DESDE DENTRO RICARDO PEYTAVÍ
¿Acabará Haidar con el gran engaño?
Debería darnos vergüenza que una mujer de cuerpo
frágil -aunque con alma de hierro- sea capaz de enfrentarse a Marruecos,
mientras que el Gobierno de un país con 46 millones de habitantes es vejado,
humillado y sometido por el vecino del sur o del este, según miremos desde la
Península o Canarias.
Aunque suelen
atribuírsela a otros personajes, fue Abraham Lincoln el autor de la frase
"Podrás engañar a todos durante algún tiempo, podrás engañar a alguien
siempre, pero no podrás engañar siempre a todos". Sólo un juego de
palabras bonito. En realidad, existen personas capaces de engañar a muchísima
gente durante mucho tiempo. Y no estoy pensando sólo en Rodríguez Zapatero,
aunque también. Posee el presidente del Gobierno una envidiable capacidad para
convencer. Algo de lo que carece, por ejemplo, Mariano Rajoy. El líder del PP resulta poco creíble aunque esté diciendo la mayor de
las verdades; el secretario general del PSOE, en cambio, trasmite confianza
incluso cuando miente descaradamente. Bien es cierto que a la mayoría de los
españoles no hace falta embaucarlos en uno u otro sentido. La mayoría de los
españoles caminan por la vida con ideas políticas preconcebidas, y así les va.
¿Cuántos de los aproximadamente
diez millones de votantes del PSOE volverían a hacerlo si dedicasen media hora
a meditar sobre lo que Zapatero dijo que ocurriría con el empleo, los
impuestos, las relaciones internacionales, etcétera, y lo que realmente ha
sucedido? De forma análoga, ¿cuántos seguirían confiando en Rajoy tras analizar
el comportamiento de un titubeante jefe de la oposición, que prefiere esperar
cómodamente la caída de Zapatero, aunque eso suponga una sangría económica para
España, en vez de encabezar él mismo el movimiento que ponga fin al desastre?
A veces, empero, surge
un ejemplo demasiado evidente para desestimarlo sin más. Acaso por
coincidencias de la vida, ese ejemplo, ese molesto grano en su rostro siempre
impasible, sonriente y talantoso, le ha salido a
Zapatero en una isla llamada Lanzarote, el lugar de sus últimas vacaciones. Sin
embargo, Aminatu Haidar no es ningún grano. Todo lo
contrario. Debería darnos vergüenza que una mujer de cuerpo frágil -aunque con
alma de hierro- sea capaz de enfrentarse a Marruecos, mientras que el Gobierno
de un país con 46 millones de habitantes es vejado, humillado y sometido por el
vecino del sur o del este, según miremos desde la Península o Canarias.
"Lo importante es el interés general", le dijo Zapatero a los periodistas
en la fiesta de la Constitución. A qué interés se estaría refiriendo. ¿Al suyo,
al de su partido o al que le dicta a Moratinos el Gobierno de Rabat?
"España debe elegir entre convivir con Marruecos... o convivir con
peligros que pueden tener consecuencias sobre su porvenir y el de Europa",
nos acaba de amenazar un íntimo amigo de Mohamed VI a
cuenta del caso Haidar. Y Zapatero, callado. Qué referencias más meritorias
para alguien que dentro de unos días asumirá la presidencia europea, aunque sea
por orden alfabético. ¿Qué sucederá cuando Marruecos entre por las buenas -o
por las otras- en Ceuta y Melilla, o cuando declare formalmente que las Islas
Canarias son suyas? Después de todo, ya nos tienen pintados del mismo color en
su mapa. ¿Qué sucederá?, insisto en preguntar. ¿Sucederá que alguien volverá a
hablar en Madrid de intereses generales? De hecho, ya prima un general interés
para que Ceuta y Melilla carezcan de estatus especial en la UE, y lleva
primando mucho tiempo para que no se trace la mediana marítima entre Canarias y
Marruecos. ¿Será capaz el Gobierno de Zapatero de seguir engañando a tantos tanto tiempo?
Publicado en periódico El Día, 8-12-2009