El esperpento de Euskadi

 

Juan Jesús Ayala

Una vez concluidas las elecciones del 1-M y vistos los resultados donde, no nos olvidemos, la mayoría del pueblo vasco votó nacionalismo, han operado las diferentes combinaciones entre los partidos estatalistas, PP-PSOE, ahora más nacionalistas que nadie, para la distribución del poder o para aceptar unos acuerdos firmados entre ambas formaciones en los que destacan, dicen, tomar una posición común referente a ETA y en defensa de las libertades.

Ver al PP dando apoyos a un gobierno del PSOE en Euskadi, ver al PP dándole caña, como se suele decir, al PSOE en el parlamento español y donde sea, y más aún oír en boca de su máximo dirigente, Rajoy, que no descarta una moción de censura al gobierno de Rodríguez Zapatero, la verdad es para salir corriendo y pedir consulta con el psiquiatra, o por el contrario, sin más, admitir el desaguisado y dejar que tome vida el esperpento y seguir sin entender nada de nada.

Seguramente, tanto el PP de Euskadi con la decisión que ha asumido Basagoite referente a la elección del presidente de la Cámara vasca y el próximo lehendakari López, tendrán en cuenta al menos en un futuro no muy lejano lo que se podrá conseguir con el frente antivasco que han confeccionado. Y hay que decirlo así; no es un frente anti-PNV o anti-nacionalista, no, es un frente antivasco en un pueblo que ha estado sometido a unos virajes políticos-sociales de envergadura desde aquella guerra carlista que rubricó las diferencias y enalteció su carácter marcando la raya entre lo vasco y lo español. Y es así. Y el que no lo vea de esa manera tendrá a no muy largo plazo la respuesta.

Dejar al PNV en la oposición es una de las maniobras más burdas que se han podido hacer; dejar al nacionalismo vasco, que es mayoría en Euskadi, sin decisiones de gobierno es una de las mayores torpezas que se le haya podido ocurrir a organización política alguna.

Y no es sólo que el barrunto nos diga que el nacionalismo de izquierdas, por llamarlo de alguna manera, vaya a radicalizarse, que lo hará; y no es sólo que el PNV, que desde una cierta tibieza haya exigido desde su ideario político postulados nacionalistas consecuentes, no es sólo eso; lo más duro y de tamaña envergadura que estará por llegar será que el pueblo ese que tiene enfrente tanto el mandatario del PP como el del PSOE, un pueblo que está acostumbrado a vivir de sus esencias, que está consolidado como tal y que no ha renegado de sus principios ni siquiera cuando la guerra civil, sigue ahí, expectante, alerta y sin modorra alguna.

Se podrá decir que la maniobra que se ha hecho en Euskadi es jugar con fuego. Eludir la aceptación del nacionalismo como mayoría es mirar para otro lado, es no entender los resabios de la historia y no comprender que la memoria de un pueblo está ahora como antes marcando el camino, y ese camino es su soberanía, adaptar sus cometidos políticos-ideológicos a los nuevos tiempos a definirse en la Europa de los pueblos como tal e ir hacia unas relaciones diferenciadas y específicas con el estado español.

Y eso no se ha fabricado con el Plan Ibarretxe, no se ha hecho desde un manifiesto tal o desde un programa político de la noche a la mañana. Es esa la conclusión de las ansias de un territorio que quiere ir detrás de sí mismo, sin interferencias ni tutelajes de nadie.

Y ahora, cuando aparecen dos tutores diferenciados, enemigos políticos con opuestas visiones del mundo, llegan y se dan la mano en el afán de cambiar una situación que es imperecedera; es como darle puntapiés a la historia y a las vicisitudes de un pueblo, a no tenerlo en cuenta, y no saber todo lo que les podrá venir encima al hacerlo así.

El esperpento comenzó a fabricarse desde que no se reconoció, ni por parte del PSOE y del PP, quién fue el ganador de las elecciones, esperpento que se ha agrandado cuando desde ese frentismo se pretende hacer una política que es difícil como se podrá entender desde Madrid con dos enemigos irreconciliables que están afilando sus dardos dialécticos para clavárselos uno al otro en la campaña de las próximas elecciones europeas.

El esperpento seguirá "in crescendo", y creo en su gravedad cuando desde el parlamento vasco, donde hay que oír y donde hay que hablar, el próximo lehendakari, López, que no sabe euskera, tenga que pronunciarse sobre esta o aquella cuestión y tendrá que hacerlo desde la voz de un traductor. El esperpento sí que estará en pleno rendimiento y es entonces cuando se verificará la dicotomía que existe entre un pueblo nacionalista y otro que no lo es. Y cuando el lenguaje no es el mismo, cuando no se logra un común entendimiento, ya la cuestión comienza mal.

Se sabe que en política todo es posible, pero lo que nos faltaba por ver es lo que acontece y acontecerá en Euskadi, donde el verdadero protagonista de la cuestión es, quiérase o no, el esperpento político que está tocando a sus puertas.