El factor China
Juan Jesús Bermúdez
Sostiene Kate Mackenzie, del diario Financial Times, que es China quien está sosteniendo los
precios actuales del petróleo. En su análisis, basado en datos de Goldman
Sachs, se refleja que el país asiático ha compensado casi exactamente la caída
abrupta de la demanda de crudo en los Estados Unidos, con un incremento de su
consumo de petróleo, lo que hace entrever una robusta capacidad de absorber
nueva capacidad de expansión, tal es la inercia que mantiene esa nueva “fábrica
del Mundo”, como ha sido denominada.
Resulta significativo, en ese aspecto,
cómo China está importando con fruición, por ejemplo, la producción de petróleo
creciente de Angola, o la rapidez con la que se sitúan empresas petroleras de
ese país como CNPC y CNOOC,
en Gabón, Nigeria, Sudán y otros territorios del llamado “West
Africa”. Igualmente, los movimientos geoestratégicos
vinculados al crudo vislumbran “desviaciones”, quizás más preocupantes, del
petróleo Saudí hacia un mercado que sigue creciendo a un ritmo anual
cercano a los dos dígitos, ante caídas abruptas del consumo occidental que,
igualmente, supera los dos dígitos en algunos indicadores de consumo, pero en
sentido contrario. Lo mismo podemos decir en relación con el mercado global del
gas, y la pretensión del país más poblado del Mundo de generar los convenientes
lazos de hermandad –en forma de gaseoductos– con el
vecino ruso.
Precisamente, conviene detenernos en uno
de esos indicadores considerado convencionalmente como de salud económica, para
evaluar la importancia del “factor China”: la analista de “TheOilDrum”,
Gail Tverberg, estudiaba recientemente las escalofriantes cifras del
crecimiento de ese país en el sector del transporte, partiendo de datos
oficiales. Según los mismos, durante los años
Al gigante le ayuda otro gigante, India,
que también está creciendo significativamente en su nuevo parque de vehículos.
Según Rahul Goswami, que
cita datos de la confederación industrial de ese país, en el periodo 2003-2008
la venta de coches del otro territorio “mil millonario” en habitantes, se
incrementó en un 25% anual. Esperan ser, en el año 2016, el sexto mercado
mundial de venta de coches. No es de extrañar, de esa manera, que la
administración norteamericana haya mostrado ya públicamente su inquietud por lo
que resulta de factor de creciente competencia por los recursos energéticos en
Se ha hablado hasta la saciedad de hasta
qué punto la expansión china, que algunos califican también como burbuja, podrá
soportar por más tiempo una recesión global, siendo como son sus gigantescas
fábricas suministradores dependientes de los mercados occidentales y su solidez
financiera. Pero, por otro lado, se puede llegar a pensar que China, realmente,
se está pertrechando como una gran potencia que acapara, a través de sus
proverbiales bajos costes, recursos y nuevos lugares de posterior suministro de
productos para cautivos mercados que desmantelan sus sectores industriales
propios, como le ha ocurrido a los EE.UU. o, en parte, a Europa. También se
analiza la viabilidad de ese descomunal modelo en un entorno de petróleo caro,
esto es, en un marco de globalización menos rentable. Sea como fuere, a la tarta de los recursos se han
acercado, a una velocidad que nos podría resultar extravagante en otro
contexto, unos cientos de millones de nuevos consumidores que ejercerán de
factor clave en cualquier venidero llamamiento a los brotes verdes, en la
medida en que sus tallos han sido fertilizados con el brebaje del crecimiento
exponencial que solíamos pensar estaba reservado sólo para una minoría del
Norte occidental. En el ámbito de los recursos naturales, se asegura que en
este escenario, con los actuales ritmos de extracción y, en algunos casos de
reservas, se incrementará la pujanza global por los mismos, en forma de precios
altos, algo que quizás esté inaugurando una nueva era con consecuencias de
importante calado para las economías occidentales.