¡LA GESTIÓN AL PODER!
LAS COLAS EN LOS BANCOS Y ORGANISMOS
PÚBLICOS
Mafersa
*
Ayer, aunque pudo ser cualquier otro día y en
cualquier ciudad o pueblo de nuestras queridas Islas Canarias, pero fue ayer,
cuando estuve en la sucursal de un banco de Telde para hacer unas gestiones en
la ventanilla. Uno de esos bancos cuyo nombre tiene la mitad de las letras del
abecedario, consecuencia de ir agregando a sus iniciales originales las
diferentes iniciales de los bancos que ha ido absorbiendo en su insaciable sed de
poder, y no sólo económico. ¡No!, ese no es, es el otro, que también tiene
muchas letras en su nombre.
De las ventanillas de las que disponía la sucursal,
sólo dos estaban en servicio y la otra cerrada. La cola o fila de personas que
esperábamos nuestro turno para ser atendidos por alguno de los dos empleados
llegaba hasta casi la puerta del local.
Yo observaba a la gente que me precedía y a la que
estaba detrás de mí en la cola, la mayoría no hablaba, excepción hecha de
algunas que venían acompañadas. Comencé a quejarme en voz alta del tiempo que
nos hacía perder el banco para atendernos, que el único negocio para el que el
cliente no era lo más importante, ocupando el primer lugar en su orden de
prioridades, los dividendos que percibirían sus accionistas, y las no menos
importantes primas de productividad de sus altos cargos, y que era una falta de
respeto a su clientela tratarla de esa forma.
La gente rápidamente conectó con mi mensaje y ya se
pusieron a hablar entre ellas acerca de mi razonamiento, pero,
sorprendentemente, nadie, excepto el que esto escribe, se dirigió al único
empleado de mesa que estaba libre para recriminarle la actitud del banco, pues
la ventanilla que estaba libre podía ser ocupada por él, con el fin de aligerar
el tiempo de espera, a lo que me contestó que eso tendría que decírselo al
director, y que ellos eran los que eran, que tenían sus funciones asignadas y
que, por su cuenta, no podían hacer más.
Contestación similar me dio el empleado que, tres
cuartos de hora después de llegar a la sucursal, me atendió en mi gestión.
Durante el tiempo de espera en la cola intenté dos veces hablar con el
director, pero una vez estaba ocupado con unos clientes y la segunda vez había
salido a desayunar.
De esta situación, que no sólo se da en esa sucursal,
se da en todos los bancos y sus sucursales, en algunos organismos oficiales,
donde la atención al ciudadano brilla por su ausencia, llegando casi al
escarnio y, cuando menos al desprecio más absoluto de las personas, podemos
extraer dos reflexiones:
Lo verdaderamente sorprendente es la capacidad de
aguante de nuestro pueblo, que es incapaz de alzar la voz en caso de manifiesta
injusticia, desidia administrativa o falta de organización del ente en cuestión.
Lo grave de la situación es que hacíamos cola de pié,
habiendo bastantes asientos vacíos, pero, por no disponer de un simple turno-matic, donde poder coger un número de orden, no podíamos
sentarnos, porque los pocos que lo intentaron fueron motivo de discusión por el
puesto que decían que ocupaban y que algunos de los que esperaban en pié no lo
sabían, protestando cuando se incorporaban a la fila.
Por supuesto que protesté airadamente ante los
empleados que me atendieron, dándome la razón y diciéndome que los jefes no ven
lo que sucedía allí.
Por supuesto que elevé la imprescindible protesta por
escrito por el trato recibido, aún sin contestación.
Pero… ¿Cuándo va a reaccionar nuestro pueblo ante
estas injusticias, negligencias y faltas de respeto?
¿Cuándo vamos a quejarnos airadamente en las colas de
cualquier organismo o empresa?
Desde que diariamente se forma una algarada a gritos
en las colas de los bancos, estos no tendrán más remedio que contratar a más
personal o distribuirlos mejor para recibir una atención digna.
Es inaceptable que mientras exista cola de cierta
magnitud, haya empleados que estén trabajando asuntos administrativos de
régimen interior del banco.
¿Es que no sabe nuestro pueblo que si no protestan,
los directivos de los bancos no pondrán más empleados que harán más corto el de
tiempo de espera de cualquier futura gestión?
Y eso después de recibir unas ayudas del gobierno de
cientos de millones de euros, sin que se les haya exigido nada a cambio, y
¡vaya que podrían disminuir las listas del paro! contratando el personal que
les falta para una atención adecuada a sus clientes.
¿Es que no saben que si no protestan, los altos
funcionarios del Insalud no serán capaces de pensar
por ellos mismos de que hay que poner un turno-matic
para regular el nº de orden de las colas, ya que han
sido incapaces de eliminarlas?
Y eso que no me meto en este artículo con las colas
virtuales o listas de espera para Atención Quirúrgica o de Consultas Externas,
y que para su disminución, el Gobierno de Canarias invierte cada año más dinero
¡en la Sanidad privada!, logrando el efecto contrario: a más inversión en la
sanidad privada, mayor crecimiento de las listas de espera.
No se ha enterado aún el Gobierno de Canarias que el
sistema Neoliberal, que conlleva la privatización de los servicios públicos, ha
sufrido el mayor de los fracasos, con el desmoronamiento de su axioma de que
los mercados se autorregulan, y que no deben intervenir los gobiernos en los
mismos.
¡Tantos años reclamando al Estado la deuda histórica de
la Sanidad Canaria, y luego van y firman unos acuerdos (Plan Canarias) donde
percibiremos durante los próximos diez años 250 euros menos por canario y año
con respecto a la media del Estado!
¡Nada
menos que 500 millones de euros menos de inversión anual en Canarias con
respecto a la media del Estado.
¡Y no aprovecharon la oportunidad para reclamar la tan
cacareada deuda histórica!
Sin embargo, el Gobierno de Canarias firma un acuerdo
para aumentar dicha deuda histórica en nada menos que 5000 millones de euros en
los próximos diez años.
Y, por si esto fuese poco, ahora se presenta el
presupuesto del Gobierno de Canarias para el 2010 con un recorte de 38 millones
de euros en Sanidad.
En Mayo del 68 gritábamos ¡La Imaginación al Poder!,
ahora tendremos que gritar ¡La Gestión al Poder!
* Manuel
Fernández