Sindicatos, crisis y G-20

 

Justo Fernández Rodríguez

 

La crisis finaciero-económica, que afecta a todas la economías mundiales, no ha propiciado que los aspectos más negativos del tipo de sociedad que padecemos hayan experimentado alguna modificación positiva.


Con motivo del sexto aniversario de la invasión ilegal de Irak, promovida por los tres farsantes de las Azores, Bush, Blair y Aznar, en medio de las protestas ciudadanas en muchas ciudades de todo el mundo, los dirigentes de Washington insisten en los progresos "democráticos" y "la disminución de los ataques contra las tropas norteamericanas" sobre los cientos de miles de cadáveres de civiles indefensos y dos millones de iraquíes obligados a abandonar sus hogares. Sin embargo, los acontecimientos evidencian las mentiras de la campaña del Pentágono. Pese a los seis años de represión, en los últimos días se han producido dos atentados en los que han muerto más de cincuenta personas, mientras los heridos superaban el centenar. ¿Cumplirá Barack Obama su promesa de retirar las tropas en los próximos meses?


Tampoco han descansado los enemigos de la libertad de expresión, que utilizan la violencia, la cárcel, la deportación o el asesinato para eliminar voces y plumas que evidencian la falta de democracia y la corrupción política. En lo que va de año, 26 periodistas han sido asesinados, diez más que el pasado año en el mismo periodo. En 14 países el asesinato de periodistas continúa siendo impune. Amnistía Internacional (AI) denuncia que, en 2008, se duplicó el número de ajusticiamientos en 25 países. No obstante, más del 90% de las 2.390 ejecuciones se produjo en cinco países, China, Irán, Arabia Saudí, Pakistán y EE.UU. China figura a la cabeza, con 1.718 ejecuciones, el 72% del total. Tiene razón Irene Kahn al considerar la pena de muerte como "la forma más extrema de castigo cruel y degradante... Las decapitaciones, electrocuciones, ahorcamientos, administración de inyecciones letales, fusilamientos y lapidaciones no tienen cabida en el siglo XXI".


El 21 de marzo pasado se celebró, sin demasiado éxito, el Día Internacional para la eliminación de la Discriminación Racial, como preludio de la Semana de Solidaridad con los Pueblos que luchan contra el racismo y la discriminación racial. Que el racismo es una violación de los derechos humanos y de la dignidad humana en teoría lo reconoce una gran mayoría de ciudadanos. Sin embargo, los casos de discriminación racial o de utilización de los inmigrantes por políticos sin escrúpulos para responsabilizarlos del desempleo, el aumento de la delincuencia, las carencias sanitarias o en educación son cada vez más abundantes. La nueva cara del fascismo aparece recubierta de racismo.


Aparte de la visión de Barack Obama sobre la aparición de "señales de progreso" en la economía y su pronóstico de que "nos recuperaremos de esta crisis" aunque "va a hacer falta tiempo y paciencia", pocas son las señales positivas que las respaldan.


Mientras el Fondo Monetario Internacional (FMI) afirma que América Latina caerá en la recesión este mismo año, la Organización Mundial del Comercio (OMC) pronostica que el comercio mundial sufrirá la mayor contracción, el 9% desde la Segunda Guerra Mundial, lo que agravará la situación económica en la mayor parte del mundo industrializado, mientras se producirá una caída de las exportaciones de los países emergentes. En un afán de "colaboración", el actual presidente de la Unión Europea, Mirek Topolanek, dimisionario primer ministro checo, ha calificado el plan anticrisis de Obama como "el camino del infierno".


Desde el inicio de la crisis financiera mundial, son muchos los ciudadanos que mantienen su extrañeza por la aparente pasividad de las organizaciones sindicales, internacionales, nacionales, locales o sectoriales, aún reconociendo las dificultades para abordar las consecuencias de una crisis desencadenada por la permisividad cómplice del gobierno Bush y la pasividad e ineficacia del Fondo Monetario Internacional (FMI), que había presidido Rodrigo Rato, el Banco Mundial, la OCDE e, incluso, las Naciones Unidas.


El director gerente del FMI, Strauss-Kahn, ha realizado un llamamiento a una mayor coordinación entre instituciones multilaterales, como la OIT, como elemento decisivo para enfrentar la crisis económica mundial, porque los países pobres no sólo enfrentan el riesgo del desempleo, sino que que tendrían que afrontar el descontento social, amenazas a la democracia y hasta la guerra.


Juan Somavia, director general de la OIT, acepta la colaboración, pero entiende que "las respuestas a la crisis no deben tener carácter puntual y ser aplicadas temporalmente, para luego regresar a funcionar como de costumbre lo antes posible. Es esencial seguir adelante con el Programa de Trabajo Decente para apoyar la recuperación económica, evitar las crisis sociales y del mercado de trabajo y promover la cohesión social", anunciando que la proxima Conferencia Internacional de Trabajo, en junio, estará enfocada a abordar un Pacto Mundial para el Empleo.


El pasado 23 de marzo, los sindicatos de una buena parte del mundo entregaron a sus respectivos gobiernos nacionales una serie de demandas comunes. El plan sindical de cinco puntos, en el que se incluyen políticas detalladas, expone las medidas necesarias para abordar la crisis y construir una economía global más justa y sostenible para el futuro. Los secretarios generales de UGT y CC.OO., Cándido Méndez e Ignacio Fernandez Toxo, enviaron una carta a José Luis Rodríguez Zapatero pidiéndole que apoye, en la cumbre del G-20, las propuestas sindicales.


Plan internacional de recuperación y crecimiento sostenible para crear puestos de trabajo y garantizar las inversiones públicas; nacionalización de los bancos insolventes y nuevas regulaciones financieras; medidas para combatir el riesgo de la deflación salarial y revertir décadas de creciente desigualdad; medidas de gran alcance con respecto al cambio climático; nuevo marco legal internacional para regular la economía global junto con una reforma de los organismos económicos y financieros mundiales (FMI, Banco Mundial, OCDE, OMC).


Los sindicatos de todo el mundo se unieron a las Trades Union Congress británica, en una movilización de la sociedad civil que tiene por objeto concienciar a la gente sobre la necesidad de que los gobiernos lleven a cabo acciones globales coordinadas.


Guy Ryder, secretario general de la Confederación Sindical Internacional, ha advertido de la debilidad de la coordinación internacional frente a la crisis, "las raíces financieras y comerciales, económicas, de empleo y sociales de la crisis mundial están interrelacionadas, y así deben serlo las respuestas políticas. Si las medidas de estímulo se retrasan, la crisis de empleo será prolongada y severa y la recuperación del empleo sólo podría comenzar a partir de 2011".


El 2 de abril próximo, en Londres, las propuestas sindicales se presentarán formalmente ante la reunión de la Cumbre de Líderes del G-20. ¿Serán capaces los dirigentes políticos de abordar, con determinación, medidas concretas que vayan más allá de una regulación financiera, esencial pero insuficiente? ¿Se atreverán a buscar soluciones basadas en los derechos sociales y las normas fundamentales del trabajo de la OIT? ¿Se limitarán a realizar cambios mínimos a un sistema desacreditado?