HOMENAJE A SIMÓN BOLÍVAR “EL
LIBERTADOR”, EN TENERIFE
Miguel Ángel Díaz Palarea
La mañana del 5 de julio de 2009, en Santa
Cruz de Tenerife, se levantó amarilla y quieta con un sol castigador. El viento
nervioso de días anteriores nos abandonó desde tempranito. Esperábamos la
celebración de un homenaje al libertador Bolívar, en el entronque de la rambla
Benito Pérez Armas con
De repente alguien gritó con sorna: ¡Que llega
el cara bobo! Los congregados giraron la vista y contemplaron la irrupción en
la celebración al acto del presidente del parlamento canario, ese que calienta
el sillón desde hace miles de años y una sonrisa cómplice recorrió a los
congregados mientras le abrían paso. Caminaba con su mueca de jesuita. Otro de
los congregados, al que faltaban dientes, musitó entre risas: ¡claro que sí
puntal, tiene boquita de pitiminí! Todos en su entorno se carcajearon. Pensé en
lo ridículo, en ocasiones, de estos actos protocolarios y lo jodido que tenía
que sufrirlo los tímidos pero poderosos como Castro Cordobez,
que quizás lo único que tenga de bobo es su boquita educada, su pelo planchado
y mirada dubitativa.
El acto no sería aburrido con los pejes que
se presentaron en un eructo. Para ponerle pimienta al mojo picón,
una docena de la gusanada venezolana que campa a sus anchas en la isla, se parapetó con pancartas en la banda derecha y colocándose
una especie de bufanda roja en la boca, clamando por “la libertad de expresión”.
No conformes con volvernos la cabeza loca con el millón de emisoras que
controlan en Tenerife; que nos escupen a la cara sus proclamas fascistoides. Ya los conocía desde la más grande de las
manifestaciones celebradas en Tenerife contra el muelle de Granadilla; una
veintena de ellos, provocadores de la derechona más recalcitrante, nos
enseñaron sus peludos culos entre insultos y frases soeces. No se armó la
carajera de milagro, nos reprimimos para no ensuciar aquel acto festivo contra
los reyes del máscemento y máshormigón que llena sus insaciables
bolsillos de dinero público. Nos dolía que estuvieran aquí residiendo y
mofándose de miles de ciudadanos de esta isla que protestábamos contra los
negocietes de algunos caraduras de nuestros llamados nacionalistas más
españoles que la bandera roja y gualda.
A su llegada no fueron precisamente lo que
se llama bienvenidos pues a esos pájaros los conocemos por sus cagadas; en
algunas de sus camisetas podía leerse su procedencia en tierras U.S.A.
El propio cónsul de Venezuela rogó paciencia
e hizo pública la consigna de que podían estar y que debíamos respetarlos
aunque, desde luego, no compartiéramos su menuda protesta. Aquella gusanada ya
quiso hacer lo mismo con Hugo Chávez y ahora lo están practicando en Honduras
con el presidente democrático Zelaya.
Habíamos llegado para demostrar a
Muchos de los presentes nos preguntábamos, si
en Euskadi o en Cataluña, por poner algún ejemplo, el protocolo hubiera sido
así; pero estábamos, para lo que estábamos y nos retiramos con mal sabor de
boca. En las colonias todo es distinto: el protocolo es efectivamente el protocolo.