Camas
turísticas, ballenas jorobadas
y petróleo en Tarfaya
Samir Delgado
Decir que estamos en crisis ya no
resulta una frase alarmante. Tanto se ha repetido en los mass media que una salida rápida en el próximo cambio de
sentido no será nada fácil, sobre todo por el embotellamiento que sufrimos en
la vida social de las islas, cada vez más acelerada en lo económico y
ralentizada hasta el tedio más triste en lo político. La mitad de la población
se abstuvo de votar en las recientes elecciones europeas, ¿nadie se alarma por
la crisis de legitimidad?, ¿cómo se come esto en Bruselas? Y encima hay quien
presume de los índices al alza de participación en Canarias. Qué pantomima.
Ayer las noticias frescas sobre el
descubrimiento científico de riquísimos yacimientos petrolíferos en Tarfaya ha puesto al personal en guardia. Dicen los
analistas de turno que este hallazgo puede convertir a Marruecos en el segundo
país productor de toda África y el sexto del mundo, transformando totalmente la
economía de su entorno geográfico. ¿Vamos a permitir, finalmente, que en plena
crisis del modelo capitalista en todo el globo nos metan en nuevas aventuras
con el negocio del oro negro?, ¿qué pasa con el Sahara?, ¿y nuestras aguas archipielágicas?, ¿y el futuro?
Todas estas interrogantes tienen que servir
para algo. Al menos para pensar dónde estamos y hacia dónde vamos. Ya nadie se
acuerda de la algarada del pasado año en el Parlamento canario, cuando se
superó con creces la jocosidad tragicómica y la clase política demostró su
prepotencia más descarada. Me refiero al rechazo institucional a la propuesta
de regulación de camas turísticas secundada por miles de personas a petición de
una federación ecologista. Parece que los altos mandatarios de CC, PP y PSOE no tienen oídos para la gente de la calle en
períodos no electorales, es como si vivieran en otra dimensión, sus gestiones
políticas pertenecen al reino de los cielos y por ello los demás mortales no
tenemos acceso a las tramas exclusivas de la divinidad institucional. Y eso que
somos los ciudadanos de a pie quienes corremos con los gastos de cada asadero
incluido en la dieta mensual de los responsables políticos. Ya no sorprende la
cantidad de dinero público que se ha invertido en la residencia presidencial de
Paulino Rivero, tampoco nadie dimite por los casos de corrupción que salpican
cada cierto tiempo a los partidos estatales en las islas, que son los más
representativos, precisamente por ser los que más caudales dinerarios mueven en
sus arcas y los que más poder alcanzan para aumentar sus redes de proselitismo
y control mediático.
De verdad, parece ridículo plantearlo
seriamente, pero tal como está el patio, ¿el señor Soria cree realmente que los
últimos resultados en las urnas europeas representan un borrón y cuenta nueva
para su patética trayectoria política de los últimos años? Claro está, tras
esta revancha del PP ya no tiene que escurrir el
bulto ante las tramas judiciales pendientes, y el himno musical de la gaviota
parece que retoma su vuelo frente al fracaso estrepitoso de un López Aguilar
con mucha mala suerte en la gomina.
Lo cierto es que de haber prensa rosa en
Canarias -y por favor que jamás esta industria de la novelería tan
típicamente española recale en las islas- de seguro que las intríngulis
políticas internas llenarías tantas páginas como los señores condes y las
señoras marquesas, los dones presidentes y las doñas alcaldesas que habrían
salido en la foto durante los festines de casino que suelen hacerse en fechas señaladas
como el pasado día de la autonomía por los lugares más tétricos de las
capitales provinciales.
Todo es posible a estas alturas de la
historia, hay quien no sufre la crisis en sus carnes y la vida es una tómbola,
ahora sube el Club Deportivo Tenerife a primera división y el bálsamo deportivo
servirá para calmar las angustias monetarias de mucha gente, al menos
momentáneamente. De lo que nadie se acuerda tampoco, como es habitual en la
parrilla de salida de cualquier debate, son las fotografías publicadas en la
prensa insular revelando el santuario que se ha gestado en las islas para las
ballenas jorobadas, una muestra más que evidente sobre nuestra biodiversidad
marina y la riqueza inexplorada que habita bajo nuestras aguas atlánticas. Algo
que contrasta totalmente con el otro santuario de villas deportivas de lujo y
parcelas privadas hoteleras que han convertido las costas en un pastiche de la
peor estampa Miami Beach.
Tal vez, lo peor de la crisis no sean tan
sólo las gravísimas colas del paro y las pérdidas de salud en muchas familias
canarias. Hay algo que no se dice, pero se sabe a ciencia cierta en nuestro
pueblo: la crisis de miopía y la completa ceguera de la clase política que no
quiere ver más allá de sus intereses. Donde hay litorales límpidos para las
energías renovables, ellos ven camas turísticas y campos de golf, donde hay
aguas azul marinas de enorme riqueza natural, ellos ven nada más que puertos
industriales para el gas y la extracción de petróleo.
¿Qué
pasó con el buque de pasajeros que se hundió en Tarfaya?,
¿qué garantías hay de progreso y bienestar detrás de los chanchullos de
Repsol?, ¿para cuando unas elecciones en Canarias para poder decidir sobre los
temas cruciales que afectan a nuestro futuro en el orbe internacional?
* Escritos del cibercafé
(Volumen II)