De incoherencias, traidores y huelgas
Jorge Ontiveros
Mi intención al
ponerme a escribir era hablar mal del gobierno y de los políticos en general, y
de los sindicatos de clase que convocan la huelga del miércoles 29 en
particular. Pero me he dado cuenta, que dos de mis escritores contemporáneos
favoritos ya se han despachado bien con ellos. Uno es Arturo
Pérez-Reverte. Su artículo "Esa gentuza" no deja
títere con cabeza [1].
Me encanta la frase que les describe como "Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo
para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte”.
Pero más me gusta aún
uno de sus últimos párrafos: "Algún día, si
tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan.
Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los
privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y
visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes
turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado -ahí no hay
discrepancias ideológicas- el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de
jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado
que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al
jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o
privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e
indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas
completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día".
El
segundo es Oscar Molina. Me encantó, como a muchos, su
artículo "Vivís de mi dinero"[2].
Su diatriba contra esa pléyade de políticos y sindicalistas que nos manipulan a
su discreción y "malviven" a nuestra costa es digna de formar parte
del Olimpo de la literatura. Como lo es también el de hace unos días titulado
"Sindicatos y bancos pintados"[3].
Del primero, quiero
destacar la frase "¿Y qué decir de vosotros? Sabandijas de los
sindicatos de clase. Liberados del trabajo, la responsabilidad y el
cumplimiento del deber", y del segundo dos párrafos que no tienen
desperdicio:
"Es tópico
admitido, que cada vez que un sindicato independiente del sector de transportes
convoca una huelga se produce el caos. Si pilotos, controladores, conductores
de trenes o auxiliares de vuelo realizan paros, en la plaza de la opinión
aparece el banco pintado de la paralización del país".
"Sin embargo,
aquí tenemos a los sindicatos "de clase", esos que nos cuestan un
riñón, convocando una huelga general, negociando servicios no mínimos, sino
minimalistas, y nadie habla del estropicio que vamos a ver. Pueden Vds. leer
críticas y opiniones de rechazo, pero les garantizo que no verán columnistas y
tertulianos echando espuma por la boca como cuando son otros los que ejercen su
derecho constitucional a la huelga".
Después de esto poco
más se puede añadir. La verdad, es que cada vez entiendo menos todo este
tinglado de las huelgas. Resulta, que si los controladores aéreos convocamos
una huelga de un día se monta la de San Quintín porque atentamos contra el
futuro de todo el mundo en la Tierra y en la Luna. Eso, a pesar de que los
servicios mínimos que nos pondrían llegarían al, digamos, razonable 105%. Sólo
con mentarlo todos empiezan a rasgarse las vestiduras y muchos a llamarnos no
ya sinvergüenzas, sino hijos de puta, y nos desean -puedo demostrarlo- unos
bonitos tumores cerebrales para que sepamos lo que es bueno. Mientras que si la
convocan estos del puño en alto todos lo acogen con resignación. Incluso los
tertulianos. Es incoherente.
No estoy de acuerdo
con esta huelga. Porque hacerla es apoyar la connivencia de esos sindicatos de
mierda con el gobierno y su bobalicón ministro de Fomento a la cabeza. Una
huelga pactada para cubrir el expediente que salva la cara de un gobierno
inepto, que a base de cutre ingeniería política, sinvergonzonería y de subirnos
los impuestos inventados y por inventar a todos los españoles mueve sus peones
para continuar otros cuatro años expoliando al pueblo español, insultando a
nuestra inteligencia y maquillando su incapacidad para volver a hacer lo mismo sine
die.
Porque secundar esta
huelga o, más bien, esta pantomima, es decirle a estos impresentables: "lleváis
razón, estamos con vosotros, nos encanta pagar vuestras prebendas, que el
Estado os regale miles de millones cada año para que generéis vagos, que nos
importa un comino que esta huelga haga que perdamos competitividad, que amenace
al país con volver a la recesión que negaba este impropio gobierno mientras era
palapable para todo aquel que supiera mirar más allá
de sus narices, de su ombligo y de su escaño azul". Porque secundar
la huelga es respaldar sin querer la traición que van a cometer gobierno y
sindicatos contra todos nosotros en esta escenificación de peli
porno, pero "light".
Porque lo cierto, es
que si participamos de la huelga la estaremos haciendo contra nosotros mismos,
no contra un gobierno que ya ha dicho que se la va a pasar por el forro porque,
en realidad, está encantado con ella porque les está devolviendo el favor
legitimando a estos sindicatos de cloaca sin apenas afiliados, para legitimarse
ellos mismos y aprovechar la situación para hacer campaña engañando al pueblo
llano.
Hagamos huelga, pero
contra los sindicatos chusqueros y contra el gobierno chapucero que nos ha
tocado. Hagámosles una bonita huelga yendo al trabajo a trabajar. Esta vez. Eso
sí, la próxima debe ser la nuestra, la de los profesionales. Hagámosla pronto si
no queremos que desde los escaños, las limusinas y desde sus privilegiadas
prebendas acaben con nosotros sin que nos enteremos.
Entonces sí que se
iban a enterar.
[3] sindicatos-y-bancos-pintados