La enésima
advertencia
Juan
Jesús Bermúdez
El diario
británico The Independent ha recogido en estas fechas de baja tirada una clarificadora
entrevista con el economista jefe de la Agencia Internacional
de la Energía,
Fatih Birol, que se sintetiza en el encabezamiento
estremecedor del artículo: “Aviso: se agota rápidamente el suministro de
petróleo”.
Más allá del
impacto del titular, el contenido de la entrevista desglosa las conclusiones
del reciente informe de ese organismo sobre el agotamiento de los yacimientos
gigantes que aportan la mayor parte de la extracción mundial diaria de crudo.
Ha “descubierto” esta entidad algo que ya muchos geólogos del sector conocían,
y que no es otra cosa que la creciente dificultad para que el nuevo petróleo
que se incorpora a la producción compense el declive cada vez más agudo de los
viejos yacimientos. Entonces, Birol se despacha,
cuando todos hablan de brotes verdes, con el calificativo de “catástrofe” para
apellidar el estado del suministro de petróleo en un plazo de…cinco meses, en
el año 2010. A
poco que se repase la historia de la economía mundial reciente, esta
advertencia viene a decirnos que, de confirmarse, no habrá recuperación de la
economía mundial, y que ésta se pospone sine die,
a menos que se excluya a cientos de millones de consumidores del disfrute del
crudo, principal recurso energético mundial, y se agudice el desequilibrado
reparto energético ya existente hoy, algo bastante improbable en el Mundo
globalizado en el que vivimos, un modelo que hoy se está tambaleando como nunca
en su reciente devenir.
La Agencia ha modificado
sustancialmente sus estimaciones sobre extracción de petróleo en apenas un
lustro. Así, en el año 2004 no tenía problemas para publicar que el Planeta
consumiría diariamente 125 millones de barriles de petróleo para el año 2030;
en su reciente informe, de un plumazo, rebaja esa predicción hasta los 105
millones: es decir, cambia sus pronósticos en más de un cincuenta por ciento,
cuando se decide a investigar sobre el estado actual de los yacimientos. Aún
más preocupante es que ese objetivo de crecimiento lo fíe a que se desarrollen
inversiones multimillonarias en recursos petrolíferos más costosos, lejanos y
difíciles de procesar; o, aún más cómico, en la búsqueda y hallazgo efectivo de
multitud de nuevos campos petrolíferos, en un desesperado llamamiento al
“porque yo lo valgo” propio de las proyecciones economicistas. Como
comenta Pedro Prieto, partiendo de las afirmaciones de Birol,
“se buscan seis Arabia Saudís para el año 2030”; algo geológicamente
bastante improbable, porque desde hace muchas décadas se conocen los lugares
con yacimientos petrolíferos fáciles, y dónde es simplemente imposible que haya
crudo que justifique una inversión en extracción.
La enésima
advertencia viene con muy poco plazo de reacción. Hace ya más de una década,
dos geólogos, Colin Campbell y Jean Lahèrrere,
advertían del “fin del petróleo barato” en Scientific
American. Los avisos de crecientes agentes de la industria y otros ámbitos
se han hecho visibles ya en la prensa habitual, y se hace común hablar del
“cenit del petróleo” o “peak oil”, al contrario que
hace tan solo unos trimestres.
La situación
económica que traerá esta “catastrófica crisis energética”, en palabras de los
dirigentes de la
Agencia Internacional de la Energía” y usando
referencias de otras situaciones de estrechez del suministro, tiene su traslación
directa en la contracción del crédito; la falta de expectativas de crecimiento
que recupere nuevas inversiones expansivas; el desplazamiento de los objetivos
de captación de nuevos clientes a la consolidación a bajo coste de los
existentes; y, en fin, en el intento desesperado por no quedar descolgado del
círculo del consumo y producción. Exigiría este nuevo escenario un
replanteamiento socioeconómico y laboral bastante diferente al que queremos
mantener, en la línea de criterios de austeridad, reparto, solidaridad y
redefinición de necesidades, y para evitar las peores consecuencias del proceso
que nos advierten se avecina. Y nunca es tarde para empezar.