HUELGA GENERAL ¡YA!
Miguel Ángel Díaz Palarea
El peor de los PSOES se quita el disfraz
de rollito bonito y progre. Por la cagada se conoce al pájaro y, con su cagada,
me viene a la memoria: “Los hijos de cura”
del GAL y sus cuates, como diría mi amigo Juanito. Me producen arcadas oír a un
enmohecido Felipe González arropar a Zapatero, jugando el papel del malo en un sangriento
interrogatorio policial; predicar ante los parias de la tierra con palabras de patriótico sacrificio, solidaria reducción de salarios, responsable congelación de pensiones y trilera desaparición de mejoras
sociales. Me repatea el hígado observar como han logrado engañan a tanta gente
humilde y de buena fe estos cantamañanas neoliberales vendedores de quincalla.
Me veo compelido a denunciar tanta
hipocresía. Avisar de cómo traicionan a ciudadanos de bien con un discurso chachi,
donde cínicamente recalcan la palabra “igualdad”. Estoy obligado a descubrir cómo,
poniendo pose de angelito de cuca chica de los cuadros de Velazquez, ocultan
que a los únicos que consideran iguales son a los privilegiados capitalistas de
siempre, que con su bendición, se reparten lo que roban a la clase obrera. La única
igualdad que predican para los trabajadores vibra con estertores patéticos:
igualdad a la hora del puteo, del recorte de derechos ganados con sangre, sudor
y lágrimas. Que se jodan, pues lo de “obrero”
del PSOE ya no se estila por no estar de moda; que los obreros apestan a sudor
y son vastos de vómito. Los trabajadores, los pensionistas, los funcionarios,
por los santos cojones de Pablo Iglesias, deben apretarse el cinturón, que lo
hacen por el bien de todos, que la gordura no está bien vista por esta jauría
de insaciables lobos del neoliberalismo.
La derechización del PSOE permite a los
impresentables del PP calificarse de defensores de los trabajadores, de los
“obreros”, de los funcionarios y de los pensionistas, cuando, en realidad,
están hechos con la pasta, gelatinosa y hedionda; con las mierdas, la
pestilente basuras del neoliberalimos cabrón. Gritan en sus púlpitos, utilizando
sus ingentes medios de comunicación profascistas: “Hay
que repartir”, claro está, la miseria entre todos, para que unos pocos amasen inmensas
fortunas. Es cómico y enternecedor a un tiempo, que quiénes crearon el problema
y sus hijos de cura vuelvan a la carga imponiendo más de lo mismo y ahora
incluso recortando derechos de su llamado “Estado del Bienestar”; del suyo,
desde luego que no. Pretenden continuar con su vivir de putamadre sobre las costillas de los trabajadores, pensionistas,
funcionarios. Y los pesoistas, en lugar de cambiar el chip, de girar el rumbo
de su política derechona, persisten en condenar a los más desfavorecidos; como
antaño, hoy no menos que ayer y peor que mañana, realizan el trabajo sucio a la
derechona, como en su día hiciera el nefasto Felipe González.
Me entró pánico cuando contemplé al otrora
presidente del gobierno, que sabe amasar millones para él, asomar su patita de
zorra en gallinero ajeno; se me pusieron los pelos de punta, cuando lo vi
reluciente, con la misma sonrisa de hiena del peor Aznar. Apareció con su labia
engañabobos junto a Zapatero; tremendo adalid, guárdame una cría. Compungido nos
predicó una sarta de mentiras; sólo eché en falta las lágrimas de cocodrilo.
Con estos tiburones la llevamos pero que muy bien jodida, mis cuates. A los patrones
si tienen al PSOE para qué carajo necesitan al PP.
Empecé a temblar cuando abrió sus fauces
Felipe González: me llegó el recuerdo “del todo vale”, incluso “El Crimen de Estado”; con el recuerdo
de la “X” del Gal, pensé en Barrionuevo, Amedo y Domínguez, Damboronea. Acabó
de cagarla con
sus sentidas palabras
Rodríguez Ibarra, que sabe mucho de guerras hediondas, cuando “instó a que no se convoque huelga por
patriotismo”, con la misma cara patriótica de cuando defendía a los
asesinos del Gal; me dieron arcadas oír a Botín “Exigir una reforma laboral con visión de futuro”. Serán cabrones,
caraduras, pero quizás lo que me dio ganas de llorar fue oír en la colonia, con
los peores índices de pobreza y miseria del estado, a Juan Carlos Alemán decir
que eran precisas las reformas y que no tendrían consecuencias electorales,
pues en un par de meses los perjudicados se olvidarían. Este peje conoce de
olvidos.
¡Hay que joderse¡
Estos hijos de cura no sólo putean a los pensionistas, trabajadores y
funcionarios, sino que incluso los consideran bobos de mocovela.