EL GRAN TSUNAMI

 

Por Fructuoso Rodríguez

 

   Alrededor de nuestro querido planeta tierra, miles de jóvenes aferrados a sus tablas de surfing, esperan pacientemente la “gran ola”, esa ola gigante, diferente a las demás que les haga vibrar de emoción y que después de haberla cabalgado, salir victorioso de tal aventura.

 

   Lo que no imaginan ellos, ni la mayoría de la población mundial, es que nos íbamos a enfrentar a otra “GRAN OLA”, no ya una ola marina, sino otra aún de mayores repercusiones. Nos referimos a la gran crisis económica que atraviesa nuestro único e irrepetible planeta de Norte a Sur y de Este a Oeste.

 

   En el verano del 2008, el precio del barril de petróleo rozaba los 150$. En octubre del mismo año en casi todos los medios informativos del planeta se podían leer noticias como estas:

Crisis financiera mundial - Impacto en los mercados

El 'crash' de octubre de 2008

La desconfianza hunde las Bolsas en la peor semana de su historia - En una jornada errática, Wall Street abre en caída libre y al final recupera buena parte de lo perdido

Cada generación tiene su propio hundimiento bursátil, que además suele ser la antesala de una recesión global, o a lo peor de una depresión profunda. En el imaginario popular han quedado grabados a fuego el crash de 1929 y el lunes negro de 1987, en los que el veneno de la desconfianza provocó desplomes espectaculares en los mercados y acabó teniendo consecuencias devastadoras sobre el resto de la economía. Hay que conocer la historia para escapar de ella: la semana que culminaron ayer los mercados mundiales es peor incluso que las peores semanas de los meses de octubre de 1929 y 1987. En algunos aspectos, peor que ningún otro crash, a la espera de que los países más ricos, reunidos en Washington en un G-7 que se adivina clave, encuentren la varita mágica para superar la crisis.

La crisis es más profunda que nunca, porque afecta a varios mercados

El Dow Jones mitigó la caída con la esperanza de una solución del G-7

En una jornada de grandes vaivenes, Wall Street estuvo ayer unos minutos en caída libre, los posteriores a una apertura demoledora. El día anterior se había desplomado víctima del miedo, de los recelos, de la incertidumbre en el sistema financiero que ha desembocado en un ataque de pánico sensacional. Los planes de emergencia de las autoridades políticas y de los grandes bancos centrales no consiguen detener la sangría: bastaron esas dos referencias procedentes de Nueva York para que el pánico corriera como la pólvora por todos los rincones del globo: Tokio, Londres y Madrid se despeñaron un 9%.

El Dow Jones se situó a niveles de 10 años atrás, aunque a última hora experimentó una recuperación espectacular que permite vislumbrar cierta esperanza a partir de la próxima semana. De nuevo la intervención estatal: la Administración Bush aseguró que la quiebra de Lehman no provocará grandes quebrantos a la banca.

Pero eso fue a última hora. A lo largo de la jornada, Wall Street llegó a perder hasta el 8% y sembró el miedo en los inversores. Varios parqués -tan alejados como Rusia, Tailandia, Austria, Rumania, Brasil e Islandia- cerraron sus puertas o suspendieron durante unas horas la cotización.

Los desplomes fueron la tónica de la jornada en todo el mundo, en un derrumbe en cascada que coronó la peor semana bursátil que se recuerda.

Pero no es sólo una cuestión de las Bolsas, habituadas a sobreactuar para bien o para mal. Hay más. El mercado interbancario no existe, con el sistema financiero al borde del colapso. Los mercados de bonos públicos -y sobre todo, privados-, las materias primas y el petróleo cerraron también una semana de pesadilla, un crash en cascada.

La crisis financiera es más profunda que ninguna otra porque afecta a varios mercados (Bolsas, interbancario, divisas, bonos y un largo etcétera) y es más internacional que nunca. Y la economía real -es decir, todo el entramado no financiero- empieza a sufrir: los tres grandes grupos automovilísticos de Detroit amenazan ruina, según Standard & Poor's, y la General Motors tuvo incluso que salir ayer al paso de las informaciones que aseguraban que iba a declararse en bancarrota. Los bancos están en el origen y son el epicentro de las turbulencias, pero el contagio ha llegado a la construcción y a la industria en muchos países. Incluido España.

Como fichas de dominó, los desplomes bursátiles se iniciaron en Australia, barrieron los mercados asiáticos y después los europeos y latinoamericanos, arrastrados por los primeros minutos de Wall Street, que cedió un 8% en la apertura y a una hora del cierre se dejaba aún más del 5%, aunque al final perdió poco más del 1%. Los principales parqués europeos llegaron a caer más del 10% a media sesión, pese a las nuevas inyecciones de liquidez de los bancos centrales en Europa y Japón. El petróleo brent -de referencia en Europa- bajó a plomo, hasta los 73 dólares por barril, lastrado por la amenaza de recesión y los temores sobre una acusada caída de la demanda. Sólo el cierre de Wall Street escapó al pánico generalizado en los mercados.

Las acciones de los grandes Gobiernos no surten efecto, de momento. Las declaraciones tampoco, y en algunos casos incluso acentúan los números rojos. El secretario del Tesoro, Henry Paulson, advirtió el jueves de que puede haber nuevas quiebras de bancos. El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, sugirió ayer la posibilidad de cerrar las grandes Bolsas. El presidente estadounidense, George W. Bush, acusó a la "incertidumbre y el miedo" del colapso. "Podemos resolver la crisis y devolver la estabilidad a los mercados, y lo haremos", prometió. Tras esas afirmaciones, Wall Street, que había logrado reducir al mínimo las pérdidas, volvió a retroceder con fuerza, hasta el inesperado rebote final.

Las voces más influyentes de la economía mundial claman por un golpe de efecto del G-7, convertido casi en la última bala para evitar que la situación caótica en los mercados arrastre a la economía. El G-7 "debe hacer algo pronto o será el peor desplome desde la Gran Depresión ", escribía ayer el economista Paul Krugman en The New York Times. "Además de un cambio radical en el liderazgo económico, debe haber acciones políticas radicales y coordinadas entre las economías avanzadas y emergentes para evitar el desastre", explicó a Bloomberg Nouriel Roubini, que hace dos años fue uno de los pocos expertos que se atrevieron a predecir la crisis.

Incluso el oráculo de las Bolsas durante los últimos años, Alan Greenspan -señalado ahora como el gran causante de los problemas por su política monetaria al frente de la Reserva Federal- afirmó que los inversores sólo "volverán a tomar riesgos" en torno al primer semestre de 2009, cuando se estabilice el mercado inmobiliario. Y para ello es necesaria una acción decidida del G-7, coinciden los expertos. "La crisis demuestra que los mercados no funcionan muy bien solos", resumió el Nobel Joseph Stiglitz.

Las circunstancias excepcionales en las que está sumida la economía mundial duran ya 14 meses. El reventón de la burbuja inmobiliaria norteamericana desató la crisis subprime, con una gran incertidumbre sobre el alcance y la duración del episodio que entonces se iniciaba.

Al principio, las dificultades se circunscribían a un puñado de fondos de inversión e instituciones financieras, pero con el paso de los meses se han sucedido, sin solución de continuidad, nacionalizaciones, quiebras, intervenciones de entidades, creación de nuevos esquemas de garantías para inversores y limitaciones importantes de prácticas de mercado, como las ventas a la baja de acciones.

EE UU puso en marcha un plan de rescate multimillonario, a los que han seguido medidas similares en Europa. Pero la situación sigue sin normalizarse. "Las condiciones financieras se han endurecido, y la crisis se transmite así a la economía real", explicó ayer José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney. "Las Bolsas pueden bajar o subir mucho en un día, pero el auténtico problema es el colapso financiero y sus efectos sobre la economía", afirmó Díez.

La Bolsa española cerró con una caída del 9,1%, que eleva las pérdidas semanales al 21%. Como en otros países, el plan de rescate financiero no impidió que los grandes bancos (Santander y BBVA) cayeran un 12%. Al margen del peligro de recesión mundial y de los problemas domésticos en la construcción, los problemas recientes de América Latina -que hasta ahora había capeado bien el temporal- perjudican a las grandes empresas españolas. Brasil y México salieron ayer, otra vez, a defender sus monedas.

Los analistas bursátiles no son optimistas a corto plazo. "En una situación de pánico, de nada sirven los fundamentales, la espiral arrastra a todos los valores", explicó desde Londres Juergen Michels, de Citi.

En octubre de 1929, el pánico suicida en los mercados financieros acabó contagiando al resto de la economía, que se sumió en una gran depresión por la falta de reacción de los Gobiernos. A diferencia de entonces, tanto EE UU como los grandes Gobiernos de la eurozona y los bancos centrales de todo el mundo han empezado a reaccionar, pese a la falta de coordinación y a las dudas sobre algunas medidas de emergencia. La llave de la situación está ahora en manos del G-7. "Prepárense para un súper bazuca", vaticinaban los analistas de Citigroup.

Según se va propagando las noticias de la crisis, van apareciendo articulistas u hombres del mundo de la economía, que explican, según su visión, lo que está pasando realmente. En España adquiere gran relevancia Leopoldo Abadía, un jubilado profesor ingeniero industrial que impartía clases en la escuela de posgrado IESE, de la Universidad de Navarra, y que gracias a Internet y a su forma distendida y graciosa de contar la crisis desde su percepción, logra conectar con el gran público, siendo entrevistado por casi todos los medios de comunicación del País.

El Sr. Abadía, llama a la crisis “La crisis Ninja”, el cual narra en orden cronológico que explica de manera sencilla el origen de la crisis inmobiliaria de EEUU y cómo se propagó por el resto del mundo hasta llegar a España.

El autor utiliza una caja de ahorros imaginaria, la caja de San Quirico (inspirada en la localidad barcelonesa de Sant Quirze de Safaja), cuyos clientes confían su dinero sin tener ni idea de que al otro lado del Atlántico se ofrecían "hipotecas subprime" a clientes "ninja" ('no income', 'no jobs', 'no assets'); o sea, sin ingresos, sin empleo fijo y sin propiedades.

Sin embargo, para Pedro Prieto, vicepresidente de la Asociación para el Estudio del Cenit del Petróleo, las explicaciones del Sr. Abadía no son suficientes.

“Porque ninguno de los grandes medios —que aceptan sin rechistar sus jocosas explicaciones de cómo los bancos, a empezar por los del Tío Sam, se apuntaron de repente a prestar grandes sumas al pobre negro que estaba sentado a la puerta de una chabola sin tener en cuenta su solvencia—, se ha preguntado el porqué de tan temeraria decisión por parte de unas instituciones que llevaban muchas décadas, si no siglos,

prestando dinero con cuentagotas únicamente a quienes podían devolverlo. ¿Cómo es posible que, de repente, a todos ellos les entrase un furor prestamista que tenía como beneficiarios a individuos o sociedades tan poco fiables? ¿Y qué decir de las autoridades supervisoras, que callaron y contribuyeron a ocultar este desaguisado, saltándose las más elementales buenas prácticas bancarias de toda la vida?”

Para Pedro Prieto, la clave está en que el Planeta Tierra, tiene sus recursos naturales finitos, y el modelo elegido para regir este mundo de “crecimiento exponencial” es inviable, y a lo que nos enfrentamos realmente es a una crisis geológica. Es decir la era del petróleo barato ha terminado y lo que nos queda de aquí en adelante es la era del petróleo a un precio que superará los 100$ el barril. El Sr. Prieto nos recuerda que no es casualidad que en julio del 2008 el barril alcanzara la cifra de 147$  y que en Octubre Wall Street, se derrumbara. Para Pedro Prieto lo que ha ocurrido es que se ha intentado apagar un fuego con otro fuego, y lo que puede haber ocurrido es que “ese” fuego se les fuera de las manos.

En la línea de Pedro Prieto, se encuentra Richard Dúncan quien en el año 2000, expone públicamente su controvertida teoría: “ La Teoría de Olduvai”, basada en sus experiencias en manejo de energía y su afición por la arqueología. Establece que la civilización industrial actual tendrá una duración máxima de 100 años, contados a partir de 1930. De 2030 en adelante, la humanidad irá poco a poco regresando a niveles de civilización comparables a otros anteriormente vividos, culminando dentro de unos tres mil años en una civilización basada en la caza, tal y como existía en la Tierra hace tres millones de años.

Para Lyndon Hermyle LaRouche, Jr. : Político, filósofo, historiador y economista estadounidense (Rochester, estado de Nueva Hampshire, EE.UU), septiembre 8 de 1922). Fundador del movimiento que lleva su nombre y de varias organizaciones políticas y culturales en su país y otras naciones entre ellas el Executive Intelligence Review y el LaRouche Political Action Comite.

“Lo que está ocurriendo es literalmente una desintegración del sistema monetario y económico internacional que traerá como consecuencia la desaparición física del 80% de la humanidad en un periodo de una década”.

Para la revista francesa LEAP/E2020,” lejos de los « jóvenes retoños verdes » (« green shoots ») percibidos desde hace dos meses en todas las tablas estadísticas (5) impresa en los medias financieros internacionales, sus acreditados expertos y los políticos que los escuchan (6), son tres olas particularmente destructivas para el tejido socioeconómico que convergerán durante el verano de 2009, reflejando la prosecución del agravamiento de la crisis y arrastrando trastornos históricos desde finales del verano de 2009, en particular situaciones de cesación de pago de Estados Unidos y del Reino unido, ambos núcleo del sistema global en crisis:

1. la ola del desempleo masivo: tres fechas de impacto que varían según que los países sean de América, Europa, Asia, Medio Oriente o África
2. la ola de las quiebras en serie: empresas, bancos, inmobiliarias, Estados, regiones, ciudades
3. la ola de la crisis terminal del USD, de la Libra y el retorno de la inflación.

 

Comercio mundial se hunde - Gr. 1: evolución anual de las exportaciones de los 15 mayores países exportadores (1991-02/2009) / Gráf. 2: evolución anual de las exportaciones de los 15 mayores países exportadores entre febrero de 2008 y febrero de 200.

 

Estas tres olas no son sucesivas como esas olas monstruosas llamadas « tres hermanas » aunque igualmente destructivas; son mucho más peligrosas porque son simultáneas, asincrónicas y no paralelas. Por eso su impacto sobre el sistema mundial es generador de desarticulación al alcanzarlo bajo diversos ángulos, diferentes velocidades, con fuerzas variables. La única certeza en este estadio, es que el sistema internacional jamás fue tan débil y desprovisto frente a tal situación: la reforma del FMI y de las instituciones de gobernanza mundial anunciada en G20 de Londres es letra muerta (7), el G8 se parece cada vez más a un club moribundo respecto al cual todos se preguntan para qué puede servir ahora (8), el liderazgo estadounidense ya no es más que la sombra de si mismo intentando desesperadamente conservar compradores paras sus bonos del tesoro (9), el sistema monetario mundial está en total desintegración, con los rusos y los Chinos particularmente que aceleran su juego para situarse en la era Post-Dólar, las empresas no ven ninguna mejora en el horizonte y aumentan sus despidos, cada vez son más numerosos los Estados que vacilan bajo el peso de su deuda acumulada para « salvar a los bancos » y deberán enfrentar una oleada de quiebras desde fines del verano (10). Similar a los bancos, que después de haber extraído una vez más el dinero de los ahorristas crédulos en la mejora de los mercados financieros orquestada en las últimas semanas, deberán que reconocer que siguen insolvente a fines el verano de 2009.


En Estados Unidos como, en particular, en el Reino Unido, el colosal esfuerzo financiero público realizado en 2008 y a principios de 2009 beneficiando únicamente a los grandes bancos alcanzó tal grado de impopularidad, que en esta Primavera boreal de 2009 se tornó imposible proyectar nuevas inyecciones de fondos públicos en provecho de los bancos, que seguían insolventes (11). Entonces se volvió imperativo instrumentar un « hermoso cuento de hadas » para impulsar al ahorrista medio a inyectar sus propios fondos en el sistema financiero. A golpes de los « green shoots », de los índices bursátiles empujados hacia arriba sin verdadero fundamento económico y los « reembolsos anticipados de fondos públicos », se lo puso en marcha. Así, mientras que los grandes inversores de las monarquías petroleras o los países asiáticos (12), sacaban provecho de la ganga, salían del capital de los bancos en cuestión, una multitud de nuevos pequeños accionistas entraban en eso llenos de esperanzas. Cuando descubran que los reembolsos de fondos públicos son sólo una gota de agua con relación a lo que estos mismos bancos obtuvieron de la ayuda pública (especialmente para garantizar sus activos tóxicos) y qué, de aquí tres a cuatro meses como máximo (como analizamos en este GEAB N°36), estos mismos bancos estén a punto naufragar nuevamente, comprobarán, impotentes, que sus acciones nuevamente no valen nada”.

Crecimientos respectivos del PNB, en verde, y de la deuda estadounidense, en rojo, (en Mil millones USD, - Fuentes: US Federal Reserve / US Bureau of Economic Analysis / Chris Puplava, 2008

Intoxicados por los financieros, los dirigentes políticos del planeta nuevamente se verán sorprendidos, después del verano, al descubrir que todos los problemas del último año resurgen intensificados, pues no han sido tratados sino que solamente « se ocultaron » bajo inmensas cantidades de dinero público. Después que este dinero haya sido dilapidado por los bancos insolventes, forzados a « salvar » competidores en peor estado que ellos mismos, o en los planes de reactivación económica mal concebidos, los problemas resurgirán agravados. Para los cientos de millones de habitantes de América, Europa, de Asia y África, el verano 2009 será una terrible transición hacia un empobrecimiento duradero debido a la pérdida de su empleo sin perspectiva de encontrar uno antes de dos, tres o cuatro años; o debido a la evaporación de sus economías colocadas directamente en el mercado bursátil, en los fondos de jubilación por capitalización o de las colocaciones bancarias atadas a la bolsa o nominadas en USD o en Libra británica; o bien debido a su inversión en las empresas empujadas a esperar desesperadamente una calma que no vendrá por mucho tiempo.

Mientras todo esto ocurre, es decir, nuestra sociedad tal y como la conocemos actualmente se desmorona, llevando el hambre a casa, hambre que dentro de muy poco tocará en todas y cada una de nuestras casas; la autoridad política y administrativa,  viéndose incapaz de dar solución al problema, ha optado por aplicar la política de “agua caliente para la rana”, es decir: no decirnos de golpe lo que se nos viene encima, sino que vayámonos dando cuenta poco a poco de la ciénaga donde nos hemos metido.

Y no solamente la “autoridad política”, que a fin de cuentas sólo están para velar los intereses del gran capital, sino que tal vez por ignorancia o incompetencia, las organizaciones sindicales no reaccionan ante la gravedad del problema y sólo se mueven ante sus problemas sectoriales, no haciéndose notar su voz ante un problema de la envergadura del que hablamos probablemente por ser incapaces de comprender realmente que es lo que está ocurriendo, y así poder dar orientación a su lucha.

Sres. Sindicalistas, lo que está ocurriendo, por mentira que parezca, es la desintegración del sistema capitalista por sí mismo; ES IMPOSIBLE SU RECUPERACIÓN. Por eso es intolerable que ustedes sigan planteando luchas sectoriales dando de lado el verdadero problema del pueblo canario, de la clase trabajadora canaria…

La lucha hoy en día pasa por presionar al gobierno canario de impulsar una revolución agraria, que ponga a trabajar a los miles de despedidos, a los miles de parados en las tierras abandonadas, dotando a estas de infraestructuras que sean capaces de producir alimentos que minimicen el impacto que la crisis que aún no ha llegado en toda su plenitud a Canarias va a producir en un futuro inmediato.  

La otra vía de lucha está en comprender que el modelo económico que nos ha llevado a este desastre, no puede servir para la recuperación del mismo, y que la reunión del G20 en Londres sólo ha sido un “paripé mediático”, con el fin de decirle a “los tontos útiles” (o sea nosotros), que no nos preocupemos que ya ellos se encargan del asunto. La solución pasa por un cambio económico que esté en consonancia con la naturaleza y con el hombre, respetuosa con el medio ambiente y en armonía con todos los seres vivos del planeta. O eso o morir.

 

* Recopilación: El País, El Mundo, Geab, Larouchepac.com,