En España, lo que el Papa dice, va a Misa

 

Altakay Ayt Daute

   De cultura general es sabido que en la Baja y la Alta Edad Media, así como antes de la Revolución Francesa que derrocó (supuestamente) el Antiguo Régimen, el Monarca Absoluto del Vaticano, conocido también con los nombres de Obispo de Roma, Cristo en la Tierra, Cabeza de la Iglesia Católica y demás aduladores nombres, controlaba todos los aspectos de la vida política, económica y social de Europa y todos los territorios americanos y africanos bajo dominación de las potencias coloniales europeas, siendo las más extendidas España, Francia e Inglaterra. La voz del Papa tronaba más alto que ninguna, siendo el hombre más poderoso en la Tierra, consultado ante cualquier asunto difícil (y no tan difícil) de Palacio.

   El poder del Papa, durante todos estos siglos, no ha desaparecido como muchos creen, simplemente se ha transformado: sus encíclicas se reciben con admiración y esperanza, sus visitas a otras naciones son televisadas mundialmente y su figura es conocida por católicos y no católicos. En cada púlpito del mundo se repiten sus palabras y miles de millones de personas las toman por la Palabra del Señor Jesucristo encarnada en el Santo Padre (ya conocido en la Religión Pagana de Roma como Sumo Pontífice). Pero ocurre algo, y no es del todo correcto: el Papa y sus seguidores lo creen infalible, y de todos es sabido que debajo del hábito blanco lo que hay es carne y hueso, es humano, y es propio de los humanos cometer errores (no hay más que leer una biografía, si puede ser no autorizada, de Ratzinger, actual Papa de Roma bajo el nombre de Benedicto XVI).

   Sin ánimo de ofender al Papa, ni de tampoco molestar al clero ni a los fieles católicos que tienen ciega fe en él, voy a comentarles, desde la perspectiva de España, sus últimas y más vibrantes declaraciones, dejando de lado el asunto del Obispo Lefevre, excomulgado por Juan Pablo II por negar el holocausto nazi contra el pueblo hebreo, y que Ratzinger, junto a otros Monseñores, ha readmitido al seno de la Iglesia Católica, y el “roce” con el pueblo árabe por alusiones nada acertadas a la religión inspirada a Mahoma, el Islam.

   Me voy a centrar en su último viaje a Sudáfrica. Es conocido que todos los Papas se interesan (solo se interesan) por el pueblo africano y sus gravísimos problemas heredados del colonialismo europeo y estadounidense moderno, que los oprime y no les permite decidir y vivir por sí mismos, dándoles a entender que son inferiores e incapaces de sostener sus naciones y estados. Siempre que los Santos Padres se desplazan a esta zona del mundo se sacan una foto con unos cuantos niños negros, acarician las cabecitas de los niños mutilados por las guerras en los hospitales, dan dos o tres misas y “se mandan a mudar”, conociendo que el precio de su anillo les podría dar de comer a muchos como para tres o cuatro años. Pero esta visita de Ratzinger ha sido distinta, pues ha soltado lo que yo creo es una “perlita de la literatura mundial”: dijo algo como que los preservativos (método profiláctico anticonceptivo con una probabilidad del 99,9% de posibilidades de no transmitir SIDA o demás enfermedades de transmisión sexual) no sólo no prevenía el SIDA, sino que además fomentaba que hubieran más casos. Si esta “perlita de la literatura mundial” la hubiera dicho en Europa o en EEUU, pues se la tomarían como un chiste, pero no, la dice en África, un continente con una de las cifras más altas de contagiados del SIDA a causa de la falta de información y prevención. Este Señor de toga, después de haber soltado algo que sabe que es mentira, porque basta leer un informe de investigación médica para saber que eso que ha dicho no es verídico, ¿podrá dormir por las noches? ¿Sabrá ya, le habrán contado (previa venia y arrodillamiento) que ha metido la pata hasta el fondo? Seguramente nadie se habrá atrevido, más seguro alguien del Opus Dei le habrá ya felicitado y animado a ir a China a soltarlo otra vez.

   Prosigamos: a esta “iluminación sanitaria” de Su Santidad, ¿cómo debería haber respondido Occidente, conociendo las características de la enfermedad en África? Bueno, solo un Parlamento se ha atrevido a reprochar al Papa su insensatez (con el debido respeto, vayan a excomulgarme). ¿Y en España? Si, España, ese país constitucionalmente sin religión oficial pero en el que las cruces acompañan a la foto del Monarca Juan Carlos de Borbón en muchos organismos oficiales y colegios. Pues IU y los Catalanes Verdes han llevado al Congreso una petición de reprobación, que han denegado TODOS LOS PARTIDOS DE LA CÁMA EXCEPTO ELLOS. Señores, del PP me lo espero, el partido heredero de los oligarcas y de los poderosos de la época del Generalísimo Franco (al que aún no quieren retirar sus honores, cosa lógica, pues nadie se tira arena a sus ojos), ¿pero del PSOE? ¿El partido en el poder que dice ser de izquierdas? ¿Qué abandera la laicidad y la libertad religiosa, permitiendo que el Papa diga esas cosas “tan acertadas”? Respuesta del PSOE, “no lo hacemos, razones de estado”. Mientras tanto, que el Papa siga soltando alegrías tan felizmente… vayamos al principio de mi artículo, donde explicaba el poder de antaño de los Papas: ¿ha cambiado, o simplemente se ha transformado? Les invito a esa reflexión.

   Solo dos cosas más: a los habitantes de África, decirles que escuchen a los médicos, y no a los que quieren que se sigan sus preceptos bajo cualquier cosa, aunque sean vidas humanas, y al Papa pedirle que menos decir glorias científicas y más dinero para el desarrollo de la salud y el bienestar de nuestro continente, pero sin pedir nada a cambio.