Españoles de conveniencia

 

Mateo López Rivero *

 

El periódico El Día publicaba recientemente en la columna de Andrés Chaves, Superconfidencial, una interesantísima información extraída de un libro de Francisco Franco Salgado-Araujo, que recoge una entrevista realizada a su tío, Francisco Franco.

El Dictador reveló en dicha entrevista que García Escámez, siendo capitán general de Canarias, planeó la creación de un Estado independiente canario, presidido por Juan de Borbón, padre del actual jefe del Estado español, en el caso de que Hitler hubiera invadido la Península Ibérica durante la II Guerra Mundial.

Este episodio se suma a los muchos que, a través de los más de cinco siglos de colonización, revelan que los canarios, sólo hemos sido españoles de conveniencia y que Canarias no ha sido nunca España, sino más exactamente una posesión española. De hecho, las disposiciones y leyes españolas, al referirse a Canarias, la califican como posesión de ultramar hasta los inicios del siglo XX y valga como ejemplo el Proyecto de Ley de Puertos Francos de 1899 -hace sólo 110 años- que en su Artículo 13 dice: "El Gobierno queda autorizado para establecer en las demás posesiones españolas el régimen contributivo que considere más conveniente". Aunque se nos denominara "provincia", hasta bien avanzado el franquismo estábamos encuadrados junto al África Occidental Española ("Canarias y AOE") y la entonces también "provincia" de Guinea Ecuatorial.

Mucho han escrito los exegetas del supuesto españolismo de las Islas cuando se refieren, por ejemplo, a nuestras históricas Milicias Canarias, pero en Identidad Canaria entendemos que sus gestas no son prueba de patriotismo español, sino de un elemental instinto de supervivencia ante los ataques de potencias europeas, turcos o berberiscos, que sólo buscaban rapiñar plata, riquezas o cobrar rescate por los isleños capturados. De hecho, las milicias se organizaban por la ausencia de medios de defensa eficaces a cargo de la Corona española, a la que, por tanto, poco había que agradecer en la salvaguardia de vidas, bienes y haciendas.

Cuando Van der Does saqueó Las Palmas en 1599 fue por la negativa del canónigo Cairasco a pagarle los 400.000 ducados que el pirata exigía. Puede argumentarse que la victoria de las milicias tinerfeñas sobre Nelson en 1797 no respondiera sólo a evitar el saqueo sino también a que las Islas cayeran bajo soberanía inglesa, pero no es menos cierto que pocos años después, tras la invasión napoleónica de España, la Junta Suprema de Canarias presidida por Nava y Grimón llega a plantearse las opciones de la independencia de Canarias, su anexión a las nuevas repúblicas americanas o a la Inglaterra del mismo Nelson, mercado principal de nuestras exportaciones de vinos.

En Las Palmas fue agasajado en junio de 1808 por las autoridades civiles, judiciales y religiosas el capitán de la goleta "La Mosca", portador de las credenciales de José Bonaparte como rey de España para las colonias americanas. ¿Otra prueba de españolismo? Similar episodio ocurre en 1819 cuando, según recogen las Actas del Ayuntamiento de Icod de los Vinos, es también agasajado en Garachico un barco con independentistas venezolanos "enemigos de su Majestad española".

Pero nuestra españolidad de conveniencia era también así considerada por las autoridades coloniales, que en ocasiones no nos consideraban ni siquiera súbditos, sino más bien mercancías, como denota el establecimiento, entre 1676 y 1786, de las "Contribuciones en Sangre" para el tráfico comercial con América, mediante las que era obligado embarcar por cada 100 toneladas de mercancía cinco familias canarias de cinco miembros. Según refleja José Sánchez Herrera en su obra "Población de las Islas Canarias en la segunda mitad del siglo XVII", entre 1676 y 1688 fueron "exportados" a América por ese sistema 7.213 canarios y canarias, de un censo total de unas 100.000 almas.

Tampoco les convino considerar españoles a más de 80.000 canarios en Cuba, cuando España claudicó ante Estados Unidos en la firma del Tratado de París de 1898, garantizando protección sobre sus propiedades, en los territorios a cuya soberanía renunciaban, sólo a "los súbditos españoles naturales de la Península". Para muchos historiadores la redacción de esta cláusula responde a la voluntad de EEUU de plantear más tarde la anexión de las Islas Canarias, que no llegó a producirse por la intercesión de la Corona de Inglaterra que alegó su soberanía económica y comercial sobre las Islas, mantenida hasta bien entrado el siglo XX.

De esta etapa quedan huellas en nuestro recibo de la luz, suministrada por Unelco, que responde a las siglas de Unión Electric Company, o en un sector de la playa de Las Canteras en Las Palmas, llamado la CICER (Compañía Insular Colonial de Electricidad y Riego), por estar allí ubicada hasta hace pocas décadas la central eléctrica instalada por los ingleses, que también asumieron otras infraestructuras vitales como el abasto de agua y el transporte terrestre y marítimo. Tanta prueba de españolidad nos abruma.

Sin que se entienda como consuelo de tontos, nuestra condición no fue exclusiva: los ciudadanos de Florida, Puerto Rico, Filipinas, Guam, Marianas, Carolinas y Palaos fueron vendidos miserablemente por los gobiernos españoles de turno a EEUU y Alemania.

Dirán algunos que esos eran otros tiempos, pero en Identidad Canaria creemos que seguimos siendo españoles de conveniencia para la Corona española. Sólo hace 34 años el actual jefe del Estado, entonces en funciones, se desplazó a El Aaiún a prometerle a los saharauis que derramarían hasta la última gota de sangre para defender el antiguo territorio español. Felipe González manifestó adhesión inquebrantable al Polisario en Tinduf, en 1982, antes de ser presidente del Gobierno de España y olvidar su compromiso por razones de Estado.

La entrega del Sahara a Marruecos, en nuestros tiempos, significó dejar desguarnecidas nuestras espaldas continentales africanas, pero lo peor está por llegar. Las últimas tendencias negociadoras apuntan a la consolidación de un Sahara marroquí, con lo que nuestro vecino país controlaría las dos asas de la tenaza, al Norte y al Sur del paralelo 27,40.

Estaríamos, por consiguiente, ante un Marruecos potencia que incorporaría legalmente las inmensas riquezas saharauis, y no ante el país en vías de desarrollo que ahora es. Francia y España están interesadas en jugar un importante papel en esa futura potencia emergente, por eso apoyan las tesis de Rabat y no la independencia saharaui, que es lo que realmente conviene a Canarias. Por tanto, ¡que Alá nos coja confesados!...

Ante la nueva encrucijada que se nos plantea, en Identidad Canaria lo tenemos muy claro: tenemos que dejar de ser españoles de conveniencia y aprovechar los derechos internacionales que nos asistirían como país soberano, estableciendo las alianzas que más nos convengan para proteger nuestros intereses.

Pero quisiéramos conocer la opinión de los canarios más españolistas: ¿prefieren que seamos siete burbujas flotando en aguas marroquíes o mantenerlos a raya estableciendo la mediana que nos correspondería como país soberano?, ¿se fían ustedes de las autoridades españolas con el "historial" que tienen y su confesado apoyo actual a las tesis marroquíes?, ¿nos mantenemos de brazos cruzados ante nuestra paulatina fagocitación/abducción por los nuevos ricos de enfrente o va siendo hora de buscar otras conveniencias? Ustedes mismos.

García Escámez, a juzgar por las declaraciones de Franco, lo tendría también muy claro. Curioso personaje este capitán general al que nadie ha podido retirarle su retrato, que preside el vestíbulo de la Asociación de Vecinos San Fernando Rey, de la barriada santacrucera que lleva su nombre.

* De Identidad Canaria