Entrevista a Carlos Aldana, pedagogo de Guatemal*
La educación sola, por sí misma, no es
fuente de desarrollo
Marcelo Colussi
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La
educación, suele decirse, es una herramienta para la liberación. Afirmación
discutible: puede serlo, pero hay que ver en qué contexto. También puede ser –y
de hecho es lo que más sucede– un instrumento al
servicio de la dominación por parte de los grupos hegemónicos. ¿Cómo
transformarla en liberadora? ¿Es posible ello? ¿De qué manera? Para ahondar en
estos temas Argenpress dialogó, a través de su
corresponsal para Centroamérica, Marcelo Colussi, con
un profundo conocedor de estas cuestiones: el pedagogo guatemalteco Carlos
Aldana. El es maestro de educación primaria, licenciado en Pedagogía y Ciencias
de
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Argenpress: Suele decirse que la educación es
la clave del desarrollo, el motor del progreso de la humanidad, y se pone como
ejemplo la diferencia entre el Norte próspero (donde cada vez crece más la
población con acceso a la educación formal, incluso con un alto porcentaje de
maestrías y doctorados) y el Sur empobrecido (todavía con muy altas tasas de
analfabetismo). ¿Es la educación realmente la clave de esa diferencia?
Carlos
Aldana: Creo
que ahí hay mucho de mito. Malintencionadamente se nos ha venido diciendo que
la educación es la clave del desarrollo, pero en todo caso la cosa es al revés:
el desarrollo es la clave de la educación. Es decir: el desarrollo genera
condiciones diversas (presupuestarias, políticas, sociales, culturales,
infraestructurales, etc.) que permiten el desarrollo del sistema educativo,
permiten que la educación se amplíe, se cualifique. Esto es importante
recalcarlo porque hay que ponerle atención al hecho de cómo los sectores
dominantes de nuestros países latinoamericanos, de un tiempo para acá dieron un
vuelco en este aspecto y desde el silencio que había sobre el tema educativo,
de repente empiezan a demostrar un interés renovado, a tener centros de
investigación, centros académicos, a meterse a las estructuras de poderes
públicos, a tener un discurso fuerte en los medios de comunicación sobre estos
asuntos, a invertir en proyectos y en programas de educación. Es decir: es muy
sintomático que el poder económico de pronto presente este cambio en su
discurso y comience a decir que la educación es fundamental para el desarrollo
cuando ellos son justamente los causantes de nuestro subdesarrollo histórico.
Que en países subdesarrollados como los nuestros, en América Latina, se diga que por culpa del analfabetismo estamos como estamos me
parece que es una falta de respeto a la inteligencia de toda la sociedad. Es al
revés: por culpa de ese subdesarrollo histórico debido a los poderes
hegemónicos, es por ese modelo de sociedad tan excluyente y elitista, que
tenemos esas enormes masas de población sin alfabetización. Ahora el discurso
pareciera ser que si educamos mucho a la población vamos a tener inmediatamente
desarrollo. Pero ¿por qué no hacer esas inversiones en generar más fuentes de
trabajo, en propiciar un desarrollo económico que dé más posibilidades a todas
y todos para ampliar sus horizontes?
Este nuevo
mito de la educación como generadora del desarrollo es algo que se viene
imponiendo desde hace algún tiempo, incluso en los organismos internacionales,
y ello ya ha pasado a ser una frase hecha en distintos medios. Es importante
aquí recordar que Paulo Freire decía que la educación no es la palanca del
desarrollo, pero el desarrollo no se puede hacer sin educación. Esa relación
dialéctica es mucho más completa para entender el fenómeno en juego. Por
supuesto que la educación es importante, vital, de eso no hay dudas; pero la
educación sola, por sí misma, no es fuente de desarrollo. Es un proceso mucho
más complejo donde todo va de la mano, el crecimiento económico y mejores
condiciones de vida de la población junto con la educación. Para entender la
situación de Guatemala o cualquiera de los países de América Latina, tanto en
el ámbito educativo como en su situación social en general, hay que hablar no
tanto de la pobreza sino del empobrecimiento. La “opción por los pobres” en
realidad es una opción por los empobrecidos. Cuando hablamos de esto no estamos
pensando sólo en la gente pobre sino en las estructuras económico-políticas y
sociales excluyentes que han empobrecido a la población, que no le han
permitido crecer. Y en todo caso, la educación a la que pueden acceder esos
sectores siempre marginados es algo que los reafirma en su condición de
excluidos. No es una educación que los libere, sino que los reafirma en su
calidad de excluidos.
Argenpress: ¿La educación libera u oprime
entonces? Grandes pedagogos como el venezolano Simón Rodríguez o el brasileño
Paulo Freire han tomado a la educación como una "práctica de libertad".
Pero si vemos la realidad cotidiana del ámbito educativo, en cualquier nivel
(primario, secundario, universitario), parece tener más de represiva que de
liberadora. Vez pasada, incluso, dijiste en alguna otra entrevista que "la
escuela es más aniquiladora que formadora". ¿Cómo entender esta
característica del hecho educativo?
Carlos
Aldana:
La escuela tradicional que ha surgido de sistemas educativos hechos a la medida
de los grupos dominantes es muy rígida en sus funciones, es decir: educar a toda
la masa trabajadora en función del proyecto económico en juego, y por otro
lado, desarrollar la función ideológica que el poder le encomienda, por la que
se convence a toda esa masa que no hay más posibilidades más allá de las que
hoy día existen; esos son los principios fundamentales que la rigen. En ese
sentido podemos decir que la escuela lo que en realidad hace es preparar mano
de obra y preparar gente que esté feliz con ser mano de obra en las condiciones
actuales. Eso, sin dudas, no es desarrollo; eso es aniquilación. Eso es
entorpecimiento a la capacidad crítica del ser humano: no se prepara para ser
crítico sino para aceptar pasivamente. Es importante, y sumamente justo por
cierto, pelear el acceso a la escuela. Pero el derecho más importante no es
tanto el acceso sino la calidad de la educación. ¿Qué educación me van a dar?
Sobre eso no hay discusión. Los organismos internacionales que viven hablando
de la educación no discuten eso; lo que quieren es tener estadísticas, números
de acceso al sistema educativo, números sobre la infraestructura, pero no se
habla de lo más importante, que es la clase de educación que está en juego. ¿En
función de qué proyecto está la educación sistemática? Eso es lo que
verdaderamente hay que discutir. La creatividad, la espontaneidad, la libertad,
todo eso se destruye muchísimo en la escuela. No se valora el disenso, la
capacidad de enfrentarse a lo establecido, la rebeldía. Esa capacidad es lo que
habría que aprovechar por encima de todas las cosas, es un valor en bruto
fabuloso. Pero la escuela aniquila la capacidad de disenso, la rebeldía sana y
productiva. ¿Cuál es el perfil de un buen estudiante? El obediente, el
tranquilo, el bien portado, calladito y que no se mete con nadie. Pero nunca se
pone como ejemplo de buen estudiante el que vive oponiéndose al maestro, el que
siempre tiene algo nuevo que decir. ¿De qué habla eso? De la aniquilación, no
sólo de la espontaneidad y la creatividad sino de la capacidad de un
pensamiento crítico. Si eso uno lo lleva hasta las autoridades superiores del
sistema educativo, lo ve en toda su dimensión. Recientemente escribí un
artículo que se llama “Sin disenso, ¿qué somos?” donde trato de hacer ver eso:
hay autoridades educativas que son incapaces de poder valorar una opinión contraria,
una crítica. Y así funciona todo el sistema educativo: nos viven aniquilando
para que no pensemos. En un contexto como el nuestro, donde se nos ha venido
reprimiendo y silenciando desde hace siglos, una escuela así, aniquiladora, es
perfecta al funcionamiento del sistema. La gran meta de los tecnócratas de la
educación, de los ministerios nacionales o de los organismos internacionales
que se ocupan de estos temas, es poder mostrar con números que todos los niños
y niñas están en el sistema escolar. Pero ¿en qué escuela? En una escuela que
aniquila, que genera gente sumisa, con poco o ningún pensamiento crítico. Por
eso creo que es preciso entender de otra manera el hecho educativo y proponer
otro tipo de escuela.
Argenpress: Esa escuela “aniquiladora”,
puesta al servicio del proyecto de las clases hegemónicas, por supuesto que lo
vivimos en el Sur. Pero también en el Norte es así la situación, ¿verdad?
Carlos
Aldana: Sí.
Por eso creo que todos aquellos a quienes les interese el tema educativo, los
educadores populares fundamentalmente, debemos empezar a tener bien claro si
queremos tener esperanza en la educación para la transformación del mundo, que
no hay que lanzar la mirada a la educación formal. Hay que desformalizar
nuestra visión de la educación. En la agenda internacional predominante sobre
la educación hay básicamente una concepción formal de ella. Se habla de
educación y se piensa inmediatamente en el sistema formal. Se habla de
educadores y se piensa automáticamente en los docentes dentro de un aula. Se
piensa en los efectos de la educación y se piensa en los logros técnicos de los
egresados del sistema formal, de los escolarizados. Pero en América Latina
existen variadas, hermosas y profundas experiencias que nos demuestran que la
educación está en todas partes: está en las calles, en los campos, en los
sindicatos, está con los jóvenes, en distintas organizaciones de base de la
sociedad civil. Todo eso hay que empezar a verlo con más fuerza, con más
detenimiento. Y los académicos tenemos mucha responsabilidad en esto; en
general hablamos de la educación formal. Pero la educación popular tiene muy
poco espacio en la academia como objeto de estudio, en los centros de estudios
superiores. Se investiga muy poco sobre educación popular y todo el acento está
puesto en la educación formal. En ese sentido, los académicos le hacemos el
juego al sistema. Y todo indica que para el futuro inmediato va a ser de menor
impacto la educación formal que la educación informal y no formal. Quiero
decir: la educación informal es aquella basada en los medios masivos de
comunicación, y de la que hace uso el poder constituido. Mientras que la
educación no formal queda como el campo de actuación de los sectores populares
que se van organizando.
Hoy día
existen estudios serios que empiezan a poner en duda toda la capacidad
educativa de la familia, que es la puerta de entrada a la posterior
formalización.
Argenpress: ¿Qué es más importante: la
ecuación formal o la informal? Los medios masivos de comunicación hoy tienen
tanta (¿o más?) importancia que la escuela clásica en la creación de
ciudadanía, de valores y tendencias, de formas de pensar. ¿Dónde queda entonces
la llamada "educación popular" de la que se hablaba unas décadas
atrás? Un planteamiento progresista del campo educativo, ¿dónde debería poner
más énfasis?
Carlos
Aldana: Depende
para qué nos planteamos la educación toma su importancia el hecho de su
pertenencia al sistema formal o el hecho de ser informal. Hoy por hoy, para la
creación de valores e ideología pareciera que está empezando a ser más
importante, a tener mayor impacto, la educación informal. La educación formal
es muy importante para acreditarse como ciudadano, para poderse incorporar al
mercado laboral, mientras que la educación informal es la que da la posibilidad
de entender el mundo más cotidiano. Impacta más, pero no certifica como la
educación formal. De todos modos, en lo que toca a valores y creación de
ciudadanía los medios de comunicación tienen más impacto que la escuela
tradicional. La gran masa docente de la escuela formal no ha podido seguir el
ritmo del cambio tecnológico que impone la educación informal, por tanto no
está en condiciones de competir en su grado de impacto, en los efectos que a la
larga logra sobre el estudiantado. Y en general tampoco tiene la posibilidad de
generar una visión crítica sobre esos cambios ni sobre la escuela tradicional,
creando una propuesta nueva, liberadora. En general, por diversos motivos,
desde las autoridades hasta los maestros hay una fuerte tendencia a una falta
de compromiso, al conformismo, a una visión no progresista, clásica y
tradicional de las cosas. En otros términos: podría decirse que hay mucho
analfabetismo político. Por eso la educación popular, que en las décadas del 60
y del 70 fue crucial en América Latina para crear una alternativa a la
educación formal, toda una nueva pedagogía, y de hecho una nueva alternativa
político-social, hoy tiene posibilidades, no sólo en los sectores populares por
así decir clásicos (campesinos, indígenas) sino que también podría incidir en
la formación de docentes. Esa es una lucha muy importante a desarrollar: ¿cómo
hacemos para que en la formación de docentes se pueda permear a los estudiantes
de pedagogía, a los futuros maestros, con esos valores de la educación popular,
con una visión crítica, conectada incluso a los nuevos paradigmas científicos?
Es importante tener en claro que se pueden, y se deben, aunar dos campos: los
nuevos paradigmas holísticos de las ciencias cuánticas,
o de la revolución biomolecular, con los
planteamientos de la educación popular. Educación popular no es sólo una
metodología: es una visión política de la pedagogía que sirve para crear
conciencia de transformación social en las personas. Conectar estos dos mundos
es una maravillosa y esperanzadora posibilidad que existe para el mundo
académico. Y eso es lo que yo trato de hacer en mi práctica del día a día.
Argenpress: Desde la
pedagogía popular, entonces: ¿cómo enfrentarnos a ese mundo tremendo que
representa todo el campo de los medios audiovisuales (televisión, internet, videojuegos), que parece haber llegado para
quedarse, desplazando a todos, incluso a la escuela formal?
Carlos
Aldana: Los jóvenes
de hoy se desenvuelven en un espacio que podemos llamar sociovirtualidad.
Todo su ámbito, su esquema de referencias, su vida en definitiva, está
constituido por elementos naturales, por factores culturales y por elementos
virtuales. Hasta hace pocos años, para un joven (cualquiera de nosotros por ejemplo)
los dos primeros campos eran todo; siempre se estudiaba la naturaleza y la
cultura, lo natural dado y lo creado por la sociedad. Ahora entró en escena la
virtualidad, y hay que ponerle mucha atención. Eso existe, y va a seguir
existiendo, y cada vez habrá más virtualidad, en mayor cantidad y calidad. Por
eso un planteamiento de educación popular, de pedagogía alternativa que mire
hacia la transformación de lo humano, pasa por las dimensiones de lo natural,
de lo cultural, y también y necesariamente por esta nueva dimensión de lo
virtual. Hay que conocerla, para saber sus posibilidades de daño pero también
creativas. Es algo que no podemos desconocer ni dejar de lado. Estamos saliendo
de un mundo para entrar en un nuevo mundo donde la virtualidad cuenta cada vez
más, pero los problemas históricos siguen estando; sigue habiendo pobreza,
injusticia, exclusión, racismo. Es una herramienta, sin dudas, no tenemos que
dejarnos fascinar por el campo de lo virtual; pero hay que saber utilizarla y
sacarle el máximo de provecho.
Argenpress: Con los aires privatizadores que
trajeron las políticas neoliberales de capitalismo salvaje de estos últimos
años, en todo el mundo la educación va mercantilizándose cada vez más, en todos
los niveles, y las ofertas públicas van perdiendo terreno. ¿Qué hacer ante
esto?
Carlos
Aldana: No
se va a poder privatizar lo no formal. No se van a poder privatizar las
capacidades organizativas de los sectores populares, por eso es ahí donde hay
que poner mucha energía. Hay quien dice que el día de hoy la educación popular
no tiene sentido; pero creo que es cuando más sentido tiene. Hoy día hay una
tremenda crisis del sistema financiero, y eso es de aprovechar desde el campo
popular. Y hay una crisis estructural. No es que todo el sistema esté por caer,
ni mucho menos, pero hay una crisis profunda que nos puede servir quizá para
proponer nuevos modelos. Eso nos puede servir para poner en duda y abrir todas
las críticas contra esos aires privatizadores que ahora nos agobian. En este
momento creo que es básico acuerpar todo esfuerzo que
vaya en defensa de la escuela pública. Los mejores aires para la privatización
de la educación pública parece que ya pasaron. Ahora, con la crisis que en este
momento vive el sistema, está haciendo un poco de agua la ideología privatista.
En este momento todo eso está contenido. No sé si está detenido, pero en estos
momentos no está en crecimiento esa ideología, porque la crisis plantea otras
prioridades. Esto es una tendencia internacional. De todos modos no hay que
olvidar que en estos años recién pasados se ha privatizado ya muchísimo, en
todos los niveles de la educación, pero queda todavía un resto que es el que
hay que seguir defendiendo. En el caso de Guatemala hay datos increíbles: en
los niveles de preprimaria y de educación secundaria, los servicios privados
ocupan porcentajes enormes. Desconozco si esto es así también en otros países,
pero aquí la privatización ha tenido un gran impacto. En el nivel de
secundaria, por ejemplo, llegamos a un 77% de los alumnos en el sector privado.
Esto es un enorme peligro: durante su juventud, en el momento de creación de
ideología, de visiones del mundo, todo ese enorme porcentaje de alumnado está
en instituciones privadas, lo cual marca toda una tendencia. Y eso es,
justamente, lo que hay que revertir.
*Carlos Aldana: es educador popular y profesor
universitario desde hace 20 años. Ha destacado por su activismo en
favor de los derechos humanos y procesos sociales con especial atención
a jóvenes, poblaciones indígenas y mujeres. Actualmente ejerce como director
de Intermón Oxfam
en Guatemala.
**Marcelo
Colussi: Psicólogo y licenciado en filosofía. Italo-argentino, desde hace
15 años vive y trabaja en el ámbito de los derechos humanos en Centroamérica.
Ensayista y escritor, ha publicado en el campo de las ciencias sociales y en la
narrativa.