GOLPISTAS MEDIOAMBIENTALES

 

Cándido Quintana

 

   De terribles, tenemos que catalogar los atentados ecológicos que están produciendo las obras del anillo insular, un golpe medioambiental irrecuperable en toda regla a nuestro patrimonio natural, un sin sentido que terminará pasándonos caras facturas en el futuro. Y digo facturas, que no ingresos como algunos quieren hacer ver en su beneficio, resaltando las excelencias que nos deparará esta impactante y destructiva obra, que justifican por un nimio ahorro de tiempo en el recorrido norte-sur de vehículos.

 

   ¿De verdad se han evaluado correctamente los pros y los contras, lo que vamos a ganar y lo que vamos a perder? ¿Puede un ahorro de tiempo de unos pocos minutos de recorrido, justificar tal grave daño irreversible a nuestros entornos naturales, a nuestros acuíferos, a nuestros terrenos de cultivo o a las viviendas de humildes ciudadanos? ¿Es admisible que una obra, que posee alternativas mucho menos depredadoras, haga tanto mal y desarraigue a tanta gente?

 

   Lo que un nutrido grupo de personas pudimos comprobar “in situ” hace unos días, se define, por si sólo, de catastrófico, y esto es simplemente el inicio. Realmente, todo invita a pensar que los únicos razonamientos reales que subyacen detrás de esta nueva carretera, no van más allá del interés de ciertos devoradores empresarios, que prosiguen por la senda de dilapidar, con el beneplácito de la clase política, nuestros escasos recursos naturales. Para ello, no se paran ante nada ni ante nadie y utilizan todo tipo de estrategias, por insanas o mal olientes que sean, como repetir una y otra vez, traspasando las sensibilidades de las precarias familias isleñas, que todos los males de nuestra economía y del paro, son achacables a los del “no a todo”.

 

   Muchas lagrimas, y no precisamente de cocodrilo, pude ver durante ese recorrido, de personas sensibles y muy preocupadas, a las que un adinerado y destructivo empresario de aquí ha etiquetado recientemente de talibanes, y esto delante de máximos gobernantes que se lo han tolerado sin más. Esta campaña empresarial, está claramente dirigida a propiciar situaciones que les permitan seguir llenando sus bolsillos y engordando sus cuentas, no a mejorar nuestra preocupante situación económica como ellos alegan, dándole una improcedente vuelta a un tornillo que se terminará pasando de rosca. Y esta pasada de rosca, conllevará nuevas caídas en un sector turístico de calidad, que exige medio ambiente y entornos naturales y no  está dispuesto a convivir con tanto cemento y asfalto.

 

   Realmente gravísimo, propiciar situaciones de riesgos indeseables a nuestra principal industria, sólo por el afán de algunos de proseguir con su enriquecimiento fácil. Pero vean manifestaciones como las realizadas recientemente por nuestro presidente Paulino Rivero, en el sentido de que hay que mimar al turismo y, sin embargo, otras, unos días después, apoyando actuaciones innecesarias y tremendamente devastadoras como la del puerto de Granadilla, justificándolo por generar economía y puestos de trabajo. Tanto este como el anillo insular, terminarán consiguiendo justo todo lo contrario, empobrecernos, cada vez está más claro.

 

   Dan ganas de hacer una broma, posiblemente ha llegado el momento de acabar con todo y así generar una creciente economía y muchos puestos de trabajo, aunque sea pan para hoy y hambre para mañana. Poner una gran concretera en el espacio, sobre el Teide, y cementar Tenerife desde ahí, para que una serie de personas se muevan a su antojo, puede que no sea tan malo. Quien sabe, a lo mejor se consiguen mayores objetivos vendiendo cemento y asfalto a mansalva, que medioambiente y lugares vírgenes. Tal vez muchos tinerfeños estemos equivocados, por nuestro afán de intentar frenar actuaciones que consideramos irracionales. Desde luego, lo que sí se conseguiría de esta manera, es acabar de una vez con los del “no a todo” que tanto molestan, y esto, por si sólo, ya es muy importante para algunos, aunque la Isla se nos vaya a la mierda.