Un gobierno 'geográfico'

 

Ramón Moreno Castilla

El pueblo canario ya puede respirar tranquilo -aunque persisten algunas alergias y algún brote de asma-: ¡Por fin tenemos Gobierno! Es el Gobierno de Adán Martín, el de la sexta legislatura, que el pasado lunes, 14-7-03, tomó posesión -con las anécdotas que todos vimos por la tele-, y que ya celebró su primer Consejo con algún que otro nombramiento a escala de viceconsejeros, directores generales y cargos de confianza, según las directrices del presidente.

Un Gobierno que, de manera sorpresiva, se vio inmerso en un episodio anecdótico -por llamarlo de alguna forma, aunque algunos medios se apresuraron a calificarlo de crisis-, con la renuncia/sustitución -que no cese/dimisión, ya que no llegó a tomar posesión de cargo-, del candidato nominado para la Consejería de Medio Ambiente.

Hay que reconocerle al presidente rapidez de reflejos, ya que vio la cosa fea con Manuel Fajardo, que representaba la cuota por Lanzarote, y de inmediato, lo cambió por el también conejero Augusto Lorenzo. Y es que ya se sabe que en la vida, pero sobre todo en la clase política, "la mujer del César no solo tiene que ser honesta, sino, además, parecerlo".

Porque, claro, que un señor que iba a ocupar la cartera de Medio Ambiente, tenga un familiar -según parece- con un expediente de la Agencia de Protección del Medio Urbano, por una construcción en suelo rústico, y que, además, haya tenido relación con el Complejo Agroindustrial de Teguise -según se dice- que llevara a Dimas Martín a los Tribunales por presunta malversación, no parece, en principio, lo más idóneo para ocupar un puesto político. Pero sea como sea, yo debo decir en honor a Manuel Fajardo Feo que en su anterior etapa de viceconsejero de Pesca tuvo la gentileza de ofrecerme su coche oficial para recibir en el aeropuerto de Gando al ministro de Pesca de Guinea Conakry, que vino a Canarias en visita privada, para negociar acuerdos de pesca con las flotas china y coreana. Por tanto, mi reconocimiento y gratitud por este gesto suyo, porque aquí se es muy proclive a hacer leña del árbol caído.

El caso es que ya tenemos Gobierno y, con independencia de los respectivos méritos de cada consejera/o, lo que a mí me resulta más curioso de este Ejecutivo -dicho en clave de humor y sin el menor ánimo peyorativo-, son las coordenadas geográficas de algunos de sus miembros, que nos sitúan en diferentes, y a la par distantes, lugares de la geografía mundial, nada más hagamos mención a sus nombres o apellidos.

Es un recorrido virtual por diferentes países y ciudades que, ahora que estamos en época estival, será bastante gratificante, aunque para algunos no tanto. Si empezamos, por aquello del orden jerárquico, por el presidente, su nombre, Adán, nos sitúa mentalmente en el paraíso terrenal, en la antigua Mesopotamia del Tigris y el Eufrates, en el edén; en la Transjordania que sir Winston Churchill inventara en una tarde de verano. En Irak, cuya guerra de ocupación continúa sin que aparezcan las famosas armas de destrucción masiva.

Ya en el plano funcional, tenemos al polémico consejero de Economía y Hacienda, Mauricio, cuyo apellido nos evoca otro paraíso, estado africano en el océano Indico, un referente turístico, edén de todos los guiris del mundo. Situado al Este de Madagascar, está formado por una de las islas Mascareñas y comprende también -¡oh paradojas de la vida!- la isla Rodrígues, en este caso sin z. La geografía los une y el poder los separa...

Y a propósito del ex presidente, sus reacciones no dejan de ser, cuanto menos, curiosas. Es evidente que, en la vida -usted debe saberlo-, indefectiblemente cada uno recoge la cosecha que siembra. Y usted, precisamente, no es ajeno a almacenar sacos de mala semilla.

Pero, continuando con el tour veraniego por este Gobierno geográfico y de la mano de la señora consejera de Presidencia, nos trasladamos nada menos que a las antípodas, a la isla-continente, a Australia. El gran Estado de Oceanía en cuya capital de Nueva Gales del Sur, en la bahía de Port Jackson, se encuentra la maravillosa ciudad de Sydney, donde se alza, majestuoso, el magnífico palacio de la ópera, que preside la bahía, y que es una réplica exacta del fantástico palacio de la música de la capital administrativa de Canarias (por aquello de la alternancia del Gobierno), Santa Cruz de Tenerife, diseñado por el insigne arquitecto Calatrava. ¡Eso sí es un frente marítimo como Dios manda, no el mamotreto edificado en el muelle de Santa Catalina del Puerto de la Luz y de Las Palmas! ¿Qué pasará con la prevista ampliación del dique Reina Sofía, que, según sus detractores, supondrá que la línea azul del horizonte será sustituida por el color ocre de la fila de contenedores?

Ya al final del trayecto, de regreso a Europa, y más concretamente a la España peninsular -como se dice-, el reenganchado consejero de Agricultura nos conduce a la capital maña, Zaragoza, donde la basílica del Pilar es una muestra impresionante del arte del siglo XVIII. Por cierto, este consejero se ha reestrenado con un caso de encefalopatía espongiforme bovina -EEB- en la cabaña grancanaria. Y es que, como decía un cronista urbano, "tal es el mare mágnum que hay en Canarias que ¡hasta las vacas terminan locas!".

El apellido del titular de la consejería de Industria y Comercio (que ha sido la maría de anteriores pactos y componendas políticas) nos traslada a la vecina Soria, de la Comunidad de Castilla y León. Y el gentilicio del consejero de Infraestructura, Antonio Castro, nos transporta a la milenaria cuna de la civilización árabe, Córdoba, antiguo emirato y califato con Abdal-Ralunan III. ¿Es o no es éste un gobierno geográfico?