Irak, ¿fin de
una guerra ilegal?
Justo
Fernández Rodríguez
Se han cumplido seis años de la ilegal,
injusta y sangrienta invasión de Irak, contra la opinión del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas, urdida por Bush, Aznar, Blair y el cobarde
Barroso, escaqueado del famoso posado de las Azores.
Sin aviación, ni armada, con algunos tanques anticuados, escasa capacidad de defensa antiaérea y desmoralizados ante la desproporcionada
superioridad militar de las fuerzas invasoras, el “terrible y poderoso”
ejército iraquí se desmoronó, arrastrando al régimen instaurado por Sadam
Husein. Ni una sola arma de destrucción masiva defendió al dictador.
Durante los últimos meses, los aparatos de propaganda estadounidense y del
gobierno títere iraquí han desplegado todos sus esfuerzos en hacer creer al
mundo que se estaba produciendo un descenso de la violencia, según se acercaba
el momento, el 30 de junio de 2009, en que las fuerzas de ocupación de los
EE.UU., 133.000 soldados, se retirarían de las ciudades y poblados más importantes
de Irak, para recluirse en bases espaciosas, en las afueras de las poblaciones
más importantes, desde donde continuarán realizando operaciones de combate, en
áreas rurales y en las proximidades de las fronteras. Algunos militares
estadounidenses permanecerán en las ciudades como instructores y asesores.
Habrá centros de coordinación en Bagdad, Mosul y Basora, donde las fuerzas
estadounidenses compartirán la información de inteligencia y responderán a las
peticiones de ayuda de los iraquíes.
¿Esa retirada significa que la paz reina en Irak o que las fuerzas iraquíes
están preparadas para hacerse cargo de la seguridad del país? La advertencia a
la población, hecha por los dos vicepresidentes del Gobierno, para que se aleje
de las concentraciones mutitudinarias y lugares
concurridos, objetivos favoritos de los actos violentos de los resistentes,
confirma que la paz real está muy lejos de conseguirse. Pese a que, en los
últimos meses, la violencia y los atentados se han intensificado en las zonas
urbanas, el gobierno iraquí asegura que sus efectivos están listos para hacer
frente a la situación. Los fuegos artificiales de Bagdad y otras ciudades para
celebrar la recuperación parcial de la soberanía y la responsabilidad sobre la
seguridad en ciudades y pueblos no garantizan que las fuerzas iraquíes sean
capaces de cumplir esos objetivos. El principal comandante estadounidense en
Oriente Medio, David Petraeus, no se mostró muy
satisfecho en sus apreciaciones sobre la confianza que le inspiran la
preparación de las fuerzas de seguridad iraquíes, cuya inoperancia se ha
observado, ante los continuos atentados, producidos en los últimos meses y que
han causado 900 víctimas mortales.
El secretario de Defensa de EE.UU., Robert Gates, mostraba su pronóstico
positivo, pero lleno de dudas: “Me temo que los atentados van a continuar. Hay
gente que quiere aprovecharse de la retirada americana. La situación sigue
siendo peligrosa. Al Qaeda y otros intentan aumentar el nivel de violencia para
hacernos creer que nos ha obligado a irnos de las ciudades y demostrar la
debilidad de las fuerzas iraquíes y relanzar la ofensiva confesional”.
La fecha para el abandono definitivo de las tropas estadounidenses se ha fijado
para el 31 de diciembre de 2011. El presidente Barack
Obama ha anunciado un anticipo de la retirada de
todas las tropas de combate para finales de agosto de 2010. ¿Podrá cumplirse
esa promesa?
Algo debería quedar claro. El fracaso de la invasión ilegal de Irak, como una
“guerra preventiva”, basada en las mentiras y falsedades de unas armas de
destrucción masiva y unas relaciones del gobierno de Irak con el
terrorismo internacional inventadas por tres aventureros políticos, Bush, Blair
y Aznar, no pueden ser aceptadas por la comunidad internacional. Todavía
recuerdo cuando Aznar, convertido en campeón de la mentira, nos decía
(2-2-2003): “El Gobierno tiene información reservada que demuestra que Irak,
con armas químicas y biológicas y conexiones con grupos terroristas, supone una
amenaza para la paz y la seguridad mundial”. El 13-3-2003, Aznar insistía ante
las cámaras de Antena 3: “Pueden estar seguras todas las personas que nos ven
de que estoy diciendo la verdad: el régimen iraquí tiene armas de destrucción
masiva”. Lo confirmaba Mariano Rajoy (27-4-2003): “Mire usted, que Irak tiene
armas de destrucción masiva es un hecho objetivo. Yo tengo la convicción de que
aparecerán”.
Dos años después, 1.400 inspectores estadounidenses, destacados en Irak, para
encontrar las armas de destrucción masiva y las conexiones entre el régimen de
Sadam y Al Qaeda regresaron a EE.UU. sin haber encontrado nada. Más de un
millón de iraquíes y cerca de 5.000 estadounidenses han pagado con su vida las
mentiras y las ambiciones políticas de estos tres farsantes. Superan los dos
millones los iraquíes que han tenido que abandonar sus hogares ante los
bombardeos aéreos, los ataques indiscriminados de tanques y artillería contra
los que no tenían la menor posibilidad de defensa. En nombre de la democracia,
la libertad y la paz, las tropas de EE.UU. han aplicado a los prisioneros
atroces métodos de tortura en la prision de Abu Ghraib.
Horas después de la retirada de las fuerzas invasoras estadounidenses,
comenzaron las licitaciones de seis campos de petróleo y dos yacimientos de gas
natural. El negocio es el negocio... Sin embargo, el pasado martes, el mismo
día de la retirada de las tropas estadounidenses, al atardecer, un coche bomba
explotó en un mercado al aire libre, lleno de gente, en la ciudad de Kirkuk, al
norte de Irak, epicentro de las tensiones entre el gobierno de Bagdad y los
kurdos. Los muertos ascendieron a 27 y los heridos superaron la treintena.
Sorpresivamente, el pasado jueves, llegó Joe Biden,
vicepresidente de Estados Unidos, a Irak, coincidiendo con ataques y
explosiones en Bagdad, Mosul, Faluya, y Kirkuk.
No parecen síntomas de paz.