EL
CANARIO VENEZOLANO, FRANCISCO DE MIRANDA,
GENERAL
DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA
Por Antonio Cubillo Ferreira.

El primer precursor de la revolución anticolonialista venezolana,
tenemos que redecirlo, fue un isleño canario de la Isla del Hierro, Juan
Francisco de León, que organizó un levantamiento en Venezuela en el siglo
XVIII, aunque no pudo triunfar. Luego de algunas acciones exitosas contra el ejército
realista y un gran apoyo popular, entra a Caracas, provocando la huida del
representante de la corona, Echeverría, pero finalmente el gobernador español,
Felipe Ricardos, logra someterlo y el 28
de marzo de 1752
es enviado como prisionero al terrible penal de la Carraca,
en Cádiz,
donde murió no más llegar, el 2 de agosto de 1752.
Declarado traidor por el gobernador español Felipe Ricardos, su casa en
La Candelaria, Caracas, fue arrasada y sembrada con sal, para que ni la hierba
creciese. El 25 de septiembre de 1753,
y sobre sus ruinas, se colocó un padrón de ignominia que rezaba así:
«Esta es la justicia del Rey Nuestro Señor mandada hacer por el
Excelentísimo Señor Don FPE RICARDOS. TTE. GENERAL DE LOS EJÉRCITOS de su
majestad su Govr y CAPNA General de esta provincia de Caracas – con Juan
Francisco de León, amo de esta casa, por pertinaz, rebelde y traidor a la Real
Corona y por ello reo. Que se derribe y siembre de sal por perpetua memoria de
su infamia.»[.
]
Años después, cuando el gran Libertador, Simón Bolívar, liberó
Caracas, lo primero que hizo fue quitar este vergonzoso cartel puesto por los
españoles, devolver el solar a la familia y poner otro ensalzando el valor y el
gesto de este compatriota Canario, precursor de la lucha contra los españoles.
El ejemplo de este Canario no cayó en el olvido y fue un hijo de
un Canario del Puerto de la Cruz, Tenerife, Don
Francisco Antonio Gabriel de
Miranda, (nacido en 1750 en Caracas), quien se lanzó a organizar la nueva etapa
anticolonialista que conduciría a la independencia, aunque no pudo verla, pues,
igual que nuestros compatriota herreño, murió en el penal de la Carracas, un
14 de julio de 1816, (14 de julio, toma de la Bastilla en 1789… coincidencia),
después de haber sido apresado también por los monárquicos
españoles.
No se concibe la independencia de América, sin
conocer a fondo todo lo que llevó a cabo el gran Precursor, para obtener
apoyos internacionales en su lucha contra la España. Con el grado de capitán
que había obtenido sirviendo en el ejército en España, al estallar la guerra
entre Inglaterra y sus colonias en América del Norte y tomar parte España, se
alista como voluntario en el cuerpo expedicionario que sale para América en
1780. Cuando llega a Cuba, se hizo ayudante del gobernador español, Cagigal,
con quien participó al lado de los independentistas norteamericanos en el
asalto de Pensacola, en Florida, contra los ingleses, donde fue ascendido a
teniente coronel. En 1782 combatió contra los ingleses en las Bahamas. El
contacto con los patriotas estadounidenses ejerció una gran influencia sobre
Miranda, en sus escritos diría, ¨en las acciones donde la causa de la libertad
era objeto de ahínco y entusiasmo comunes¨. En 1783 llega a los EEUU y allí
se relacionó con Washington, Alexander Hamilton, Samuel y John Adams, el
general Henry Knox, entre otros, así como conoció y trató al general francés
de La Fayette, que mandaba las tropas francesas venidas de Francia para apoyar a
los patriotas estadounidenses.
Aunque podía haberse quedado allí, como así le dijeron, y preparar la
lucha de liberación de las colonias españolas, sabía que no había
posibilidades prácticas en aquellos momentos, ya que Miranda buscaba acabar con
la presencia española en América rápidamente y comprendió que lo mejor y más
práctico era ir a Europa a probar suerte en Inglaterra, donde llegó en agosto
de 1785, pero no encontró allí el apoyo que buscaba por lo que, tras seis
meses de estancia, partió hacia el continente, tras haberse enterado que la
corona española lo estaba buscando a través de su embajada en Londres para
raptarlo o asesinarlo. En Europa entró en contacto con los prusianos de
Federico II, pero no tuvo éxito por lo que se dedicó a viajar por Hungría,
Austria, Italia, pero habiendo recibido información que los espías españoles
lo estaban siguiendo y sus embajadas tenían planes para raptarlo y expatriarlo,
Miranda se escondió varios meses y comprendió que la única potencia que podía
ayudarlo en aquellos momentos era Rusia. Madrid pensó lo mismo y envía una
nota a su representante en San Petersburgo, Pedro de Normández, para saber si
se encontraba en Rusia, F. de Miranda, oriundo de Caracas e independentista, ¨que
contra las intenciones de la Corte va girando por Europa¨. Miranda
no había ido directamente sino que partió de Italia, con el supuesto
nombre de coronel Morín, norteamericano, con el cual viajó por Italia y
Sicilia, ya que Fernando IV, era rey de la rama de los borbones españoles en
dicha península y corría el peligro de que lo detuvieran o asesinaran por
orden de los Borbones. En vez de ir directamente a Rusia, como pensó, se fue a
Turquía a visitar el imperio otomano de Estambul y conocer sus potencialidades
y fortificaciones.
Miranda sabía
que el imperio zarista de Catalina II tenía bases en Alaska, territorio ruso en
aquel entonces, y que pensaba avanzar en su conquista hacia el sur, incluso
llegar a California. También sabía que los españoles seguían avanzando en
sus conquistas al norte de la Baja California (1779) y que entrarían en
contradicción con los rusos, por lo que la zarina podría interesarse en sus
proyectos de independencia. Miranda guardaba en su manga una carta que fue el
encuentro que tuvo en Viena, con un compatriota canario, amigo de la familia de
su padre, Domingo de Iriarte, natural del Puerto de la Cruz, Tenerife,
encargado de la delegación española en dicha ciudad, el cual le facilitó un
pasaporte secretamente y le comunicó que tuviese cuidado pues lo estaban
siguiendo por todas partes. En agosto de 1786, entra en contacto con el
representante diplomático ruso, Bulgakov, quien le facilita la entrada en el país,
adonde llegó con un pasaporte que decía ¨conde Miranda¨, que expedido en
Estambul, por un diplomático austríaco, denominado el internuncio del ¨Sacro
Imperio Romano ¨, en la Puerta, Peter
Von Herbert-Rathkeal.
Su estancia en Rusia duró casi
un año, 1786 y 87, visitando casi todas las ciudades importantes y
estableciendo relación con diversas personalidades a las que exponía sus
proyectos. Pero su ambición era llegar al Príncipe Potemkine y, a través de
él, a la zarina, cosa que consigue en enero de 1787, entablando enseguida una
gran amistad, pues Miranda conocía todos los escritores franceses, Voltaire,
Rousseau, Diderot, D´Alambert y los enciclopedistas que la zarina admiraba y
conocía. En febrero es presentado a la corte en Kiev y a la zarina, la cual le
mostró enseguida una gran simpatía y apoyo y comprendió sus ideales y planes
de liberación, pero sin comprometerse a fondo como Miranda buscaba. El 9 de
febrero, la embajada de España en S. Petersburgo, a través de su
representante, Normandéz, informaba a Madrid que el ¨reo de estado, Miranda,
se hallaba en Rusia¨. Enseguida
encargó a su secretario Macanaz para tomar las medidas oportunas, recurriendo
al cónsul general español A. de Colombi y al capitán de navío Gayangos como
mercenario, por si se le detenía y enviaba arrestado en un barco. Había que
aislar a Miranda, matarlo o capturarlo para someterlo al tribunal de la
Inquisición en España. Catalina II, informada de los planes españoles de
atentar contra su amigo venezolano, le prometió en Kiev que se quedase en Rusia
a su servicio y le daría protección. Como es lógico Miranda no aceptó esta
proposición, pues lo que él venía buscando era armas y dinero para una acción
revolucionaria contra la España colonialista. La zarina, decepcionada, prometió
cartas de recomendación para sus amigos en las cortes europeas y el
correspondiente pasaporte diplomático y uso del uniforme ruso. Esperando estas
cartas, el patriota venezolano parte para Moscú. Los españoles no se quedaron
quietos y así, el cónsul Macanaz comunicó a la corte rusa, julio 1787, ¨ la
orden formal que le remitió su corte, de solicitar de la emperatriz la entrega
del señor de Miranda como fugitivo y como acusado de crimen estatal y de traición¨.
La posición adoptada por Catalina II ante la nota, fue ¨que en Rusia nada
amenazaba la libertad y seguridad de Miranda, y que si en España consideraban a
Miranda persona tan peligrosa, deberían alegrarse de que él se encontrase tan
lejos de ese país¨. Como era de suponer, entonces los representantes españoles,
para aislar y enfrentar a Miranda con los rusos, empezaron a propalar el rumor
de que Miranda era un agente pagado por Inglaterra y traidor a su patria. Don
Francisco comprendió que era hora de abandonar Rusia, puesto que la corte española
y también la francesa de los borbones, se habían puesto de acuerdo para
liquidarlo o hacerle incluso un atentado.

Con un pasaporte ruso y cartas
de recomendación para los representantes diplomáticos rusos en Viena, Paris,
Londres, La Haya, Copenhague, Estocolmo, Berlín y Nápoles, mas la autorización
de usar el uniforme ruso, parte de Rusia en 1787 con destino a Suecia, bajo el
falso nombre de Morprosan. En Suecia, aunque logró hablar con el Rey Gustavo
III, no obtuvo apoyo a sus planes,
pues los espías españoles también lo perseguían para liquidarlo o arrestarlo
y difundían calumnias a diestro y siniestro. De allí pasó a Dinamarca, donde
le trataron con simpatía por su lucha contra España, pero sus amigos daneses
le aconsejaron que se fuera por cuestiones de seguridad, lo que hizo el 1º de
marzo de 1788, con un pasaporte danés a nombre de señor Meran, dirección
Hamburgo. De allí pasó a Suiza y
el 1º de octubre de 1788 entró en Francia, a pesar de los peligros que suponía
entrar en una monarquía borbónica aliada de España. Miranda pensaba ir de
paso por Francia, pero el año 1789 se preparaba la revolución francesa y, como
es lógico, se interesó en aquellos acontecimientos y a finales de mayo llega a
París, coincidiendo con su amigo de los Estados Unidos,Th. Jefferson, con quien
intentaba discutir de sus planes.
Pero como los acontecimientos de París no iban a favorecer
sus aspiraciones por el momento, parte para Inglaterra donde se le sitúa el
20.6.1789. En cuanto lo supo la embajada de España, empezó sus conocidas
maniobras para acabar con él por todos los medios propios de los borbones.
Aunque Miranda tenía buenos y poderosos amigos en Londres, sabía que la corona
española estaba dispuesta a asesinarle o raptarle por lo que tomó sus
precauciones. La situación se empeoró cuando supo que la zarina Catalina II,
rompía las relaciones con Francia y entraba a formar bloque con las potencias
europeas que se habían concertado contra la revolución francesa, en la cual
había empezado a confiar Miranda. En enero de 1792, llega a Londres el francés
Charles de Talleyrand, en misión diplomática y en representación de la
Revolución, con el cual entró en contacto y le expuso a Miranda el proyecto de
una expedición anglo-francesa para liberar las colonias americanas y abrirlas
al comercio internacional. Entusiasmado Miranda, el 19 de marzo de 1792, se
dirige a Paris para confirmar este proyecto y sondear el terreno contactando al
alcalde de París, Jerome Petion, al ministro Doumouriez y otros.
El 20 de junio contempla la gran manifestación de descontento
contra Luis XVI y los rumores de una invasión a Francia con tropas extranjeras.
La Asamblea Legislativa promulga el 11 de julio el decreto de la Patria en
Peligro. El 10 de agosto estalla la insurrección popular en París y el palacio
de la Tuillerías es tomado por asalto por el pueblo. Estos sucesos rompieron
los planes de Miranda y como buen revolucionario ofreció sus servicios a
Francia. Petion propuso al venezolano quedarse en Francia
y aceptar un alto cargo en el ejército como mariscal de campo es decir,
general de brigada. Como Miranda seguía ostentando el uniforme ruso y mantenía
relaciones con la corte de la zarina, se apresuró de inmediato de enviar una
carta a San Petersburgo, al ministro
S. Vorontsov diciendo: ¨que me haya incorporado a los defensores de la
Libertad -señaló-, no debe sorprenderle, porque Usted sabe bien que ella es mi
divinidad favorita, y estoy al servicio de ella mucho antes que Francia pensara
en esta ocupación… Pero lo que me ha inducido a ello principalmente, es poder
ser útil más tarde a mi pobre Patria que no puedo abandonar¨.
Las tropas coaligadas austro-prusianas invaden Francia el 19 de
agosto; la revolución está en peligro de muerte. El 24 de agosto, Miranda
acepta el nombramiento de general del ejército revolucionario. El 1º de
septiembre, fue designado al ejército del Norte que mandaba el general
Doumouriez y fue el único general extranjero que participa en la gran batalla
de Valmy, al mando del general francés Kellerman, contra el ejército austro-húngaro,
que transformó la historia de Francia y de Europa, pues fue donde surgió en
aquella batalla el concepto de Nación, cuando Kellerman, al mando de 12.000
soldados franceses mal vestidos y pobremente armados, -pero al grito de Viva la
Nación-, se enfrentó a 130.000 austro húngaros y los obligó a huir.
Posteriormente, El 29 de noviembre de 1792, Miranda, al frente del ejército,
asedia y toma la ciudad de Amberes y ocupa Bélgica.
Aquí no habría espacio para contar todas las batallas y aventuras
de este venezolano de origen canario, en Francia y América, ya habrá otra
ocasión para relatarlo. Miranda fue también el creador de la bandera nacional
venezolana que ondeó por primera vez en
* Presidente del partido
independentista, el Congreso Nacional de Canarias (CNC), brazo político del
Movimiento de Liberación, el MPAIAC.
21.4.2010
E
mail: cubilloantonio@hotmail.com
cnc@elguanche.net
**ARTICULO
PUBLICADO EN EL SUPLEMENTO DEL PERIÓDICO INDEPENDIENTE DE TENERIFE, CANARIAS,
¨EL DÍA¨, SUPLEMENTO ‘LA PRENSA´
DE FECHA, SÁBADO 24 DE ABRIL DE 2010.
