De grumete a timonel en el PSOE tinerfeño

 

Octavio Hernández *

 

Lo inesperado juega un papel cada vez que la política debe resolver un dilema decisivo. Lo imprevisto se cuela entre los gallitos que cacarean por caminos trillados. Inadvertidamente, la persona que ha de liderar nunca es aquella que se propone, ni quien se ofrece, no es la que se postula, tampoco la que se presenta. Quien llevará las riendas del PSOE tinerfeño del cambio tiene que ser convencido para que acepte, admitido por las agrupaciones donde aún sobreviven militantes socialistas de palabra y acción que no se venden. La visión de López Aguilar se revela en las agrupaciones, no en el ordeno y mando y el trueque de líderes o baronías intermedios.


Aun cuando los barones derechistas intenten comprar voluntades, la promesa de cambio de Juan Fernando López Aguilar ya ha volteado al PSC-PSOE en Tenerife: la estructura piramidal está siendo vuelta del revés, los barones creen garantizar su continuidad porque pulsan la fidelidad pelota de sus delfines y cortesanos enchufados y les parece que nada se ha movido, que nada se está moviendo. Debajo, en las cañerías, nuestro fontanero sindical también es fiel, como ninguno. Medita y va juntando delegado por delegado, prepara el choque en las agrupaciones locales. Conoce la base y la recorre con la mirada serena de quien cree firmemente que, haciendo las cosas bien, el mal enquistado en el armazón burocrático del partido puede ser vencido.


De la Barreda no es socialista, es Mr. Despropósito. Nuestro hombre, piensa el fontanero, vendrá cargado de futuro y hablará, junto a López Aguilar, por una generación postergada. Saldrá con la humildad de quien viene de la nada, desde abajo, sin ambición. No vendrá aprendido ni creído de que sabe, tendrá que aprender haciendo, sabiendo que puede equivocarse. No contará con crédito político por adelantado, no mirará a la militancia socialista en la Isla desde las alturas de un prestigio ya adquirido o presupuesto. Tendrá que ganárselo, ganarse a la gente, y el primer paso, la primera estación de su viaje fuera de su pueblo, lo dará en el Congreso.


Hay quien espera una estrella anunciadora. Pero el hombre que hace falta vendrá, sin embargo, de una luna escondida que orbita un planeta lejano del sol. Sin alharacas, y sin desmayo, debe decidir. La gente está esperando, contiene la respiración: el tiempo va a detenerse para el PSOE y para el cambio político. Se la juega, nada está garantizado. El timón gira sin orden al pairo. No hay por ninguna parte un timonel digno de tal nombre. Los tripulantes están borrachos de ron en el camarote de un capitán encanecido por sus ineptitudes. Agarrado de una botavara hay un grumete sin nombre en la cadena de mando. Se lo piensa. La galerna ruge. El timón está al alcance de una decisión audaz. Decide y gana.


* Portavoz de Los Verdes de Tenerife.