Reunión del G8,
nuevo fracaso
Justo
Fernández Rodríguez
En los últimos años, para sustituir o
agilizar las funciones de
En el G-8, acusado de representar los intereses de una élite de naciones, en
detrimento de las necesidades del resto del mundo, la presidencia es rotativa,
pero EE.UU. se considera el miembro dominante del grupo, por ser la nación con
mayor poder económico y político. En el G-8 no tienen representación los países
con economías emergentes como China o India. Tampoco hay miembros del
continente africano o de América Latina. Y mientras organismos internacionales
y expertos aventuran una mejora de la situación, dentro de la gravedad de la
crisis, una vez más, la reunión del G-8, en teoría destinada a aportar
soluciones a la crisis financiero-económica, activar la lucha contra el cambio
climático y la reducción del peligro nuclear, resultó un fiasco. Buenas
palabras, pero pocas medidas concretas. Por estas causas, las reuniones del G-
La reunión del G-8 no consiguió progresar en lo que constituye la mayor
preocupación de los ciudadanos de todo el mundo: la crisis económica. Aunque se
reconocen signos de mejora de la crisis, “siguen existiendo riesgos
significativos para la estabilidad financiera y económica”. Ratifican las
decisiones tomadas hace tres meses en Londres, hasta la próxima reunión, en el
mes de septiembre, en Pittsburg. Ante el cambio climático, la amenaza más
costosa y grave que enfrenta la humanidad, causado principalmente por las
emisiones en la atmósfera de los países del G-8, que emiten el 40% del CO2 a
pesar de representar sólo el 13% de la población mundial, los representantes de
Alemania, Canadá, EE.UU., Francia, Gran Bretaña, Italia, Japón y Rusia no han
referenciado el recorte de gases que debe producirse en 2050. Las grandes
organizaciones ecologistas han calificado como un fracaso el resultado de la
cumbre, apoyando reducir a la mitad las emisiones de CO2 para 2050. Greenpeace
considera que la reunión ha sido “fracaso completo y una total
irresponsabilidad. No se ha avanzado nada. El G-
El último día de la cumbre del G-8, en un desayuno de trabajo, los líderes de
los países más desarrollados, reunidos con dirigentes de Angola, Argelia,
Egipto, Etiopía, Libia, Nigeria y Sudáfrica, anunciaron un plan para estimular
la inversión agrícola y ayudar a las naciones pobres a combatir la inseguridad
alimentaria. Se comprometieron a aportar miles de millones de dólares, en tres
años, para garantizar el abastecimiento de alimentos en el mundo. El documento
dice: “Seguimos profundamente preocupados por la seguridad alimentaria mundial,
el impacto de la crisis financiera y económica y la subida de los precios de
los alimentos el año pasado, que afecta a los países menos capaces de afrontar
el agravamiento del hambre y de la pobreza”. Sin embargo, El presidente del
Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola advertía que “seguridad alimentaria
no es sólo ayuda alimentaria, sino dotar a los pueblos de capacidad para
producir comida de manera local y tener acceso a los mercados locales”. Una
prueba de lo que, realmente, queda de estas reuniones lo expresaban las
organizaciones de ayuda humanitaria y los dirigentes africanos, exigiendo que
se cumplan las promesas de ayuda que hicieron en la cumbre de Escocia, hace
cuatro años. En aquella reunión, los líderes del G-8 prometieron conceder
50.000 millones de dólares a los países pobres para el año
Tampoco los sindicatos se han mostrado optimistas con respecto al resultado de
la cumbre del G-8. La declaración económica, “Un liderazgo responsable para un
futuro sostenible”, cubre una amplia variedad de cuestiones, pero sin
establecer prioridades, ni plazos, respecto a las medidas que deberían
adoptarse para salir de la crisis.