TRAS
LEER "GUIRRES SIN ALAS",
NUEVA
NOVELA DE VÍCTOR RAMÍREZ
por José Antonio Luján Henríquez
Para quienes merodeamos por los aledaños de la creación artística y
literaria de la Isla, siempre es grato participar en la recomendación de un
libro como este, porque, además de ser un acontecimiento muy importante para su
autor, significa dar un paso adelante en la consolidación de la identidad de
nuestro ámbito cultural. Por esta razón, no he podido soslayar la incitación
de su lectura para reflexionar y opinar rápidamente sobre ella -aunque lo haya
hecho tan sólo hace una semana-, cuando para mí la lectura de un libro y la
toma de notas para su comentario prefiero hacerlas con más sosiego.
Permítanme que hoy defina a Víctor Ramírez como el hombre que tiene en
su haber tres importantes compromisos:
-
En primer lugar, el compromiso pedagógico y cultural.
-
También es poseedor de un fuerte compromiso político y social.
-
Y a ello suma el compromiso con la literatura puesta al servicio de la
palabra y de la historia del pueblo canario.
Pero quisiera poner al frente de mis palabras la visión de dos creadores
isleños. Una es de Isaac de Vega, quien describe
la actitud que nuestro autor adopta ante la realidad canaria
de esta manera:
"Sabida
es la fijación de Víctor Ramírez por lo popular, no únicamente como más o
menos caótico y de historia a mano para entretener - sino como profunda
comprensión y amor por las gentes que discurren sus vidas humildemente…Masas
explotadas de donde sale toda especie de riqueza, toda clase de lujos, toda
clase de soberbias de los otros menos triunfantes en esta dudosa vida de todos
los días, que se hacen sobre los que exprimen, asentados en una injusta
democracia".
Y otra, del escritor Alfonso O´Shanahan, a quien en esta noche de
encuentro literario elevo un sentido recuerdo, y que escribió de nuestro
creador lo siguiente:
"A
Víctor lo que le duele esencialmente es su Patria, Canarias, sin asomo de egoísmo
isloteño alguno, pues toda su prosa periodística arranca de la universalidad
del canario, pero del canario universal, es decir, del canario no
colonizado".
A los tres compromisos mencionados no se les puede poner límites, acaso
los estrictamente metodológicos. Y ese conjunto, amasado en un hombre como Víctor,
es lo que hace de nuestro autor un torrente de humanidad o, si lo prefieren, una
personalidad cálidamente arrolladora.
No les voy a hablar de manera detallada de todos los compromisos señalados,
para no alargar este acto, por lo que voy a ceñirme a un somero apunte sobre su
creación literaria y a comentar algunos aspectos de su obra Guirres
sin alas.
Víctor Ramírez nació en el barrio de San Roque, en 1944, y casi por casualidad (según
me confiesa el propio Víctor, por indicación de su amigo Juancho de Armas)
empezó a cultivar el género narrativo. Su producción abarca la novela, el
relato corto y las reflexiones periodísticas, en una
continua actividad creadora, que rompe los moldes habituales.
Hoy, tras haber leído “Guirres sin alas”,
la cuarta entrega de la serie “Narrativa súbita” ( que incluye además los
títulos “Arena Rubia”, “La tercera mitad del cariño” y
“Precisamente”, quiero -en parte- desmentir a quienes consideran que esta es
una novela corta. Puede ser una novela corta, que en estas apreciaciones tampoco
hay acuerdo entre los académicos, pero
de ninguna manera es una novela sencilla. Y, sin más preámbulos, de eso
es de lo que vamos a hablar.
En estos tiempos, a caballo de dos siglos y de dos galaxias (la de
Gutemberg y la cibernética de Gates), la novela se ha vuelto un género
controvertido de tal manera que se habla de su decadencia. Y para echar leña al
fuego a veces surgen voces, como las de Luis Goytisolo o la de Eduardo Mendoza,
quienes llegan a hablar de su
muerte. Sin embargo, se observa que
cada vez se escriben más novelas. Y a la gente le agrada que alguien les
cuente un cuento, les hable de los avatares de personajes y de acontecimientos
diversos.
Pero, entonces, ¿qué es lo
que pasa? Sencillamente que no todo lo que se escribe tiene calidad. Tal vez
falten constructores de obras, donde lo narrado se corresponda con el buen uso
de la técnica narrativa. Lo del espejo al borde del camino de los realistas
parece que lo practica todo el mundo. Sin embargo, yo creo que hay que saber
poner el espejo. Y ahí es donde radica la maestría.
Para empezar, hemos de decir que toda obra surge desde una experiencia
vital que carga sus sentimientos tanto en un entorno como en el lenguaje.
Y en gran medida también desde la memoria. Esta es, sin duda, una novela
de la memoria y por tanto está cimentada en el lenguaje.
El autor desarrolla el asunto de las relaciones incestuosas que, aun
siendo un tema de rango universal, están contextualizadas en el ámbito
cultural isleño. La historia de Canarias está cuajada de fenómenos en los que
las evidencias y variantes antropológicas adquieren dimensiones diversas.
(incesto, brujería, curanderismo, mestizaje, emigración…)
¿Qué se nos cuenta en esta novela? ¿Cuál es su anécdota?
Si me apuran, la temática es muy sencilla. Un personaje-narrador, en su
edad madura, se encuentra internado en un hospicio y desde esa atalaya cuenta de
manera retrospectiva el relato de
los amores de su vida. Un relato sencillo:
dos cuñados, casados con sus respectivas hermanas, tras haber quedar uno viudo
y otro abandonado por su esposa, deciden casarse con sus respectivas hijas. Y
toda la obra se desarrolla y va creciendo a lo largo del texto, contando de
manera recurrente los matices de la decisión de casarse, las relaciones íntimas.
Todo relato, como sabemos, posee esencialmente los componentes de
espacio, tiempo, personajes y trama. Y eso es lo que va aflorando durante el
relato retrospectivo que hace el narrador. Es un constante tejer recuerdos y
situaciones, que va creciendo con la hermosa materia de la palabra, palabra que
se engarza y construye con una singularidad única en la narrativa de las islas.
En relación con el espacio
de la novela, les diré que el texto hace referencia a un escenario vital, existencial, más que a un
espacio urbano concreto ya que no se ofrece una descripción precisa del mismo.
Es un espacio sin calles, sin plaza, y si me apuran, sin casas. Sabemos que
puede ser un barrio periférico de una ciudad isleña, que se halla a medio
camino entre un espacio “ciudad” y un espacio “campo”.
Son escenarios, que no necesariamente han de coincidir con espacios
reales, pero que mantienen algunos elementos de identificación con paisajes
conocidos.
El
narrador hace aflorar en su recorrido memorístico, en su existir en el mundo,
un escenario impreciso, escasamente o nada dibujado, que no se concreta ni
describe, aunque existen algunas referencias que, como lectores singulares, podríamos
aventurar, pero que no es significativo en el marco del relato. Tal vez, podamos
adivinar que es uno de los barrios que rodean la ciudad de Las Palmas de Gran
Canaria, y que es donde el autor ha desarrollado su creación novelística.
Acaso podría ser el barrio de San Roque.
En
la obra existe una bipolaridad entre la ubicación del barrio y la ciudad
capitalina. En ocasiones se habla de “bajar a la ciudad” (abajo en la Calle
Mayor, Las Canteras, El Puerto, San Nicolás, topónimos históricos de una
ciudad conocida, pero que no constituyen en absoluto un escenario costumbrista,
sino que funcionan como meras pinceladas situacionales con escasa significación
en el marco de la obra, y sólo válida a la hora de plantear el movimiento de
los personajes, su condición social o escapadas de ocio.). El barrio está
situado cercano al barranco y entre fincas de platanales. Por tanto, podríamos hablar de tres espacios:
Un barrio, una ciudad y un difuso paisaje de campo, con topónimos de pueblos
isleños (Valsequillo, Agüimes, Artenara…).
Como lugar urbano singular en la obra es de mencionar el Cupido Andaluz,
cabaret de amores ilícitos y regencia clave de la soledad d elos persopnajes,
con sus “ninfitas públicas”.
En cuanto a los personajes:
ya he comentado que esta es una obra de un
personaje que narra sus recuerdos y que se dirige a una segunda persona, “como
ya le he dicho, señora mía…” o a un genérico “caballeros”, que son
los confidentes que se hallan próximos, en ese hospicio de la memoria.
Pero
lo que realmente constituye una riqueza expresiva es la denominación u onomástica
de los personajes que muestra la creatividad del autor. Una característica de
gran parte de los protagonistas es el nombre compuesto, lo que le otorga una
fuerte sonoridad expresiva y que constituyen una delicia onomástica. Los
protagonistas principales en torno a los que gira la anécdota son:
Altagracia
Mercedes; Arabita Fermina; Avelino Colla (el párroco); Julián; Rita Lubina;
Mary Pino; Camelia -Antonia “La pergamina” (prostituta nacida en el barrio);
Anselmo (fotógrafo); Sebastián Alí (el árabe); Almagro (Amaranto o Clorindo,
ex legionario-guardián del cabaret), Violeta (regente de un cabaret-prostíbulo),
Fígaro (el barbero).
Víctor Ramírez crea un friso de personajes de carne y hueso que hacen
que detrás de cada pincelada del relato esté latiendo la soledad y la angustia
de unos seres, habitantes de
cualquier ciudad de nuestro universo, y que es un signo de la honda
preocupación humanística de nuestro autor. En
general, son personajes caracterizados por su primariedad psicológica. La temática
que centra su actuación es el erotismo como pasión primaria y constituyen el rescate de
personajes anónimos que pueden ser prototipos de los que nos encontramos en
nuestro cotidiano vivir. Son antihéroes, es decir, personajes muy normales, que
no desarrollan ningún tipo de hazañas ni acontecimientos extraordinarios.
Por otra parte, voy a centrarme en las características
de la prosa de Víctor Ramírez. Pero quiero aportar una reflexión
del escritor Andrés Trapiello, que dice:
"En
los último tiempos se ha pasado de una cierta cursilería romántica en la que
todo era épico y poético a una estética de la dureza urbana en la que nada es
literario, porque nada puede ser bello. Se ha pasado del héroe romántico a la
mistificación del fracasado."
Y esa estética de “lo feo”, por llamarlo de alguna manera, únicamente
se logra mediante el eficaz manejo de la prosa. Tanto en “Guirres sin alas” como en su novela “Largo Oscuro Origen”, he disfrutado con la construcción verbal de
los textos. Y ello ha sido por el uso del léxico, la adjetivación original, la
doble adjetivación y la sintaxis. En cierta ocasión denominé a este especial
y singular tratamiento como “prosa dislocada”.
En efecto. En el texto se pone de manifiesto una singular
riqueza léxica, de creación propia, generada bien por el contexto
referencial, pero sobre todo por la competencia expresiva del autor. El léxico
ofrece una fuerte plasticidad a la obra, que por otra parte está desnuda de metáforas.
En algún momento aparecen canarismos (“pachorriento…”) pero que no
apuntan a un costumbrismo regionalista, dado que su significado se alcanza por
el contexto. Asimismo, hay abundancia de hiperbaton (alteraciones sintácticas),
metábasis de categorías oracionales, (adjetivos que funcionan como adverbios
“yo apadriné bautismal a sus hijos” y viceversa- “le caíste bienísimo”;
verbos creados desde sustantivos…), sustantivos que han generado adjetivos,
etc. No obstante, es preciso señalar que el adjetivo de nueva creación
funciona como un refuerzo explicativo del sustantivo al que acompaña
(“insultos machunos”, logrando con ello una prosa y expresión muy original
(“algunos años concretos transcurridos fidedignos”)
En cuanto al estilo, la
frase es afirmativa, sin concesiones a la duda ni a la metáfora, con una
organización asindética, sin nexos, que nos sitúa en los linderos de la
expresión coloquial… La ejemplificación y análisis exhaustivo de cada uno
de estos aspectos excede estas notas de lectura. Subrayo las siguientes
muestras:
quince
de agosto térmico bochornoso // estar enfermo gripal; // paga
completa total; // nunca antes las
habíamos llevado a merendar o de cine; // genio fosforino; // bravura
chillona resabiada; // acabaría más inquieto temeroso; // se había
apasionado enfermizo de mi Altagracia //; entonación cantarina viril;
Es de destacar el uso de los diminutivos que logran la doble finalidad de
afectividad y calidez, ajustada en cada momento de la descripción, sin asomo de
cursilería: (Ninfitas públicas // comidita //viejilla // hijito //).
Con ello se logra una prosa doblemente eficaz, por una parte la fluidez,
vacía de imágenes plásticas, pero a la vez la proximidad al habla coloquial,
desde el proceso mental de su creación, que prevalece sobre la pincelada
descriptiva.
Por último quiero ofrecer una pincelada sobre la
temática erótica que preside toda
la obra. La primariedad existencial de los personajes hace que la anécdota
del texto esté centrada en un componente erótico-sexual que polariza la anécdota
del texto. Un hecho presente en el texto es el de las relaciones incestuosas, la
superposición de relaciones sexuales, son muestra de una pasión primaria y de
un mundo endogámico, cerrado en sí mismo.
El paralelismo de las historias: la primera mujer de Julián y la del
propio narrador (del quien no conocemos su nombre)
eran hermanas y se han marchado. La
soledad y el abandono han hecho que decidan volver a casarse. Su segundo
matrimonio se ha realizado con las hijas respectivas y ello los ha se han
convertido de un golpe en cuñados – compadres – padrinos – suegros -
yernos y finalmente, como última vuelta de tuerca, posible en todo caso, en
esposos.
¿Dónde acaba la realidad?
¿Dónde empieza la ficción? Es un círculo que se cierra, que envuelve, que
ahoga Y de eso hay precedentes en el mismo barrio. Son personajes con un grado
de debilidad psicológica, especialmente el narrador, incapaz de tomar
decisiones por sí mismos. Son los “guirres”, apodo que reciben los
personajes, metáfora de la incapacidad de volar.
Aparte de las páginas que recogen la narración de sexo explícito,
con la crudeza que supone para un padre (independientemente del nivel
sociocultural) observar y contar la expresión sexual de su “hijita
Altagracilla” con su esposo-cuñado, aparecen pinceladas de plasticidad del
realismo mágico (la vestimenta episcopal como seducción o fetiche amoroso) y
un cúmulo de situaciones que nos ofrecen un naturalismo, sin enmascaramiento.
Es Víctor Ramírez, pues, un escritor isleño que logra dar
trascendencia a la envolvente cosmogonía insular ya que vuelca en su texto
temas que siguen inquietando en este fin de siglo al hombre de cualquier parte:
el amor, la esperanza, la soledad, la obsesión. Y esto se logra no sólo con un
alto nivel narrativo, sino con un lenguaje ajustado, y un domino del esquema
constructivo del texto.
Para
terminar les diré que la obra me sugiere las siguientes
conclusiones:
1.
El compromiso de su autor con la
literatura, de una manera continuada en el tiempo, mediante la utilización de
diversas variables del género (relato, novela, artículo periodístico).
2.
La puesta en valor de recursos
formales y estilísticos de manera singular.
3.
La expresión literaria como manera
de explorar la realidad social de Canarias.
4.
La isla como espacio circular, una
metáfora generadora de obsesiones y mundos cerrados. en los personajes.
5.
La consolidación de una prosa y
estilo propios que significan dar un paso adelante en la innovación lingüística
desde el ámbito cultural de Canarias, mediante la creación de neologismos léxicos
y de nuevas estructuras sintácticas. (No olvidemos que nos encontramos en el
centro geolingüístico del mundo hispánico).
Por todo ello, felicito a nuestro autor y creo que por ello también
podemos felicitarnos nosotros mismos por tener a nuestro lado a un creador de
estas características. Yo al menos estoy convencido de ello.
______________________________________
-
-
-