Reflexión personal sobre la Humanidad y su situación en la Tierra (I)

 

Altakay Ayt Daute

 

Relaciones entre humanos

   Desde el comienzo de los tiempos en que el humano ha controlado el planeta, el egoísmo ha sido el motor de todo. Para los creyentes de las religiones del Libro a causa del pecado, para los creyentes en otras religiones o en la Religión Universal, a causa de nuestra naturaleza, para el resto de la humanidad, simplemente “porque si”.  Religiones, partidos políticos, revolucionarios natos, ermitaños y profetas han intentado, por todos los medios posibles, lo que ya el humano aceptó como suyo hace ya tiempo: el egoísmo.

   Empecemos por el principio, como debe ser: cuando el humano obtiene la inteligencia, desarrolla la capacidad de pensar y de elegir, dejando de guiarse por instintos, comenzó su búsqueda de poder, representación y riquezas. Empezó a matar, ya no para subsistir, sino para declararse más fuertes ante otros, conseguir poder político y asegurarse un puesto en los libros de historia. Se inventó la propiedad privada con el tiempo, se subordinó a la mujer al poder del hombre y se acapararon riquezas, se construyeron amplias mansiones y templos gigantescos.

   Con el paso del tiempo, nacieron imperios manejados por emperadores, el 99% corruptos, encaminados por camarillas repletas de ansias de poder. Se pasó a utilizar la religión (previa reforma) para oprimir y asustar al pueblo, mostrando a la muerte como un final de eterna tortura si se cuestionaba la autenticidad de los Gobiernos.

   Unos imperios fueron destruyendo a otros, colocándose en posiciones más destacadas. Mientras tanto, uno de los inventos más terribles de la humanidad marcó para siempre el desarrollo de la vida en la Tierra: el dinero. Mientras antes de la invención de la moneda, todo se hacía por intercambios, donde todos acababan medianamente satisfechos, la moneda pasó a ser amada por todos, deseada por multitudes y utilizando a la religión y a la fe como señuelo, se mató por ellas.

   Hasta ahora, y centrándonos en nuestra cara del planeta, las matanzas fueron continuas, pero se acentuaron con la llegada de uno de los Imperios más extensos de todo el planeta Tierra, el Imperio de Roma. Concentró todo el poder desde el norte de África hasta las islas británicas, pasando por toda Europa. Borró del mapa a países enteros, a culturas completas, abandonándose en la memoria y, por medio de las fuerzas militares, oprimió sin tregua enarbolando las enseñas de Roma. Pasado el tiempo, el Imperio se llenó de corrupción y acabó cayendo por su propio peso, después de convertir al, antes de Constantino, ilegal Cristianismo, en la Iglesia Católica de Roma, la que se encargó personalmente de propiciar la caída de Roma. Durante siglos, los emperadores, la mayoría de ellos perturbados mentales, mataron a prisioneros en los circos como diversión y utilizaron a leones y tigres para el disfrute de la sociedad enfurecida muchas veces por la falta de alimentos, llegando al final del Imperio, cada vez más abundantes. El paganismo influyó a la religión católica que, tras la ruptura del Imperio en varias naciones con monarcas absolutistas, influyeron en las mismas, dejando una línea de sangre derramada por librepensadores y opositores a la vida ofrecida por los Cristianos Romanos, cuya cúpula de poder, encabezada por el Pontífice de Roma, estaba claramente corrupta.

   Estas “nuevas” naciones heredaron el odio entre humanos, el deseo de poder y de riquezas y el odio entre similares. Durante mas de X siglos estas naciones mantuvieron a la población oprimida bajo un sistema feudal precapitalista donde los poderosos eran cada vez más poderosos y los pobres cada vez más pobres. Hasta que hace más bien poco, unos pensadores promulgaron una nueva ideología, un nuevo modo de entender la política: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad. La primera revolución en Europa con peso clarísimo en la Historia y en el desarrollo de nuestras relaciones políticas y personales, la Revolución Francesa, derrocó a la monarquía absoluta en Francia, siguiéndose el ejemplo en casi toda Europa.

   En primera línea, esta revolución es sana, pero trajo otro problema derivado del mismo odio y egoísmo que en los primeros Imperios de la historia: el capitalismo y su tenaza alrededor de los proletarios, explotados y relegados a vivir de una manera infrahumana para enriquecer a la burguesía. También trajo el imperialismo moderno, del que somos víctimas: se continúan oprimiendo naciones y pueblos, sobretodo de nuestro continente, el continente africano. Se utiliza a africanos para enriquecer a norteamericanos y europeos con diamantes y petróleo, mientras que nuestro continente sangra, agoniza y muere. Norteamérica, autoproclamada defensora de la libertad y la “democracia”, con lo que no estoy de acuerdo (por razones obvias), y Europa, mantienen a nuestros jóvenes africanos sin educación, sin sanidad, destrozando su cultura y su vida, azotados por enfermedades como el SIDA, permitiendo gobiernos pseudo fascistas que oprimen y se enriquecen traicionando a su gente y sus propias familias colocándolas al nivel de la basura.

   A modo de reflexión personal, sobre las relaciones entre hombres, siempre con mediadores como el odio y el egoísmo, podría decir muchas cosas, pero diré pocas: La primera, que la sociedad actual, heredera de los odios y frustraciones del pasado se dirige a su destrucción, arrastrando a la Tierra con ellos. No se soluciona con “políticas verdes”, o con “diálogos sociales”, aunque estos ayudan muchísimo: la solución está en una nueva revolución, una revolución sin armas, sino una revolución moral, que reestructure la cordialidad y el entendimiento, relegado de su puesto preferente por el dolor y la muerte. Compañeros, la solución es difícil, pero es la única, revelémonos contra un sistema de ideales capitalistas que nos convierte en máquinas inertes y en personas sin sentimientos, aunque con esto no digo que miremos al comunismo, que va. El comunismo también ha sido imperialista y sanguinario en algunos casos: pido con estas frases la creación de un nuevo sistema, un sistema justo y equitativo. Parece imposible, pero no lo es. Y me despido con una frase coloquial pero que ilustra como nos debemos sentir ante esto: “¿alguien dijo miedo?”.