Fraternidad, unidad, solidaridad y sugerencias

Carmelo Barone

Afortunadamente, estoy en la situación de preguntarme lo que puedo hacer por mi gente, no importa si mucho o poco -el cora­zón me lo dicta-, sobre todo cuando leo que, según el INE, el 26,8% de la población canaria está por debajo del umbral de la pobreza, o los informes de Caritas.

¡La solidaridad hoy se impone! Jun­tos, Administración y ciudadanos, podremos solucionar esos problemas que nos duelen y afec­tan a todos, porque sabemos que tantos granos de arena, unidos, forman montañas, esa fuerza, esa globalización de la solidaridad que todo hombre de buena voluntad anhela, en una sociedad que debemos construir más justa, responsable y humana: la mejor herencia para nuestros hijos.

En esta crisis tan grave, no sólo económica, sino tam­bién de valores y ambiental -no se está reaccio­nando debidamente con esta última-, abogamos por la fraternidad, por la consiguiente unidad en todos nuestros sectores públicos y sociales, para la creación de un frente común y una contundente respuesta. Instamos a la tolerancia, al diálogo y a una poli-ética, bajo la bandera del bien colec­tivo: la ley suprema. ¿Dónde está nuestro Con­sejo de sabios tinerfeño?

 

Así, como ha hecho el Cabildo de La Palma, sería oportuno un censo de familias con necesi­dad extrema, para valorar mejor la magnitud del problema y actuar. Querer significa poder. Con­sideremos la creación de un Fondo Especial de Solidaridad. Me parece bien que estemos apor­tando la friolera de 45 millones de euros para man­tener a los 1.500 menores inmigrantes -lejos de sus padres-, pero todos sabemos por dónde, pri­mero, debe empezar la caridad.

 

Lo que debe estar también claro es que este fondo, en una comunidad cuya tasa de paro cua­druplica la media europea, debe ser aportado, mayoritariamente, por el Estado o, en última ins­tancia, por la UE, de la que somos la parte más afectada por tanta inmigración. Nosotros cuida­mos a los menores; que "los demás", al menos, se impliquen económicamente. No pedimos limosnas, sino lo que es justo, en el espíritu de una verdadera y solidaria Unión Europea, que tiene recursos para esto. Ayudar y educar a esos niños significa ayudar a África.

 

Caritas, nuestra madre Iglesia, viene haciendo una labor extraordinaria y maravillosa contra tanta pobreza, en continuo aumento: debemos arrimar el hombro con ella. "El desarrollo integral del hombre no puede darse sin el desarrollo solida­rio de la Humanidad", nos recuerda Pablo VI. El Gobierno de Canarias le ha concedido 1,5 millo­nes de euros este año. Así -soy socio de Cruz Roja y de Aldeas Infantiles-, con pequeñas donacio­nes mensuales -soy pensionista-, a través de mi cuenta bancaria; quiero hacer lo mismo con Cari­tas, ya que los donativos en las misas, los primeros domingos del mes, no pueden captar todos esos potenciales granos de arena que muchos, como yo, desean aportar. Nuestras entidades bancarias podrían colaborar en esta tan vital y meritoria adquisición de "pedacitos de cielo", como la defi­niría el padre Antonio del Hogar Santa Rita, ya que cuando nos vayamos a la otra vida sólo nos llevaremos lo que hemos dado con amor: "Zekat": beneficencia, todo un deber para el Islam.

 

Yo mismo podría conseguir muchos socios para Caritas. Hay también, entre las ONG solidarias, la portuense La Mesa. Ya funcionan 700 en Ale­mania (ver EL DÍA, 2/11/2008 y 22/04/2009). Bien merece ser apoyada, haciéndose uno socio. Su teléfono es 922 38 65 34. Finalmente, crearía una Lotería Canaria Solidaria, precisamente para ese Fondo Especial susodicho; un "rasca y gana", por ejemplo, con muchos premios, aunque no tan grandes. Me duele, en Navidad, todo ese dinero de la lotería que jugamos y que, casi siem­pre, la mayoría de él se queda allende los mares. Con una lotería canaria estoy-dispuesto a hacerme ludópata. "Eran tiempos difíciles, pero las adver­sidades generaban un espíritu solidario que hoy se ha perdido. Cada vez que se ofrecía hacer algún trabajo, como segar, apañar la cosecha, etc., no había ni que avisar a la gente...". ¡No!, ese espí­ritu canario no puede perderse, así como el canto de una folia o apagarse el rojo encendido de los tajinastes en la cumbre. Porque "pueblo es raíz de esperanza, y más aún si está unido" (F. Garcíarramos)