¿En qué manos estamos?

Antonio Artiles Mejías

Fue por finales de abril o principios de mayo cuando publicaron mis comentarios sobre dos ex presidentes del Gobierno de Canarias: Adán Martín y Manuel Hermoso[1]. Mis comentarios fueron motivados por sendas entrevistas que se les hizo a ambos, por separado, en uno de los dos periódicos españoles que se publican en Las Palmas.

No sé si se han dado cuenta de que en Canarias sólo se publica un periódico impreso canario, y ese es EL DÍA, de Tenerife. Por aquí se dice que si quieres trabajar en uno de los dos periódicos de Las Palmas tienes que ser asturiano. Son cosas que ocurren en nuestra sorroballada tierra. Sin libertad seguiremos siendo unos don Nadie.

He repetido el título de mi comentario anterior porque sé que ambos ex presidentes se mueven dentro de Coalición Canaria vigilando que se cuente con ellos en cualquier movida que pueda darse.

Lo curioso es que ahora el señor Hermoso hace suyas las palabras que en aquella ocasión pronunció Adán Martín en relación con Cabo Verde, lo cual demuestra que son tal para cual. Pero lo grave es que demuestra también que ninguno de los dos llegó jamás a darse cuenta de la enorme riqueza que el turismo genera. No es exagerado decir que los doce millones de consumidores (turistas) que aportamos a la economía española son de gran peso en su PIB.

Los dos pretenden combatir nuestras ansias de libertad con una falacia tan grande como es intentar comparar nuestra economía con la de Cabo Verde, dejándonos entender, subrepticiamente, que si fuéramos independientes seríamos pobres como los caboverdianos. Mentira cochina que deja en muy mal lugar a dos personas que han manejado los intereses de Canarias a su manera...

La República de Cabo Verde es un Estado insular de África Occidental situado a 620 Km. de la costa africana. Alcanzó la independencia en 1975, y, cosa curiosa, su religión es la católica.

Para terminar habría que aclararle al señor Hermoso que la razón por la cual él cree que nuestro pueblo no tiene ansias de independencia es debido a que ningún periódico publicaba nuestras misivas en tal sentido. No puedo ni tan siquiera calcular cuántos de mis escritos fueron tirados a la papelera, silenciados. Algo similar a lo que está ocurriendo actualmente con los editoriales y comentarios de EL DÍA, los cuales son ignorados constantemente por los periódicos de Las Palmas y de España.

[1]¿En qué manos hemos estado?