía supere el objetivo de 20.155 megavatios establecidos en el plan de
Energías Renovables 2005-2010, una potencia que espera incrementar hasta los
35.000 MW en 2020.
“Actualmente, y,
concretamente a las 12.40 horas del día 9 de noviembre, los parques eólicos de
España producían más electricidad que ninguna otra fuente de energía. En ese
momento, y según los datos de REE, el 39,7% de los kilowatios que estaban
consumiendo los españoles era de origen eólico; el 21,2 % lo producían otras
fuentes limpias de energía (solar, biomasa, hidráulica) o centrales de
cogeneración;
el 20% estaba saliendo de centrales nucleares; el 13,4%,
de centrales de ciclo combinado, que queman gas natural; y solo el 2,4% lo
producían centrales térmicas que queman carbón”
Como ya he comentado
otras veces, para Canarias es fundamental alcanzar la independencia energética
del exterior, aprovechando las inmejorables condiciones naturales con las que
contamos: más horas de sol que cualquier otra región europea y viento fuerte y
constante en ciertas zonas de nuestras islas, y por supuesto en alta mar.
No podemos estar
sujetos a las fluctuaciones del precio del petróleo, no debemos depender del
gobierno central para las subvenciones, no podemos estar sometidos a los
vaivenes políticos de los países productores del petróleo, no podemos seguir
siendo la región ultraperiférica de Europa que más contamina, habida cuenta
que, por nuestra configuración geográfica, de terreno fragmentado en islas, cada
una de ellas ha de producir su propia energía, quemando combustibles fósiles,
altamente contaminantes.
En nuestras islas, aún
no se conocen proyectos de implantación de parques eólicos en alta mar,
siempre, lógicamente, dentro de las doce millas que rodean a cada una de
nuestras islas ya que ese es el dominio que tiene España sobre las aguas que
nos rodean y en las que estamos inmersos, siendo, desafortunadamente,
internacionales el resto, inclusive las que se encuentran entre nuestras islas,
después de esas doce millas, y, para más INRI, en la zona económica exclusiva
del Reino de Marruecos.
Uno de los
inconvenientes que tiene el desarrollo e implantación de la energía eólico
marina es el alto coste de sus aerogeneradores, por la infraestructura flotante
que los sostiene, llegando a ser hasta el doble que el de un generador
terrestre, además con el inconveniente añadido que representa el trasporte de
la energía producida hasta tierra, esto hace que mientras quede espacio en
tierra firme donde instalar aerogeneradores, esta será la opción preferente de
los inversores.
Existe un tercer
inconveniente a tener en cuenta en la instalación de la offshore:
las dificultades de la batimetría o profundidad de la plataforma que rodea a
cada una de nuestras islas, lo que impide la instalación de infraestructuras
fijas para los aerogeneradores marinos, más baratas que las flotantes.
Parte de la
responsabilidad de que no se hayan instalado parques marinos la tiene el
gobierno central, habida cuenta que presentaron el estudio estratégico
ambiental del litoral español, incluido Canarias, con dos años de
retraso, siendo este documento el que determina las zonas de dominio público
marítimo-terrestre que, a efectos medioambientales, reúnen las condiciones
favorables para la instalación de estos parques, y también por el complicado
procedimiento administrativo que es necesario realizar para la tramitación de
autorización para instalarlos, que ha propiciado que los más de treinta
proyectos presentados a raíz de la publicación de dicho estudio estratégico, se
encuentran empantanados sin visos de solución a corto tiempo.
En cuanto a la
implantación de la energía eólica en tierra, el crecimiento del negocio en Gran
Canaria está a expensas del desarrollo futuro del Aeropuerto de Gando, y, por
lo tanto, de las decisiones de Aviación Civil, organismo que ha retirado el
veto al 60% del suelo en el entrono de Gando que cuestionaba el propuesto por
el Cabildo de Gran Canaria en el Plan Eólico para ubicar parques de
aerogeneradores, habida cuenta que muchos de los terrenos están en zonas
afectadas por el desarrollo del Aeropuerto.
Estos terrenos,
emplazados en los términos municipales de Telde, Ingenio y Agüimes,
serán objeto de un estudio sobre la afección aérea, analizando el proyecto
antes de dar el visto bueno. Esperemos que pronto comencemos a ver crecer los
parques eólicos en tierra, ya que los marinos, creemos, se demorarán algo más.
Fuentes: Boletín
Energías Renovables [infoweb@energias-renovables.com],
La Provincia Digital, y Revista Técnica Industrial núm. 288.