EN PIE HIJOS
DE TANAUSU, PRINCIPÉ DE ACERÓ.
QUE NO CIERRE,
CON BOQUITA DE CULO,
¿Para qué carajo quieren un “bocaculo” en el
“Paraerlamento”
canario? ¿Para qué un Cabezón en el Parlamento Español? Me pregunto indignado. Su
nacionalismo de bocaculo sólo dispone de cabeza para hundir un sombrero de “magomierda” -en el peor de los sentidos- en la romería de
turno, en el baile de los enanos y con perdón de los pequeños de tamaño; menudos
sí, pero jamás de tolmo. Con el expolio que practicarán el próximo año, van de
putas que pagan la cama al follador; practican de enanitos bobomierdas en el
sainete de su política colonial. Esto no es un minué afrancesado, ¡compadre!; ésta
es la cruda realidad. Que callen, enmudezcan, los convierte en cómplices. Lo
penoso del tema me hunde en una depresión que me obliga a protestar e incluso
rayar con estas palabras maleducadas el insulto. Yo un canarión rompo una lanza
por
¡Benahoaritas! no
ven que, para el próximo año, traman dejar en cueros a la emblemática Escuela
de Arte Aplicadas y Oficios Artísticos en su Isla. La disculpa es de bobo de
baba, parolas, parolas disculpas, excusas, pura y dura mentecatez: “que si no
existen alumnos”, pocos, pero cultura compadre, compadre culturita que tanto
nos hace falta; la cruda realidad: una facistada de Milagros Luis Brito
ahorraperras en la enseñanza que falta a nuestro pueblo; me temo que ahorran
duros para sus cuates del cemento y la prebenda; ahora que toca a la puerta la
crisis; el vil metal solito para sus valedores de buche insaciable.
Ya lo
sé, no nos engañemos ¡mis cuates!: si permiten que poco a poco cierren
Ladrillo,
ladrillo, ladrillo y más puto cemento, me temo que sienta sus acomodadas
posaderas de educaditos, de colegiocuras, de derechón corazón para que ganen
votos y haga el mediocre paripé; creo que los palmeros deben tomar conciencia
del despropósito de los autollamados nacionalistas meapilas; ¡despierten!,
abran los ojos que humillan otra vez a
Tanausú; para qué coño le nombran su consigueprebendas
representante que despojan a los hijos de la egregia Caldera de Taburiente; afirmo
que responden sólo a sus cuates y subvencionados amigotes en
No abren la boca sus elegidos y se están
cargando
Ya es hora que los hijos de Tanausú
protesten y que -eso pienso yo- hoy no es preciso suicidarse de hambre, es
necesario echar por la borda del barco que les traslada a la esclavitud a
tantos lameculillos españoleros de tres al cuarto.
Por eso a los hijos de Tanausú les dedico un
cuento pidiendo perdón por lo deslenguado:
EL GALLO IRENEO GONZÁLEZ
El gallo Ireneo González, de
plumas oro y jazmín, es el rey del gallinero, se pasea altivo por sus dominios
con pose orgullosa y porte señorial: no hay congénere que se le compare en
belleza y dignidad. Cuando el sol despunta en el mar, en el inmenso océano
Atlántico, frente a
El creerse el mejor e insustituible le hizo
dormirse en los laureles: una mañana de triste recuerdo, cuando una uña de sol
hizo espejo en el mar, pudo oír el insolente canto de un gallo más joven que
él. Le llamaban Bellarte y, en realidad,
poseía un aspecto imponente con la cresta encendida y el plumacho
plateado. Le enfrió el ánimo que algunas gallinas de su harén levantaran
coquetas sus crestas y atendieran aleladas el cantar del competidor.
-De un afeminado se trata.
Chilla henchido de rabia Ireneo
González y con esta bravata queda apaciguado. ¡Que desgracia!, a la
siguiente mañana, Bellartes, más ufano que
nunca, vuelve a despertar, a saludar el amanecer antes que Ireneo. Era demasiado
para su vanidad y sin poderlo soportar,
al grito ¡fuera afeminado!, emprende una riña sin cuartel. La contienda
dura largo rato: Ireneo González, sangrando por todos lados, con un ojo sacado
de cuajo y el cogote pelado como un guirre, es
descabalgado a picotazos de su pedestal. Entre risas y burlas irónicas es
desterrado a la esquina más pestilente del gallinero. Desde aquella mañana, al
salir el sol, Bellartes, lo saluda con
todas las fuerzas de sus pulmones, en su tono apocado, repite el ritual Ireneo.
Se ha conformado con cantar en segundo lugar, pues a pesar de ello alguna
gallina, despreciada por Bellartes, se le
presta para su desahogo sexual.
Un desdichado día, cuando ya Bellartes había saludado al sol y mientras Ireneo,
perezoso y segundón, se disponía a entonar su canto, algo terrible aconteció;
otro gallo se atrevía a cantar antes que él. Era demasiado, incluso para la
decaída moral de Ireneo que se lanzó contra el nuevo competidor enfrascándose en
una sangrienta pelea, Bellartes desde el palo más
alto, observa distante: aquella era una riña entre segundones y no iba con él.
El gallo Ireneo, falto de moral,
seboso y desmoralizado, también sucumbió. Pronto el gallinero tuvo un segundo
al que cariñosamente llamaron Efepe. Ireneo
ahora no tiene valor para salir de la esquina, la más húmeda y llena de
excremento a donde le han desterrado. Sólo
-Aquí tienes millo con que llenar el buche y
el techo, aunque semiderruido, suficiente para
protegerse del fuerte viento y la húmeda lluvia.
Ireneo González, sólo en algunas ocasiones
entona el saludo al Sol, esperando paciente que lo hagan antes Bellartes y Efepe.
Una gallina de ojos amarillos y vivarachos
entre en el gallinero. Su plumacho azul compite con
el cielo y la dulzura de su caminar enamora perdidamente, como a un
adolescente, a Ireneo González. Ha dejado de ser, fruto de la pasión, el gallo
cabizbajo y deprimido de costumbre. Toda la noche se la ha pasado limpiando su plumacho antaño jazmín y oro. Muy de mañana, asciende hasta
el palo superior y al despuntar el sol, engrifando sus plumas, entona un canto
arrogante de saludo al amanecer.