Esta
entrevista, aparentemente "desfasada", pero que puede alumbrar algo a
la situación de Haití antes del terremoto: una situación que en absoluto sacan
a la luz los medios de comunicación de masas e, incluso, pasan por encima
algunos medios alternativos. Ante el "bombardeo" de noticias, tal vez
la postura más revolucionaria, es la calma para la reflexión del por qué y del
cuándo viene todo esto...
Entrevista a Henry Boisrolin, del Comité Democrático
Haitiano
“Nuestro pueblo seguirá resistiendo a las tropas de
ocupación”
La ocupación de Haití es un nuevo
esquema de dominación para doblegar a la rebelión popular
Carlos Aznárez *
En Latinoamérica hay un país que no sólo fue el primero en liberarse sino que
ayudó a que otras naciones sojuzgadas por los españoles aceleraran el camino de
su emancipación. Se trata del más olvidado y mancillado de los sitios de
nuestro continente: Haití. Allí precisamente se está desarrollando una
importante escalada de resistencia popular no sólo contra el mal gobierno de
René Preval sino también contra quienes afirman estar
en suelo haitiano para colaborar con su población. Nos referimos a las tropas
de las Naciones Unidas (MINUSTAH).
Más concretamente, a finales de 2008, la MINUSTAH
contaba con la participación de 9.028 uniformados (7.009 soldados y 2.019
policías), apoyados por 502 funcionarios internacionales, 1.197 funcionarios
nacionales y 205 voluntarios de la ONU, todos bajo la comandancia de militares
brasileños.
Estas tropas mercenarias, entre las que hay argentinos, uruguayos, brasileños,
chilenos, bolivianos y de otros países, operan represivamente contra la
población haitiana y es por ello que desde allí surgen innumerables denuncias,
que en general quedan en la total impunidad.
Uno de los casos documentados por organizaciones haitianas de derechos humanos
es la masacre ocurrida el 22 de diciembre de 2006 en la comunidad de Cité Soleil, luego de una manifestación de cerca de diez mil
personas que demandaban el retorno del ex presidente Jean-Bertrand Aristide al
país y la salida de los efectivos militares extranjeros. Según relatos de la
población local e imágenes de vídeos producidos por la organización Haiti Information Project – HIP (Proyecto de Información de Haití), las fuerzas de la
ONU atacaron a la comunidad y mataron a cerca de 30 personas, incluyendo a
mujeres y niños.
Esto ocurre también en un marco de silencio generalizado a nivel informativo.
Haití no cuenta en las crónicas de periódicos y mucho menos en las pantallas
televisivas. Sus gentes no entran en las estadísticas poblacionales. Pero a
pesar de ello, el pueblo no se resigna a la dominación, y lucha.
De esta realidad y sus consecuencias en Latinoamérica conversamos con el
dirigente del Comité Democrático Haitiano, Henry Boisrolin,
quien recientemente ha llegado desde la capital haitiana en misión de recabar
la urgente solidaridad con quienes hoy están a la cabeza de la resistencia
popular, los estudiantes universitarios y secundarios que se encuentran, desde
hace meses, ocupando varios de los establecimientos educacionales.
-Cuál es la situación de Haití en la actualidad?
-Haití se encuentra bajo ocupación pero la gran prensa internacional presenta
este hecho como si fuera “ayuda humanitaria”. Incluso el nombre mismo de la
Misión de la ONU dice que es “para la estabilización de Haití”. Hay una
combinación de 40 países integrantes de esta Misión y desgraciadamente tenemos
tropas latinoamericanas adentro del país. Como es sabido, la comandancia
militar se encuentra bajo el liderazgo de Brasil. Esto es algo que nosotros
rechazamos porque entendemos que es una violación de nuestra autodeterminación,
de nuestra soberanía y dignidad como pueblo.
La resistencia proviene de distintos sectores de la población, pero últimamente
son los estudiantes universitarios, a los que se suman algunos de colegios
secundarios, los que han ganado las calles para exigir el retiro de las tropas
y la promulgación de una ley sobre salario mínimo votada por el Parlamento. Lo
que ocurre es que el gobierno de Preval no lo acepta,
bajo el pretexto de que si Haití ya tiene un 70% de su población activa en el
desempleo, promulgar una ley que signifique aumentar de 1,70 dólares a 4 o 5
dólares el salario mínimo por día, “va a provocar una avalancha de despidos y
agravará aún más la situación de los trabajadores” Para los estudiantes, esta
respuesta es una nueva falacia del gobierno, y han planteado acciones de
resistencia, ocupando varias Facultades.
-¿Cómo reaccionó el gobierno de Preval?
-Reprimiendo a los estudiantes. Ha habido varios muertos y decenas de
detenidos, profesores perseguidos, se lanzaron bombas de gases lacrimógenos y
balas de plomo sobre los manifestantes. La Misión de las Naciones Unidas ha
sido acompañar a la policía haitiana en toda esa tarea represiva. Esto es lo
que queremos denunciar y a la vez pedir solidaridad para que los gobiernos
latinoamericanos entiendan que esa no es la vía, que Haití no necesita de
tropas militares. Lo que nosotros precisamos es el tipo de ayuda que brindan
Cuba y Venezuela, ése es el modelo valedero de apoyo, de humanidad, de respeto
a nuestra independencia y soberanía.
-Vamos a detenernos en este último tema. Las tropas de Naciones Unidas dicen
que ellos van para cumplir tareas humanitarias. Eso es al menos lo que explican
las cancillerías de los países que están complicados en esta maniobra, como
Argentina, Uruguay, Brasil y otros. Incluso, algunos partidos progresistas se
encargaron de explicar que “era mejor que vayan las tropas latinoamericanas a
que Haití esté invadido por los EEUU”. ¿Qué opina de
esos planteos?
- Antes que nada, hay que desmentir algo: no hubo ninguna autoridad legítima de
mi país que pidiera tal intervención, eso es una mentira. En el año 2004, el
del Bicentenario de nuestra independencia, había un presidente legítimo que era
Jean-Bertrand Aristide. Había disturbios en el país, y bajo esa excusa entró un
comando militar norteamericano que lo secuestraron, lo
pusieron en un avión y lo mandaron al exilio, en la República Centroafricana y
ahora está en Sudáfrica. Algo muy parecido a lo que han hecho ahora con el
presidente Zelaya. No son casos aislados y sientan precedentes que amenazan la
seguridad y la democracia en el resto de los países latinoamericanos.
Así es la historia, nadie pidió tal intervención. Ellos impusieron un gobierno
de facto que organizó las elecciones y ahí ganó Preval,
legitimando el golpe, igual al intento actual en Honduras. Sí es cierto que el
presidente Preval, que ganó los comicios, solicitó el
mantenimiento de la Misión de la Minustah, pero
originalmente no hubo ninguna autoridad haitiana que haya pedido esto. Por otra
parte, no porque Preval lo haya hecho, tiene que ser
el sentir del pueblo haitiano, esa es otra falacia. Habría que ir a Haití y
andar por las calles de sus barrios más populares, para comprender el rechazo
mayoritario de la gente a la presencia de las tropas de ocupación.
-¿Cómo actúan esas tropas invasoras?
-El accionar de las tropas de las Naciones Unidas es algo que indigna a
cualquier ser humano con un poquito de sensibilidad. En un país donde hay un
70% de su población activa que no tiene trabajo, donde tenemos una tasa de
mortalidad infantil superior al 80 por mil y una tasa
de analfabetismo, en el campo, que supera el 70% y en las ciudades el 50%, o
donde se da una esperanza de vida que no supera los 50 años. Estamos hablando
de un país con sus estructuras económicas destruidas, donde el 60% del
presupuesto haitiano proviene de la ayuda internacional y de las remesas que
envían los haitianos que trabajan fuera. Por todo ello, plantear que hay que ir
con tanques, aviones y helicópteros para resolver eso, es totalmente falso y
cruel.
¿Qué han hecho estos “salvadores”? Han violado a niñas y mujeres haitianas, han
golpeado y torturado a nuestros jóvenes. No lo decimos nosotros, sino que una
propia investigación de la ONU confirmó esos hechos, y lo único que se hizo fue
sacar a algunos soldados y mandarlos a su casa, porque según el Convenio de la
Resolución 545, que permitió la entrada de las tropas el 1º de junio del 2004,
Haití no tiene derecho de juzgar a ningún militar extranjero, por más que haya
cometido crímenes de lesa humanidad. Más sometimiento que eso, no puede
existir. Y hay que decir que hay soldados de Sri Lanka, de Uruguay y de otros
países, acusados de estos abusos.
-O sea, violaciones de derechos humanos realizados dentro de una “legalidad”
impuesta, que asegura más impunidad…
-Exacto. Pero hay otro tema que quiero abordar y que a veces queda postergado
porque profundizamos más en estudiar la realidad política o económica de un
país. Me refiero a la dignidad humana, el valor de la relación y los
sentimientos humanos, el contacto entre los pueblos. Es decir, una historia en
común. Haití, después de independizarse, brindó una solidaridad efectiva a
muchos pueblos latinoamericanos, ayudó a Miranda, a Bolívar, en dos
oportunidades, con fusiles, con dinero y otros suministros, pero
fundamentalmente con voluntarios. Centenares de haitianos murieron por la
independencia de Venezuela y otros países. Por eso decimos, que recibir este
trato actual es una afrenta para la historia. Nuestra gente no cometió ningún
crimen, salvo pedir mayor justicia. Y sufrimos un comportamiento mercenario,
porque muchos de estos invasores vienen por la paga, ganan miles de dólares sin
gastar absolutamente nada. En seis o siete meses que están allí, vuelven a sus
respectivos países con una buena cantidad de dinero en mano, cosa que no pueden
tener en sus lugares de origen.
Entonces, aprovechando una situación de debilidad, de falta de capacidad del
movimiento popular haitiano para revertir esta situación, vienen y te
avasallan.
Hay que ver, por ejemplo, en Puerto Príncipe, en algunos de los barrios más
acomodados, como a la noche (porque no hay prácticamente vida nocturna en
Haití, no hay luz, ni los servicios que se pueden encontrar en otros países) se
ve un continuo desfile de autos de las Naciones Unidas, al frente de los
mejores bares y restaurantes, gastando muchos dólares, y afuera el pueblo
durmiendo en las calles.
-Es realmente ofensivo e indignante…
-Esto llama a la reflexión, porque hemos escuchado a algunos gobiernos, cuando
pasan los huracanes o suceden otros acontecimientos climáticos, decir que las
tropas están allí precisamente para ayudarnos en los malos momentos. Pero eso
no es lo determinante ni mucho menos. La ocupación de Haití es un nuevo esquema
para doblegar a la rebelión popular en un país donde las clases dominantes no
tienen posibilidad alguna de ganar las elecciones de manera limpia. Entonces,
hace falta imponer, por la fuerza de las armas una estrategia de dominación.
Ese es el verdadero rol de los ocupantes. Y para quienes dicen que “mejor esas
tropas en vez de las de EEUU”, nosotros decimos que
es todo lo contrario. De la otra forma hubiéramos tenido enfrente al enemigo de
manera más clara. En cambio, ver a hermanos latinoamericanos enviados por
gobiernos que tendrían que tener otro tipo de comportamiento frente al drama
haitiano, es durísimo. Yo estuve en barrios populares muy castigados por estas
tropas, y escuché lo que dice el corazón de esa gente. La indignación con que
cuentan cómo bombardean en horas de la madrugada para sacar supuestos bandidos
de estos barrios. O cuando los soldados entran en tropel y patean las puertas,
arrastrando fuera a los aterrorizados pobladores. Por eso no hay lugar a más
mentiras: se trata de una ocupación lisa y llana de la República de Haití, y en
la medida que esta situación siga, habrá más resistencia.
Resumen Latinoamericano
La Haine