La fauna local se acomoda en el área metropolitana

 

Invisibles para la enorme mayoría de los santacruceros, sus colonias permanecen asentadas con firmeza a lo largo y ancho de la ciudad, aprovechando a su antojo los cauces de los barrancos, los parques y jardines, y los edificios abandonados hasta convertirlos en su propio ecosistema. Contraatacan el empuje del ruido, del asfalto y de los seres humanos con una revolución silenciosa y casi imperceptible que tiene en los espacios verdes y los solares su particular campo de batalla.

 

Las especies autóctonas de la Isla no han dado el brazo a torcer y continúan presentes en el área metropolitana, adaptándose a una nueva vida en un escenario que, en ocasiones, no es tan distinto a sus hábitats originales. En su gran mayoría, han cambiado bosques de laurisilva, pequeños arroyos o los acantilados por lugares tan emblemáticos de la ciudad como el parque García Sanabria o el barranco de Santos, siendo capaces de criar y formar pequeñas comunidades en lugares insospechados para la inmensa mayoría de la ciudadanía.

 

Son los herrezuelos, las currucas capirotadas, los cernícalos, los mosquiteros canarios, los murciélagos rabudos, los mirlos, los lagartos, los perenquenes, los eslizones y algunas otras especies que han apostado por la urbe capitalina como el escenario idóneo para continuar medrando y reproduciéndose. Las razones que explican su asentamiento en plena jungla de asfalto son variadas. Según Aurelio Martín, profesor de zoología de la Universidad de La Laguna, las ciudades siempre conservan ciertas "reminiscencias" de la vida en el campo que facilitan la supervivencia de estos animales.

 

En algunas ocasiones, explica, estas especies habitan en lo que actualmente es Santa Cruz desde muchos siglos antes de que los primeros conquistadores españoles pusieran su pie en la Isla. "Algunas tienen dificultades para trasladarse a otras zonas. A pesar de que su hábitat natural fue ocupado, han desarrollado una gran capacidad de adaptación para continuar aquí", señala.



Otra de las razones que explica la presencia de ciertas especies es la creación de zonas verdes que reproducen artificialmente las condiciones naturales donde se afincan. "Son sucedáneos de la vida en el campo donde encuentran todo lo que precisan para vivir", asegura.

 

Debido a condicionantes como estos es posible observar a mirlos buscando insectos o frutos entre la hojarasca del García Sanabria, escuchar a los murciélagos rabo en las inmediaciones de los puentes bajo donde descansan durante el día o contemplar el ágil vuelo de los cernícalos o incluso de los halcones de Berbería, una especie que hace apenas unos años estaba en peligro de extinción, en las cercanías del Barranco de Santos o del Heliodoro Rodríguez López. "En ocasiones se acercan para cazar. Aquí tienen más facilidades, sobre todo en los días más complicados metereologicamente", señala Juan Antonio Lorenzo, biólogo y coordinador de proyectos de la delegación de Tenerife de la Sociedad Española de Ornitología.

 

Para conservar la existencia de estos extraños vecinos de la capital, Lorenzo pidió "mayor cautela" a los servicios de jardines municipales en la utilización de productos fitosanitarios, sobre todo en las épocas de cría.

 

Pero las aves no son los únicos integrantes de la fauna tinerfeña que se han hecho un hueco en el área metropolitana. El lagarto canario abunda entre las grietas de los solares y viviendas abandonadas, así como en los cauces de los barrancos, donde encuentra las condiciones adecuadas para su supervivencia. Más o menos lo mismo sucede con otro reptil, el perenquén, una especie endémica de Tenerife que habita en los espacios rocosos y las construcciones del municipio. Según Aurelio Martín, su población es muy numerosa tanto las zonas más urbanas del municipio como en otras con menor presencia humana.

 

Fuente: laopinion.es/ ANDRÉS LOBATO

 

Nota: Falta por reseñar, entre otros, a los pájaros canarios silvestres o del monte, que en los últimos años se han extendido por casi todas la zonas arboladas de nuestras ciudades. Si se presta atención, particularmente por las ramblas y en algunas plazas arboladas con laureles de indias, se puede oír su entrañable canto, sobre todo en época de celo; están desplazando incluso a los gorriones, antaño muy numerosos y actualmente en retroceso. Cabe añadir, asimismo, a los capirotes de los que se puede oír su inconfundible canto, -similar al del ruiseñor-, también en zonas arboladas. Aunque cada vez mas escasas, las alpispas, conocidas también por banderitas, se enseñorean de los barrancos, y también se les puede ver con su alegre balanceo en los muros de las azoteas donde resuma el agua de los depósitos. Las aves que saltan más a vista son las tórtolas, estacionales y migratorias, que les están disputando el habita a las palomas. Aunque a algunos les parezca increíble, las garzas se enseñorean en los parques de Arrecife, hasta el extremo de que, lamentablemente, el ayuntamiento ha tratado por todos los medios de ahuyentarlas. Por otra parte, son numerosas las aves exóticas que están colonizando nuestras ciudades. Es cuestión, por sus implicaciones, de tratamiento aparte…